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EL MUNDO QUE NO QUEREMOS

1) La Europa que no queremos –
2) El pretexto del Estado Islámico y las próximas guerras en Libia –
3) Se agrava el carácter sectario del conflicto en Iraq –
4) El cambio climático reduce los lagos y la pesca en Uganda –
5) México: Guerra sucia contra los pueblos del maíz –
COMCOSUR — POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL / AÑO 15 / Nº 734 / Lunes 31 de Agosto de 2015 / REVISTA SEMANAL DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS / Producción: Andrés Capelán – Coordinación: Carlos Casares
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“Vivimos en la mentira del silencio. Las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca. Eso lo hacen quienes tienen el monopolio de la palabra. Y el combatir ese monopolio es central.” — Emir Sader
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1) La Europa que no queremos
Serge Halimi (Le monde diplomatique)

Un movimiento joven y lleno de energía pretendía transformar una nación y despertar al Viejo Continente. El Eurogrupo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) destruyeron esa esperanza.

Más allá del impacto que para los partidarios del proyecto europeo representan los acontecimientos griegos, se desprenden tres enseñanzas. En primer lugar, la naturaleza cada vez más autoritaria de la Unión Europea a medida que Alemania impone sin contrapeso sus voluntades y sus obsesiones. Luego, la incapacidad de una comunidad fundada en una promesa de paz para aprovechar la más mínima lección de la historia, incluso reciente, incluso violenta, dado que lo importante es antes que nada sancionar a los malos pagadores o a los cabezas duras. Por último, el desafío que representa ese cesarismo amnésico para aquellos que veían en Europa el laboratorio de una superación del marco nacional y una renovación democrática.

En sus comienzos, la integración europea prodigó a sus ciudadanos las ventajas materiales colaterales del enfrentamiento Este-Oeste. Después de la Segunda Guerra, Estados Unidos impulsó el proyecto, buscando una salida para sus mercancías y una barrera contra la expansión soviética. En ese entonces Washington había comprendido que si el mundo que se declaraba “libre” quería competir eficazmente con las repúblicas “democráticas” miembros del pacto de Varsovia, tenía que conquistar tanto corazones como mentes. Demostrando su buena voluntad social. Desde que ya no existe esta estratégica cuerda de seguridad, Europa es dirigida por un directorio, como si fuera un banco.

Algunos actores de la Guerra Fría, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sobrevivieron a la caída del Muro inventándose en otros continentes otros monstruos a los que debía destruir. También las instituciones europeas redefinieron a sus adversarios. Hoy, la paz y la estabilidad con las que se llenan la boca reclaman la neutralización política de los pueblos y la destrucción de las herramientas de soberanía nacional que todavía poseen. Es la integración a marcha forzada, el funeral de las cuestiones políticas en los tratados, el proyecto federal. La empresa no data de ayer; el caso griego ilustra la brutalidad con la que se la maneja hoy.

“¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”, habría respondido José Stalin al desdeñar el consejo de un dirigente francés que lo presionaba para que no hiriera las susceptibilidades del Sumo Pontífice. Ocho décadas más tarde, los Estados del Eurogrupo parecen haber razonado de la misma manera a propósito de Grecia. Al estimar que el gobierno que les creaba dificultades sería incapaz de defenderse lo desestabilizaron, obligándolo a cerrar sus bancos e interrumpir sus compras en el extranjero.

A priori, las relaciones entre naciones miembros de la misma “unión”, que frecuentan las mismas instituciones, contribuyen a elegir el mismo Parlamento, disponen de la misma moneda, no deberían permitir ese tipo de maquinaciones. Sin embargo, seguros de su aplastante superioridad, todos los Estados del Eurogrupo, con Alemania a la cabeza, impusieron a una debilitada Grecia un diktat que, todos lo admiten, agravaría la mayoría de sus problemas. El episodio expone la profundidad del defecto de fábrica europeo (1). El pasado enero, cuando Syriza ganó las elecciones, ese partido de izquierda tenía razón en (casi) toda la línea. Razón en vincular el hundimiento de la economía griega a la purga que desde hacía cinco años le administraran al país tanto los socialistas como la derecha. Razón en abogar que ningún Estado con su sector productivo dislocado podría confiar en su restablecimiento si tiene que destinar crecientes sumas para reembolsar a sus acreedores. Razón en recordar que en democracia la soberanía le pertenece al pueblo, el que se vería desposeído si se le impusiera la misma política, decida lo que decida.

Tres naipes imbatibles, pero a condición de jugarlos en buena compañía. En los Consejos Europeos, esas ventajas se volvieron en contra de sus poseedores, asimilados a marxistas meridionales, desfasados de la realidad al punto de atreverse a cuestionar los postulados económicos originados en la ideología alemana. Las armas de la “razón” y la convicción son impotentes en un caso así. ¿De qué sirve abogar por su expediente ante un pelotón de ejecución? En los meses de “negociaciones” en las que participó, el ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis observó que sus homólogos europeos lo miraban fijamente y parecían pensar: “Tienes razón en lo que dices, pero de todos modos vamos a machacarte (2)”.

Sin embargo, el éxito al menos provisorio del proyecto alemán de relegación de Grecia al rango de protectorado del Eurogrupo también se explica por el fracaso de las apuestas, demasiado optimistas, que en Atenas realizó desde el comienzo la mayoría de la izquierda que esperaba cambiar Europa (3). Apuesta a que los dirigentes franceses e italianos lo ayudarían a superar los tabúes monetaristas de la derecha alemana. Apuesta a que los pueblos europeos, agobiados por las políticas de austeridad que también ellos sufrían, presionarían a sus gobiernos para que difundieran la reorientación keynesiana, de la que Grecia se imaginaba ser la avanzada en el Viejo Continente. Apuesta a que en el interior de la zona euro sería posible ese viraje, incluso al punto de no encarar ni preparar ninguna solución alternativa. Finalmente, apuesta a que la sugestión intermitente de una “opción rusa” pondría freno, por razones geopolíticas, a las tentaciones punitivas de Alemania y haría que Estados Unidos detuviera el brazo vengador de Berlín. En ningún momento ni una sola de esas apuestas parece en vías de ser ganada. Por desgracia, no se enfrenta un tanque blindado con violetas y una cerbatana.

Culpables de su inocencia, los dirigentes griegos pensaron que los acreedores del país serían sensibles a la elección democrática del pueblo griego, en especial de su juventud. Por el contrario, en primer lugar las elecciones legislativas del pasado 25 de enero, luego el referéndum del 5 de julio provocaron la indignada estupefacción de Berlín y sus aliados. Tuvieron tan sólo un objetivo: castigar a los rebeldes y a los que hubieran inspirado su valentía. No bastaba con la capitulación, tendría que ir acompañada de excusas (Atenas admitió que sus elecciones económicas habían provocado la pérdida de confianza de sus socios) acrecentadas con reparaciones: activos públicos privatizables de un valor equivalente a la cuarta parte de producto nacional griego que deberían empeñarse por cuenta de los acreedores. Gracias al decidido e inestimable apoyo de François Hollande, Grecia obtuvo simplemente que esas garantías no fueran transferidas a Luxemburgo. Todos se sienten aliviados: Grecia pagará.

Antecedentes
“Alemania pagará”. La fórmula, susurrada a Georges Clemenceau por su ministro de Finanzas Louis Klotz al terminar la Gran Guerra, se convirtió en el talismán de los ahorristas franceses que habían prestado al Tesoro durante la sangrienta contienda. Recordaban que en 1870 Francia había abonado el monto íntegro del tributo que exigía Bismarck, a pesar de que era superior a lo que la guerra le había costado a los alemanes. Este precedente inspiró al presidente del Consejo Raymond Poincaré cuando, cansado de no recibir el pago de las reparaciones alemanas que preveía el Tratado de Versalles (4), en enero de 1923 decidió cobrarse ocupando la región del Ruhr.

Sin embargo, el economista británico John Maynard Keynes había comprendido de entrada la futilidad de semejante política de humillación y toma en prenda: si Alemania no pagaba, como hoy Grecia, era porque no podía. Tan sólo los eventuales excedentes de su balance comercial hubieran podido hacer frente a su gigantesca deuda. Ahora bien, Francia rechazaba la resurrección económica de su rival, lo que le habría permitido “pagar”, pero quizás también financiar su ejército, con el riesgo entonces de abrir la perspectiva de un tercer match mortal. Para los pueblos europeos, el éxito económico de la izquierda griega no tendría consecuencias humanas tan dramáticas. Pero hubiera arruinado la justificación de las políticas de austeridad de sus dirigentes…

Alrededor de un año después de su embargo, Poincaré tuvo que aumentar un 20% los impuestos para financiar los gastos de la ocupación del Ruhr. Para un dirigente de derecha anti-impuestos que no había dejado de pregonar que Alemania pagaría, la paradoja pareció cruel. Poincaré perdió las elecciones: su sucesor evacuó el Ruhr. Todavía nadie imagina consecuencias de ese tipo en uno de los países europeos que acaban de aplastar a Grecia para que pague los vencimientos de una deuda que incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) admite que es “totalmente inviable”. No obstante, en julio su encarnizamiento punitivo ya obligó a los países del Eurogrupo a comprometer tres veces más dinero (unos 90.000 millones de euros) de lo que habría sido necesario si la suma se hubiera desbloqueado cinco meses antes, ya que entretanto la economía griega colapsó por falta de liquidez (5). El rigor del ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble costará pues casi tanto como el de Poincaré. Pero la interminable humillación de Atenas valdrá como ejemplo para los próximos recalcitrantes. ¿Madrid? ¿Roma? ¿París? Dicha humillación le recordará el “teorema de Juncker”, formulado por el presidente de la Comisión Europea tan sólo cuatro días después de la victoria legislativa de la izquierda griega: “No puede haber elección democrática contra los tratados europeos (6)”.

¿Un mismo lecho no resulta demasiado estrecho cuando en él conviven diecinueve sueños? Imponer en algunos años la misma moneda a Austria y a Chipre, a Luxemburgo y a España, a pueblos que no tienen la misma historia ni la misma cultura política, ni el mismo nivel de vida, ni los mismos amigos, ni la misma lengua constituyó una empresa casi imperial. ¿Cómo un Estado puede concebir una política económica y social sometida a debate y arbitrajes democráticos si todos los mecanismos de regulación monetaria se le escapan? ¿Y cómo imaginar que pueblos que a veces ni se conocen acepten una solidaridad comparable a la que hoy vincula Florida con Montana? Todo se basaba en una hipótesis: el federalismo a marcha forzada debía acercar a las naciones europeas. Quince años después del nacimiento del euro, la animosidad llega a su apogeo.

El 27 de junio, cuando anunció su referéndum, el primer ministro Alexis Tsipras recurrió a expresiones cercanas a las de una declaración de guerra. Vilipendió “una propuesta [del Eurogrupo] en forma de ultimátum dirigido a la democracia griega”. Y acusó a algunos de sus “socios” de tener por objetivo “humillar a todo un pueblo”. Los griegos apoyarán masivamente al gobierno; los alemanes constituirán un bloque detrás de exigencias rigurosamente contrarias a las suyas. ¿Podrían asociar sus destinos más estrechamente sin correr el riesgo de llegar a violencias conyugales?

Pero la enemistad ya no sólo concierne a Atenas y Berlín. “No queremos ser una colonia alemana”, insiste Pablo Iglesias, dirigente de Podemos en España. “Digo a Alemania: ¡basta! Humillar a un socio europeo es impensable”, deja oír el presidente del Consejo italiano Matteo Renzi, aunque con una notable discreción en todo este asunto. “En los países mediterráneos, y en cierta medida en Francia -observa el sociólogo alemán Wolfgang Streek-, Alemania es más odiada de lo que nunca lo fue desde 1945. (…) La Unión Económica y Monetaria que tenía que consolidar definitivamente la Unión Europea, hoy corre el riesgo de estallar en pedazos (7)”.

Los griegos también suscitan sentimientos hostiles. “Si el Eurogrupo funcionara como una democracia parlamentaria, ya estarías afuera, dado que la casi totalidad de tus socios lo desean”, habría concluido, dirigiéndose a Tsipras, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea (8). Y según una mecánica conservadora bien conocida, esta vez elevada a nivel de las naciones, los Estados pobres fueron alentados a sospecharse mutuamente de vivir asistidos a costa de los otros, sobre todo cuando todavía eran más pobres que ellos. El ministro de Educación estonio sermoneó así a sus “socios” de Atenas: “Ustedes hicieron demasiado poco, con demasiada lentitud, e infinitamente menos que Estonia. Sufrimos mucho más que Grecia. Pero no nos detuvimos a lamentarnos, actuamos (9). Los eslovacos se ofuscaron por el nivel, según ellos demasiado elevado, de las jubilaciones en Grecia, un país que debería ser “por fin declarado en quiebra para limpiar la atmósfera”, agregó con generosidad el ministro de Finanzas checo (10).

Clausurando a su manera este festival veraniego de la Europa social, Pierre Moscovici, socialista francés y comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, repitió con especial deleite la misma “anécdota” en todos los micrófonos que se le acercaban: “En una reunión del Eurogrupo, un ministro socialista lituano dijo a Varoufakis:’Es muy simpático que quieran aumentar el salario mínimo un 40%, pero el de ustedes ya es dos veces superior al nuestro. ¡Y quieren aumentarlo con el dinero que nos deben, con la deuda!’ Y bien, es un argumento bastante fuerte (11)”. Muy fuerte, incluso cuando se sabe que hace apenas catorce meses el partido de Moscovici anunciaba: “Queremos una Europa que proteja a sus trabajadores. Una Europa del progreso social y no del desmembramiento social”.

Decisiones
El 7 de julio de 2015, en la reunión de un Consejo Europeo, varios jefes de Estado y de Gobierno comunicaron a Tsipras la exasperación que les inspiraba: “¡No podemos más! Hace meses que sólo hablamos de Grecia. Hay que tomar una decisión. Si no eres capaz de tomarla, la tomaremos en tu lugar (12)”. Lo que fue hecho algunos días más tarde. ¿Ya no había que percibir allí una forma, por cierto algo brusca, de federalismo? “Tenemos que avanzar” fue en todo caso la conclusión el que el 14 de julio Hollande sacó de este episodio. Avanzar, ¿pero en qué dirección? Y bien, la misma que de costumbre: “el gobierno económico”, “un presupuesto de la zona euro”, “la convergencia con Alemania”. Ya que en Europa, cuando una prescripción degrada fuertemente la salud económica o democrática de un paciente, siempre se duplica la dosis. Porque, según el presidente francés “la zona euro ha logrado reafirmar su cohesión con Grecia”, “las circunstancias nos llevan a acelerar” (13).

En cambio, para un creciente número de militantes de izquierda y de sindicalistas, sería más conveniente detenerse y reflexionar. Incluso para aquellos que temen que la salida del euro favorezca la dislocación del proyecto europeo y el despertar de los nacionalismos, la crisis griega ofrece un caso de manual al demostrar que en la ausencia de un pueblo europeo, la moneda única se opone frontalmente a la soberanía popular. Lejos de limitar a la extrema derecha, tal evidencia la conforta cuando satiriza las lecciones de democracia de sus adversarios. Por otra parte, ¿cómo imaginar que la moneda única pueda un día adaptarse a una política de progreso social después de haber leído la hoja de ruta que los Estados del Eurogrupo, unánimemente, enviaron a Tsipras para ordenar a ese primer ministro de izquierda instaurar una política neoliberal de hierro?

En su historia, Grecia ya planteó grandes cuestiones universales. Esta vez, acaba de revelar a qué se parece hoy la Europa que no queremos.

1. Léase Frédéric Lordon, La Malfaçon. Monnaie européenne et souveraineté démocratique, Les Liens qui libèrent, París, 2014.
2. NewStatesman, Londres, 13-7-2015.
3. Léase « La gauche grecque peut-elle chager l’Europe ? Le Monde diplomatique, febrero de 2015.
4. Léase «A Versailles, la guerre a perdu la paix », Manuel d’histoire critique, Ediciones Le Monde diplomatique, 2014.
5. «Europe reaches rescue deal for Greece», The Wall Street Journal, Nueva York, 14-7-2015.
6. Le Figaro, París, 29-1-2015.
7. Wolfgang Streeck, “Une hégémonie fortuite”, Le Monde diplomatique, mayo 2015.
8. Libération, París, 11-12 de julio de 2015.
9. The Wall Street Journal, 13-7-2015.
10. Le Figaro, 3-7-2015.
11. France Inter, 1-3-2015.
12. Según Le Figaro, 9-7-2015.
13. Le Journal du dimanche, París, 19-7-2015.

*Director de Le Monde Diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

LUNES 31 DE AGOSTO DE 2015 – COMCOSUR
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2) El pretexto del Estado Islámico y las próximas guerras en Libia
Ramzy Baroud (Znet)
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Se prepara otra guerra en Libia: las preguntas son “¿cómo?” y “¿cuándo?”. Aunque es poco probable que la perspectiva de otro enfrentamiento militar libere a Libia de su actual convulsión y conflicto político, es probable que cambie la naturaleza misma del conflicto en ese rico, pero dividido, país árabe. Un importante requisito previo para una guerra es ubicar a un enemigo o, si es necesario, inventar uno. El así llamado Estado Islámico (EI), aunque difícilmente sea un componente importante en la política divisiva del país, es probablemente ese antagonista.

Libia está actualmente dividida, políticamente, entre dos gobiernos, y geográficamente, entre numerosos ejércitos, milicias, tribus y mercenarios. Es un Estado dividido por excelencia, aunque una denominación semejante no hace justicia a la complejidad del caso libio, junto con las causas a la raíz de ese fracaso.

Ahora, cuando el EI prácticamente se ha apoderado de la ciudad de Sirte, otrora un baluarte del antiguo líder libio, Muamar Gadafi, y bastión de la tribu al-Qadhadhfa, la escena se está convirtiendo en más tenebrosa que nunca. El sentido común nos dice que el advenimiento del grupo oportunista, ávido de sangre, es un evento natural si se considera el vacío en la seguridad resultante de disputas políticas y militares. Pero la historia no se detiene ahí.

Varios eventos importantes condujeron al actual estancamiento y extremo caos en Libia. Uno fue la intervención militar de la OTAN, que fue promovida, entonces, como un camino para apoyar a los libios en su levantamiento contra su líder inveterado, Gadafi. La mala interpretación intencional de la resolución 1973, resultó en la “Operación Protector Unificado”, que derrocó a Gadafi, mató a miles y entregó el país a manos de numerosas milicias a las que, en esos días, se refirieron colectivamente como los “rebeldes”.

La urgencia que la OTAN asignó a su guerra –cuyo objetivo fue, supuestamente, impedir un posible “genocidio”– mantuvo a muchos en los medios noticiosos en una posición de apoyo o de silencio. Pocos se atrevieron a pronunciarse:

“Mientras el mandato de la ONU a la OTAN fue proteger civiles, la alianza, en la práctica, dio la vuelta a esa noble lógica. Poniendo todo su peso detrás de un lado en una guerra civil para derrocar el régimen de Gadafi, se convirtió en la fuerza aérea para las milicias rebeldes en el terreno”, escribió Seumas Milne en The Guardian en mayo de 2012. “Por lo tanto mientras el número de víctimas mortales era probablemente entre 1.000 y 2.000 cuando la OTAN intervino en marzo, en octubre fue calculado por el NTC (siglas en inglés del Consejo Nacional de Transición) en 30.000 – incluyendo miles de civiles.”

Otro evento importante fueron las elecciones. Los libios votaron en 2014, produciendo una extraña realidad política en la cual dos “gobiernos” afirman que son los legítimos representantes del pueblo libio: uno en Tobruk y Beida, y el otro en Trípoli. Cada “gobierno” tiene sus propios brazos militares, alianzas tribales y benefactores regionales. Además, cada uno está ansioso de reivindicar una mayor parte de la gran riqueza petrolera del país y del acceso a puertos, manejando así su propia economía.

Sin embargo, lo más que esos gobiernos llegaron a lograr, es un punto muerto político y militar, interrumpido por batallas mayores o menores y una masacre ocasional. Es decir, hasta que el EI apareció en la escena.

El repentino advenimiento del EI fue conveniente. Primero, la amenaza del EI apareció como un argumento exagerado de los vecinos árabes de Libia para justificar su propia intervención militar. Entonces, fue verificado por evidencia en video que muestra a “gigantes” del EI cortando las gargantas de pobres trabajadores egipcios en alguna playa misteriosa. Entonces, mientras poco sucedía en el intertanto, combatientes del EI comenzaron a ocupar ciudades enteras, provocando llamados de dirigentes libios a una intervención militar.

Pero la toma de Sirte por el EI no puede ser fácilmente explicada de una forma tan casual como un grupo militante que busca irrumpir en un país políticamente dividido. Esa toma repentina ocurrió dentro de un contexto político específico que puede explicar de un modo más convincente el ascenso del EI.

En mayo, la Brigada 166 de Amanecer de Libia (afiliada a grupos que actualmente controlan Trípoli), se retiró de Sirte sin mucha explicación. “Un misterio sigue rodeando la repentina retirada de la brigada”, escribió Kamel Abdallah en al-Ahram Weekly. “Los funcionarios aún no presentan una explicación, a pesar del hecho de que esta acción ayudó a las fuerzas del EI a lograr un control sin par de la ciudad”.

Mientras combatientes salafistas, junto con miembros armados de la tribu al-Qadhadhfa, se movilizaban para detener los progresos del EI (se informó sobre terribles masacres, pero no han sido confirmadas) ambos gobiernos libios todavía no han realizado ninguna acción evidente contra el EI. Ni siquiera el insistente entusiasta bélico, el anti-islamista general. Khalifa Heftar, y su así llamado “Ejército Nacional Libio” hizo un gran esfuerzo por combatir al EI, que también se está expandiendo en otras partes de Libia.

En su lugar, mientras el EI avanza y consolida su control sobre Sirte y otros sitios, el primer ministro Abdullah Al-Thinni, basado en Tobruk, instó a “naciones árabes hermanas” a ayudar a Libia y realizar ataques aéreos contra Sirte. También ha instado a países árabes a presionar a la ONU para que termine su embargo de armas contra Libia, que ya está saturada de armas que con frecuencia son entregadas ilegalmente por varias fuentes árabes regionales.

El gobierno en Trípoli también pide acción contra el EI, pero ambos gobiernos, que no lograron una hoja de ruta para la unidad, siguen negándose a trabajar juntos. El llamado a la intervención árabe en el lío del estado de la seguridad de Libia es políticamente motivado, por supuesto, porque Al-Thinni espera que los ataques aéreos puedan empoderar sus fuerzas para ampliar su control sobre el país, fuera de fortalecer la posición política de su gobierno en cualquier futuro acuerdo mediado por la ONU.

Pero otra guerra está siendo preparada en otro sitio, esta vez involucrando a los sospechosos habituales de la OTAN. La confabulación occidental, sin embargo, es mucho más complicada que los objetivos políticos de Al-Thinni. The London Times informó el 1º de agosto que “cientos de soldados británicos están siendo preparados para ir a Libia como parte de una nueva gran misión internacional”, que también incluirá “personal militar de Italia, Francia, Alemania y EE.UU…. en una operación que parece estar preparada para ser activada una vez que las facciones rivales dentro de Libia se pongan de acuerdo para formar un solo gobierno de unidad nacional”.

Los participantes en la operación que, según una fuente del gobierno del Reino Unido, podría ser actualizada “hacia fines de agosto”, son países con intereses económicos creados y son las mismas partes que estuvieron tras la guerra en Libia en 2011.

Comentando sobre el informe, Jean Shaoul escribió: “se espera que Italia, la antigua potencia colonial en Libia, suministre el mayor contingente de tropas terrestres. Francia tiene vínculos coloniales y comerciales con los vecinos de Libia, Túnez, Mali y Argelia. España conserva puestos avanzados en el norte de Marruecos y la otra gran potencia involucrada, Alemania, está tratando de nuevo de lograr acceso a los recursos y mercados de África.”

Está quedando más claro que Libia, otrora una nación soberana y relativamente rica, se está convirtiendo en un simple terreno de juego para una masiva maniobra geopolítica y grandes intereses económicos y ambiciones. Lamentablemente, los propios libios son los posibilitadores tras la división de su propio país, mientras potencias árabes y occidentales intrigan para obtener una mayor parte de la riqueza económica y el valor estratégico de Libia.

Se informa sobre la toma de Sirte por el EI como si fuera un hito que, de nuevo, genera un frenesí bélico – similar al que precedió la intervención militar de la OTAN en 2011. Sin que importe si los árabes bombardean Libia, o potencias occidentales lo hagan, es probable que la crisis en ese país aumente, si no empeora, como lo ha mostrado ampliamente la historia.

El doctor Ramzy Baroud lleva más de veinte años escribiendo sobre Oriente Medio. Es doctor en Historia de los Pueblos por la Universidad de Exeter. Editor-jefe de Middle East Eye, columnista de análisis internacional, consultor de los medios, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro es “My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story” (Pluto Press, Londres). Su página web: ramzybaroud.net

LUNES 31 DE AGOSTO DE 2015 – COMCOSUR
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3) Se agrava el carácter sectario del conflicto en Iraq
Patrick Cockburn (CounterPunch)
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Pasé la semana pasada en Karbala y Nayaf, las ciudades santas chiíes al sudoeste de Bagdad, que siempre he considerado entre las maravillas del mundo. Hay algo hipnótico y fascinante e incluso mágico en la imagen de sus cúpulas doradas y sus minaretes que se elevan por sobre los techos de las casas circundantes. Por primera vez vi desde afuera el lugar sagrado de Imam Ali en Nayaf en 1977, pero iba con un funcionario baasista quien no se atrevió a abrir las grandes puertas de madera hacia el patio exterior. Gran parte de la historia iraquí, antigua y moderna, se ha desarrollado alrededor de eventos en esas dos ciudades. En 1991, volví a visitar Nayaf apenas después de ser recapturada por los tanques de Sadam Hussein que aplastaron el gran levantamiento chií después de la guerra en Kuwait. Soldados custodiaban despreocupadamente el lugar. Las losas en su patio estaban llenas de hoyos por el impacto de obuses de mortero y de proyectiles de cohetes. Hasta la cúpula dorada había sido perforada por fuego de ametralladoras. Las calles estaban vacías de clérigos y peregrinos, pero al pasar frente a un negocio con los postigos cerrados escuché una voz desesperada proveniente del interior rogando en inglés: “¡Ayudadnos! ¡Ayudadnos!”

Fue lo mismo en Karbala, a 50 kilómetros al norte de Nayaf: allí los combates habían sido los más feroces alrededor de los lugares sagrados de Hussein y Abbas y los negocios entre los dos habían sido reducidos a escombros. Había cuatro grandes tanques fuera del santuario de Abbas y sobre la entrada principal una granada impulsada por cohete había destrozado los azulejos azules y amarillos del mosaico, sacando a la luz los ladrillos marrones.

Casi un cuarto de siglo después, Iraq ha sido volteado al revés: Hussein Kamel, quien dirigió el ataque del ejército iraquí que aplastó la rebelión chií, fue asesinado por su suegro, Sadam Hussein, quien por su parte fue ejecutado en 2006. Un gobierno dominado por chiíes gobierna actualmente en Bagdad y la persona más influyente en Iraq es incuestionablemente, el Gran Ayatolá Ali al-Sistani.

Paradójicamente, esto ha sucedido a pesar de la convicción de Sistani de que la verdadera religión significa mantenerse fuera de la política. Esta versión quietista del Islam chií contrasta con la adoptada por Ayatolá Jomeini quien estableció el gobierno clerical en Irán después del derrocamiento del Sha en 1979. Pero la autoridad moral de Sistani sobre la mayoría chií después de la invasión de 2003 fue tal que los ocupantes vieron que no podían gobernar en oposición a sus deseos.

Si todo se hubiera desarrollado sin contratiempos, un estado dirigido por partidos chiíes habría conservado el poder después de la partida de las fuerzas estadounidenses y el clero chií podría haberse retirado de la política. Pero el ascenso del autodenominado “Estado Islámico” (ISIS) y la captura de Mosul en 2014 y de Ramadi durante este año, desacreditaron al ejército y al gobierno iraquí. A pesar de los miles de millones de dólares que habían invertido o robado, fracasó rotundamente cuando se trató de defender a su propio pueblo.

Al desintegrarse el ejército el año pasado, una fatua proclamada por Sistani el 13 de junio llamó a los hombres a tomar las armas contra el EI. Inmediatamente condujo a la existencia de una poderosa fuerza de voluntarios entusiastas, aunque mal entrenados, de por lo menos 50.000 miembros. La principal fuerza de combate actual del gobierno de Bagdad son estas “Unidades de Movilización Popular” o Hashd al-Shaabi, que han estado combatiendo con un cierto éxito contra focos controlados por el EI alrededor de Bagdad.

Se acerca un momento decisivo en los próximos meses. Las Hashd y las unidades de elite del ejército iraquí han rodeado Faluya y la están bombardeando. Fue la captura de Faluya, a solo 64 kilómetros al oeste de Bagdad, en enero del año pasado, y el hecho de que el ejército iraquí no haya logrado recapturarla, lo que presagió la derrota militar del primer ministro Nuri al-Maliki durante el verano. El nuevo ataque contra Faluya tiene que tener éxito si se ha de derrotar al EI.

Existe optimismo entre el clero y oficiales militares en Nayaf y Karbala respecto al resultado de la batalla. Esto se debe primordialmente al hecho de que en el pasado las fuerzas armadas regulares iraquíes, las Hashd y los estadounidenses, aunque todos se oponen al EI, han actuado como rivales en lugar de combinar sus esfuerzos. Mohammed Ali Bahr Ulloum, un influyente clérigo en Nayaf, dice que la lucha por Tikrit fue confusa “porque las fuerzas que se oponían al Daesh (EI) estaban divididas, pero en Faluya están unidas”. Lo alienta la entrega de cuatro cazabombarderos F-16 a la fuerza aérea iraquí por EE.UU.

Las fuerzas contrarias al EI no tienen otra alternativa que unirse si han de vencer. Las divisiones de sus numerosos enemigos han constituido una de las grandes ventajas del EI.

Mohamed Hussain al-Hakim, hijo del Gran Ayatolá Muhammad Said al-Hakim, dice que un intento de unir las tribus suníes contra el EI, como lo hizo EE.UU. en 2006-07, ya no dará resultado. “El Daesh (EI) es demasiado fuerte”, dice. “Si las tribus se le oponen, serán aplastadas”.

El ejército iraquí no puede ser reconstruido para convertirse en una fuerza suficientemente fuerte a fin de combatir efectivamente al EI. Hakim señala que, bajo Maliki, “el ejército fue abierto a nuevos reclutas en la época de elecciones” para que el partido político gobernante pudiera ofrecer la perspectiva de ofrecer puestos militares bien remunerados a los votantes. Un hecho militar decisivo en Iraq actual es que muchos estarán dispuestos a morir por el EI o por las Hashd, pero muy pocos enfrentarán la muerte por cuenta de un gobierno corrupto y disfuncional en Bagdad. Soldados que el año pasado se negaban a volver a sus unidades decían con una risa despectiva: “¿Morir por Maliki? ¡Jamás!”

Desde entonces no ha cambiado gran cosa. Las Hashd están dispuestas a combatir y ahora tienen experiencia, pero todavía carecen de suficiente entrenamiento. El coronel Salah Rajab, un ex oficial del ejército regular bajo Sadam Hussein, cuya pierna derecha fue destrozada por un obús de mortero el 3 de julio mientras combatía en las Hashd en Baiji, me dijo desde su cama en el hospital que los reclutas necesitan seis meses en lugar de tres de entrenamiento. Pero otros comandantes son más confiados: el mayor general Ali al-Musleh, vicecomandante de la Brigada Ali Akbar, dice que quiere que los voluntarios tengan 45 días de entrenamiento, “pero ellos nos dicen ‘mostradnos cómo usar un fusil e iremos al frente’”.

El clero superior chií insiste en que no se propone librar una guerra sectaria contra los suníes en Faluya o en algún otro sitio. Sus afirmaciones son convincentes, pero el EI está determinado a lograr que la guerra sea librada siguiendo líneas sectarias. Unas pocas horas después de abandonar Nayaf el viernes, un atacante suicida del EI hizo estallar un camión con tres toneladas de explosivos en medio de chiíes que celebraban el fin de Ramadán en la ciudad de Khan Bani Saad, a 32 kilómetros al noreste de Bagdad. Más de 100 personas fueron muertas por la explosión. El mayor de la policía Ahmed al-Tamimi dijo a una agencia noticiosa: “Algunos utilizaban cajas para vegetales a fin de recolectar trozos de cuerpos de niños”.

El objetivo del EI al cometer una atrocidad semejante, aparte de ansias de matar, es provocar represalias chiíes para que los suníes no tengan otra alternativa que depender del “Estado Islámico”. Solo el clero en Nayaf y Karbala tiene autoridad y disposición de impedir que la próxima fase de la guerra se convierta en un baño de sangre sectario.

Patrick Cockburn es autor de The Rise of Islamic State: ISIS and the New Sunni Revolution.

LUNES 31 DE AGOSTO DE 2015 – COMCOSUR
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4) El cambio climático reduce los lagos y la pesca en Uganda
Wambi Michael (IPS)

El cambio climático reduce el número de algunas especies de peces en los lagos de Uganda y de sus vecinos de África oriental, con consecuencias negativas para las millones de personas que dependen de la pesca para alimentarse y ganarse la vida. Numerosos estudios realizados en lagos de Uganda, incluso en el Victoria, compartido por tres países, indican que especies locales de peces se redujeron debido al aumento de la temperatura del agua.

“En el lago Victoria y otros hay un cambio en la composición de los peces. Antes dominaban los ejemplares grandes, pero ahora la reserva está compuesta por otros pequeños”, indicó Jackson Efitre, especialista en gestión pesquera y ciencias acuáticas de la Universidad de Makerere, en Uganda. “Es decir que esos son los que se adaptan bien a las cambiantes condiciones”, remarcó Efitre en diálogo con IPS.

“De seguir así, la pregunta es si veremos a nuestra población de peces dominada por ejemplares de menor tamaño y valor”, inquirió. En Uganda, la pesca representa 2,5 por ciento del presupuesto nacional y 12,5 por ciento del producto interno bruto (PIB) agrícola. Emplea a 1,2 millones de personas, genera unos 100 millones de dólares en exportaciones y provee de alrededor de 50 por ciento de las proteínas de la dieta de los ugandeses.

Efitre participó en el estudio “Aplicación de políticas para hacer frente a la influencia del cambio climático en los ecosistemas ribereños y acuáticos internos, en la pesca y en los modos de vida”, que analizan la influencia de la variabilidad climática y el cambio en los recursos pesqueros y el modo de vida usando a los lagos Wamala y Kawi en las cuencas del Victoria y Kyoga como estudios de casos. También analizó hasta qué punto las políticas actuales pueden aplicarse para atender los impactos del cambio climático, así como cualquier otro problema relacionado con él.

Las conclusiones del estudio señalan que las temperaturas en el entorno de los dos lagos siempre variaron, pero que aumentan de forma constante de 0,02 a 0,03 grados centígrados al año desde los años 80, y que las precipitaciones se desviaron de los promedios históricos y que en el lago Wamala, aunque no en el Kawi, se han ubicado, generalmente, por encima del promedio desde entonces. Además, los resultados son consistentes con el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de 2007 y 2014 para la región de África oriental.

“Son peces que dependen del ambiente”, subrayó Mark Olokotum, otro de los investigadores. “O aumentan la cantidad de veces que pescan para tener más peces o adquieren más aparejos para atrapar más”, indicó. “Y cuando eso pasa están más tiempo pescando, ganan mucho menos a pesar de que el precio sea alto y no hay peces, por lo que la gente come lo que encuentra”, detalló. También explicó que el equilibrio hídrico de la mayoría de los sistemas acuáticos de Uganda está determinada por las lluvias y la temperatura a través de la evaporación.

Alrededor de 80 por ciento de la ganancia de agua en el lago Wamala procede de la lluvia, mientras que 86 por ciento de la pérdida es por evaporación, añadió, lo que deriva en un equilibrio negativo y en la imposibilidad de que el lago retenga los niveles históricos de agua. “Si bien se prevé que las lluvias aumentarán en África oriental por el cambio climático, la ganancia puede quedar neutralizada por la mayor evaporación asociada al aumento de la temperatura, a menos que el aumento de las lluvias supere la pérdida por evaporación”, explicitó Olokotum.

Esos cambios dificultaron la vida de personas como Clement Opedum y sus ocho hijos, que dependen del lago para alimentarse y ganarse la vida. Opedum siempre dependió del lago Wamala para vivir. Antes, la venta de la tilapia era rápida en los distritos vecinos, y algunos compradores procedían de la República Democrática del Congo, con lo que vivía toda su familia y las otros pescadores. A lo largo de los años, el lago se retiró de su antigua franja costera, dejando a Opedum y a sus vecinos desprovistos y frente a la amenaza de que incluso desaparezca del todo.

Otro pescador de la zona, Charles Lugambwa debió dedicarse a la agricultura y ahora cultiva ñame, boniato y frijoles en un terreno que antes estaba bajo el agua. Lugambwa dijo a IPS que aparte de la tilapia, comenzaron a desaparecer otras especies del lago en 30 o más años que lleva residiendo en la zona. “En 1994, el lago se secó por completo, pero volvió en 1998 tras unas fuertes lluvias”, recordó en diálogo con IPS. “Solíamos pescar tilapias muy grandes, pero ahora son bastante pequeñas, pese a ser ejemplares adultos”, acotó.

Científicos explican que las causas de la reducción del lago incluyen la evaporación, el aumento de cultivos en sus márgenes, la tala de árboles y la destrucción de los humedales, mientras que la disminución del tamaño de la tilapia se relaciona con el aumento de la temperatura debido al recalentamiento planetario. El investigador Richard Ogutu-Ohwayo, del Instituto Nacional de Investigación de Recursos Pesqueros, dijo a IPS que la respuesta al cambio climático en Uganda se concentra en la agricultura, la ganadería y la silvicultura, prácticamente sin atender al sector pesquero.

“Es hora de que el gobierno tome medidas para incorporar a los ecosistemas acuáticos y a la pesca a las respuestas contra el cambio climático”, remarcó. Según Ogutu-Ohwayo, la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático y la Política de la Comunidad de África Oriental sobre el Cambio Climático prevén la construcción de capacidades, la generación de conocimiento y la identificación de medidas de adaptación y mitigación para reducir los impactos del cambio climático, pero apenas si se implementaron.

Uganda tiene una política hídrica que prevé la protección y la gestión del recurso, indicó, y “debemos aplicarla para gestionar el agua en los lagos Wamala, Kawi y otros mediante un enfoque integrado que incluya la protección de los humedales, las riberas lacustres y los márgenes fluviales, así como controlar la extracción de agua”. Al igual que otras naciones de África oriental, Uganda tiene una gran dependencia de la captura pesquera o las pesquerías naturales, con una tendencia a marginar la acuicultura a la hora de asignar recursos y de desarrollar recursos humanos.

Como el cambio climático hace que disminuya el tamaño de los peces y de las reservas pesqueras, los especialistas señalan que la pesca en los lagos ya no alcanza para cubrir la demanda, ya sea del consumo local como de la exportación. Las plantas de procesamiento de pescado cercanas al lago Victoria, por ejemplo, operan a menos del 50 por ciento de su capacidad, y algunas, incluso, cerraron.

Justus Rutaisire, responsable de acuicultura en la Organización Nacional para la Investigación en Agricultura de Uganda, dijo a IPS que esa técnica podía emplearse como una de las medidas de adaptación para ayudar a las comunidades pesqueras a completar sus necesidades. Pero señaló que el desarrollo de la acuicultura en la mayoría de los países de África oriental está limitada por la poca adopción de las tecnologías apropiadas, la inadecuada inversión en investigación y en servicios de extensión. “Si no podemos acordar medidas e implementarlas con rapidez, estamos condenando a muerte a esas comunidades”, alertó.

Editado por Phil Harris / Traducido por Verónica Firme

LUNES 31 DE AGOSTO DE 2015 – COMCOSUR
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5) México: Guerra sucia contra los pueblos del maíz
Silvia Ribeiro (Alai)

El 19 de agosto 2015, el juez Francisco Peñaloza Heras, del Juzgado XII de Distrito en Materia Civil, canceló la medida precautoria que desde hace dos años mantiene suspendida la siembra de maíz transgénico en México en respuesta a una demanda colectiva por los daños que estos granos causan a la biodiversidad y la salud. Sin embargo, la suspensión sigue vigente, ya que su decisión fue inmediatamente apelada por Colectivas AC, representantes legales de la colectividad de 53 ciudadanos y 20 organizaciones que presentaron la demanda en 2013.

La forma en que el juez Peñaloza tomó la decisión, ignorando los argumentos de los demandantes y científicos independientes, pero basándose en los dichos de Monsanto y otras empresas, es otro escalón en la guerra sucia contra el maíz campesino y los pueblos del maíz.

En sincronía con su decisión, las trasnacionales de transgénicos desataron un aluvión de comentarios a la prensa asegurando que estaba liberada la siembra. Como denunció René Sánchez Galindo, abogado de la colectividad demandante, “Monsanto inició una nueva campaña de mentiras, ya que es falso que la siembra de maíz transgénico estuviera liberada”.

Las mentiras de la empresas de transgénicos no se limitan solo a los aspectos legales de la demanda. Dedican mucho tiempo y recursos a falsear datos ­para ocultar lo que realmente pasa con los transgénicos en los países donde su siembra es masiva, como Estados Unidos, país sede de Monsanto.

La realidad, basada en estadísticas oficiales de ese país durante casi dos décadas (no en estudios puntuales financiados por las empresas que toman datos parciales) muestra que los transgénicos son más caros que los híbridos que ya existían, que en promedio su rendimiento es menor y que han provocado un aumento exponencial del uso de agrotóxicos, con efectos devastadores en suelos, agua, y surgimiento de más de 20 “supermalezas” resistentes al glifosato. La industria afirma que el maíz manipulado con la toxina Bt disminuyó el uso de agrotóxicos, pero omite explicar que las plagas se han ido haciendo resistentes al Bt, y que luego de una inicial disminución, el uso de agrotóxicos ha ido aumentado cada año. Por ello, las empresas están abandonando la venta de semillas de maíz Bt, para vender maíces transgénicos con rasgos apilados, o sea junto a Bt, tolerantes a uno o más herbicidas de alta toxicidad, como glifosato, glufosinato, dicamba y hasta 2,4-d, con lo cual el aumento del uso de tóxicos se multiplica vertiginosamente.

Las empresas aseguran también que es posible la “coexistencia” de maíz transgénico con el maíz campesino. Existen múltiples estudios científicos y estadísticas en muchos países que demuestran lo contrario: donde hay cultivos transgénicos, siempre habrá contaminación, sea por el polen llevado por viento e insectos (a distancias mucho mayores de las “previstas” por las leyes) o por el trasiego en transportes, almacenamiento, puntos de venta, donde no hay segregación de transgénicos y otras semillas. Muchos estudios en México, incluidos los de la propia secretaría de medio ambiente (Semarnat), muestran cientos de casos de contaminación transgénica de maíces campesinos, aún cuando su siembra es ilegal. Legalizar la siembra aumentaría brutalmente esa contaminación que amenaza directamente la biodiversidad y el patrimonio genético agrícola más importante de México, legado por los millones de campesinos e indígenas que lo crearon y lo siguen manteniendo.

En Estados Unidos la contaminación transgénica es omnipresente. Monsanto hizo de ello un negocio: demanda a las víctimas de contaminación transgénica por uso de sus genes patentados, lo cual le ha redituado cientos de millones de dólares en juicios o acuerdos fuera de juicio. Recientemente Monsanto declaró que no va demandar a agricultores en México. Sería absurdo creerlo. Por supuesto lo harán, cuando tengan las condiciones para ello. Ya desde 2004, Monsanto publicaba en periódicos de Chiapas avisos que advertían que el que usara “ilegalmente” sus genes patentados en “importación, siembra, guarda, comercialización o exportación” podría sufrir cárcel y multas mayores. Además instigaban a que si usted “conoce alguna situación irregular”, se contactara con Monsanto, para evitar ser acusado de “cómplice”. Si no siguió adelante fue porque no tenía el marco legal para ello, tema que ahora presionan por corregir.

Las trasnacionales mienten cuando afirman que los transgénicos son inocuos a la salud. De partida, los cultivos transgénicos tienen un nivel hasta 200 veces más alto de residuos de glifosato, herbicida que la OMS declaró cancerígeno en marzo 2015. Y casi cada mes se publican nuevos artículos con evidencia de daños de los transgénicos a la salud o al medioambiente.

Por ejemplo, el 14 de julio 2015, la revista científica arbitrada Agricultural Sciences, publicó una investigación del Dr. Shiva Ayyadurai, que muestra que la soya transgénica acumula formaldehído, sustancia cancerígena, junto a una disminución drástica de glutatión, antioxidante esencial para la desintoxicación celular. El estudio analizó 6497 experimentos de 184 instituciones científicas en 23 países. El estudio pone de manifiesto la invalidez del principio de “equivalencia sustancial” que se aplica para evaluar transgénicos, alegando falsamente que son “equivalentes” a los convencionales. Existe gran desconocimiento de cómo la transgenia afecta la biología del maíz y qué impacto tiene en la biodiversidad y en la salud de la población de México, donde el maíz se consume más que en ningún otro país.

La guerra recrudece, pero también crecen las muchas resistencias, como la “moratoria popular” de no permitir transgénicos en nuestros campos y mesas, y eso, no va a terminar.

– Silvia Ribeiro es investigadora del grupo ETC

LUNES 31 DE AGOSTO DE 2015 – COMCOSUR
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“Las ideas dominantes de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad resulta ser al mismo tiempo la fuerza espiritual dominante, la clase que controla los medios de producción intelectual, de tal manera que en general las ideas de los que no disponen de medios de producción intelectual son sometidos a las ideas de la clase dominante”. — Carlos Marx
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POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL ES UNA PRODUCCIÓN DE COMCOSUR / COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA DESDE EL CONO SUR. Desde el 19 de Junio de 1994 / Coordinación : Carlos Casares – DIRECCIÓN POSTAL: Proyectada 17 metros 5192 E (Parque Rivera) 11400 MONTEVIDEO – URUGUAY / Apoyo técnico: Carlos Dárdano / comcosur@comcosur.com.uy / Comcosur se mantiene con el trabajo voluntario de sus integrantes y no cuenta con ningún tipo de apoyo institucional ni personal. / Las opiniones vertidas en las distintas notas que integran este boletín, no reflejan necesariamente la posición que podría tener Comcosur sobre los temas en cuestión./ Comcosur integra la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) / http://www.comcosur.org / Y ahora puede seguir a Comcosur también en Facebook
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