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¿QUIÉN ESTÁ GANANDO EN GAZA?

POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL
REVISTA DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS
AÑO 14 – Nº 680 / Lunes 21 de Julio de 2014
Producción: Andrés Capelán – Coordinación: Carlos Casares
Apoyo técnico: Carlos Dárdano
COMCOSUR / COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA DESDE EL CONO SUR
1994 – 19 de junio – 2014
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HOY:

1) Gaza – Eduardo Galeano

2) Gaza, la historia oculta

3) A Israel no le interesa negociar con los palestinos

4) ¿Quién está ganando en Gaza?

5) Caos planificado en Medio Oriente y lo que hay detrás
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“Vivimos en la mentira del silencio. Las peores mentiras son las que
niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca. Eso lo
hacen quienes tienen el monopolio de la palabra. Y el combatir ese
monopolio es central.”
Emir Sader
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1) Gaza
Eduardo Galeano (Nov.2012)

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra
odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que
según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará
multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No
pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su
agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus
gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza
está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que
Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido
había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las
elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron
su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras
militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas,
acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que
habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la
desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las
bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin
ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está
negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca
Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera.
Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra
agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para
evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que
Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se
ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración
se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los
dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el
pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las
resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de
los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes
internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura
de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde
viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El
gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco
para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar
Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una
póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia
mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a
quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se
llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras
imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y
suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del
descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando
exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre,
siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un
israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos
de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto
como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que
son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una
potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo
más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen
teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez
más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las
declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas
ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza,
los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los
países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que
otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la
cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace
medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que
también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están
pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

LUNES 21 DE JULIO DE 2014 – COMCOSUR
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2) Gaza, la historia oculta
Robert Fisk (The Independent)
Traducido para Rebelión por LB

La verdadera historia oculta de Gaza que los israelíes no están contando:
ni cohetes de Hamás ni amenaza yihadista global: la clave es la posesión
de la tierra palestina

OK, así pues hasta esta tarde el balance de dos jornadas de intercambio
letal se eleva a 40-0 a favor de Israel. Veamos ahora la historia de Gaza
que no oirá contar a nadie en las próximas horas.

Se trata de la tierra. Los israelíes de Sderot sufren el fuego de cohetes
lanzados por los palestinos de Gaza y ahora los palestinos están
recibiendo su merecido. Claro. Pero, un momento: ¿cómo es que todos esos
palestinos —millón y medio en total— han acabado hacinados en Gaza?
Bueno, pues resulta que sus familias vivieron una vez en lo que ahora se
llama Israel. Y que fueron expulsados —o huyeron para salvar la vida—
cuando se creó el Estado de Israel.

Y resulta también que —se aconseja aquí tomar aire con una profunda
inspiración— las personas que vivían en Sderot a principios de 1948 no
eran israelíes sino árabes palestinos. Su aldea se llamaba Huj. Tampoco
eran enemigos de Israel. Dos años antes, esos mismos árabes habían
escondido del ejército británico a combatientes de la Haganah judía. Sin
embargo, cuando el 31 de mayo de 1948 el ejército israelí se plantó en
Huj expulsó a todos los habitantes árabes de la población, ¡a la Franja
de Gaza! Y se convirtieron en refugiados. David Ben Gurion (el primer
Primer Ministro de Israel) lo llamó una «acción injusta e injustificada».
Una pena. A los palestinos de Huj nunca se les permitió regresar a sus
hogares.

Y hoy, más de 6.000 descendientes de los palestinos de Huj —ahora
Sederot— viven en la misérrima Gaza entre los «terroristas» que Israel
proclama querer destruir y que disparan cohetes contra lo que otrora fue
Huj. Interesante historia.

Y lo mismo cabe decir por lo que respecta al derecho de autodefensa de
Israel. Lo hemos vuelto a oír hoy mismo. ¿Qué pasaría si los ciudadanos
de Londres fueran bombardeados como lo son los ciudadanos israelíes?
¿Acaso no devolverían el golpe? Bueno, sí, pero los británicos no
tenemos a más de un millón de antiguos habitantes del Reino Unido
encerrados en campos de refugiados en unos pocos kilómetros cuadrados
alrededor de Hastings.

La última vez que se utilizó este argumento falaz fue en 2008, cuando
Israel invadió Gaza y mató al menos a 1.100 palestinos (tipo de cambio:
1.100 contra 13). ¿Qué pasaría si a Dublín la atacaran con cohetes?,
preguntó entonces el embajador de Israel. Ahora bien, en la década de
1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, sufrió el
ataque de cohetes lanzados desde la República de Irlanda pero no por ello
la RAF se vengó bombardeando Dublín y matando a mujeres y niños
irlandeses. En Canadá, en 2008, los partidarios de Israel blandieron el
mismo argumento falaz. ¿Qué pasaría si a la gente de Vancouver o Toronto
o Montreal la atacasen con cohetes disparados desde sus propios suburbios?
¿Cómo se sentirían? Sin embargo, los canadienses no han empujado a
campos de refugiados a los habitantes originales del territorio canadiense.

Y ahora vámonos a Cisjordania. Al principio Benjamin Netanyahu dijo que no
podía hablar con el «Presidente» palestino Mahmoud Abbas porque no
representaba también a Hamas. Luego, cuando Abbas formó un gobierno de
unidad [con Hamas], Netanyahu dijo que no podía hablar con Abbas porque se
había aliado con la «terrorista» Hamas. Ahora dice que sólo se puede
hablar con Abbas si rompe con Hamas, aunque si lo hace dejará de
representar a Hamas.

Mientras tanto, el gran filósofo israelí de izquierdas Uri Avnery —90
años de edad y por fortuna tan recio como siempre—, ha llamado la
atención sobre la última obsesión de su país: el peligro de que Isis
lance un asalto hacia el oeste desde su “califato” sirio-irakí y
llegue hasta la ribera oriental del río Jordán.

«Y Netanyahu dijo», según Avnery, que «si no son detenidos por una
guarnición israelí permanente estacionada allí (en el río Jordán),
llegarán hasta las mismas puertas de Tel Aviv». La verdad, por supuesto,
es que la aviación israelí aplastaría a Isis en el mismo instante en que
osara cruzar la frontera con Jordania desde Irak o Siria.

La importancia de eso, sin embargo, es que si Israel mantiene su ejército
en el Jordán (para proteger a Israel de Isis), un futuro Estado
«Palestino» no tendrá fronteras y será un enclave dentro de Israel
rodeado por todas partes por territorio controlado por los israelíes.

«Igual que un bantustán sudafricano», dice Avnery. En otras palabras,
jamás existirá un Estado palestino «viable». Después de todo, ¿acaso no
es Isis lo mismo que Hamas? Por supuesto que no.

Pero no es eso lo que le oímos decir a Mark Regev, portavoz de Netanyahu.
No, lo que le dijo a Al Jazeera fue que Hamas era «una organización
terrorista extremista no muy diferente de Isis en Irak, Hezbollah en el
Líbano, Boko Haram …» Basura. Hezbolá es una milicia chií que en Siria
combate a muerte contra los musulmanes sunitas de Isis. Y Boko Haram —a
miles de kilómetros de Israel— no es una amenaza para Tel Aviv.

Pero usted ya ha captado el concepto. Los palestinos de Gaza —y, por
favor, olviden para siempre a los 6.000 palestinos cuyas familias son
oriundas de Sederot— están aliados con las decenas de miles de
islamistas que amenazan a Maliki en Bagdad, a Assad de Damasco o al
presidente Goodluck Jonathan en Abuja. Más interesante aún: si Isis se
dirige hacia las lindes de Cisjordania, ¿por qué el gobierno israelí
sigue construyendo allí colonias para los civiles israelíes de forma
ilegal y en tierras árabes?

Todo esto no tiene que ver solamente con el vil asesinato de tres
israelíes en la Cisjordania ocupada o con el vil asesinato de un palestino
en la Jerusalén Este ocupada. Tampoco con la detención de numerosos
militantes y políticos de Hamas en Cisjordania. Tampoco con los cohetes.
Como de costumbre, el meollo del asunto es la tierra.

LUNES 21 DE JULIO DE 2014 – COMCOSUR
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3) A Israel no le interesa negociar con los palestinos
Alain Gresh* (Le Monde Diplomatique)

Las negociaciones palestino-israelíes han finalizado sin ningún
resultado. Hasta los propios emisarios de Estados Unidos se han declarado
sorprendidos por la intransigencia del primer ministro de Israel, Benjamin
Netanyahu. Sin embargo, el incondicional apoyo de Washington a Tel Aviv no
sufrirá ninguna alteración. Y no habrá un Estado palestino.

Las negociaciones tendrían que haber empezado con la decisión de detener
las obras en las colonias. Pero pensamos que podíamos lograrlo gracias a
la descomposición del gobierno israelí, entonces lo descartamos.”
Entrevistado por el conocido periodista Nahum Barnea, del diario israelí
Yediot Aharonot, en el marco de una investigación (1) sobre el fracaso de
las negociaciones palestino-israelíes, el funcionario estadounidense
–cuyo nombre queda en el anonimato– prosigue: “No habíamos
comprendido que [el primer ministro Benjamin] Netanyahu usaba las
licitaciones de las obras en las colonias para garantizar la sobrevivencia
de su propio gobierno. Tampoco habíamos entendido que la prosecución de
dichas obras ayudaba a que algunos ministros sabotearan, de un modo muy
eficaz, el éxito de las negociaciones. […] Recién ahora, tras el
fracaso de las conversaciones, nos dimos cuenta de que estas obras [unas
14.000 viviendas] equivalían a una expropiación de tierras a gran
escala”.

A la pregunta “¿Se sorprendieron cuando descubrieron que en realidad a
los israelíes no les interesaba lo que pasaba en las negociaciones?”, el
funcionario de la administración Obama responde: “Sí, nos sorprendimos.
Cuando su ministro de Defensa, Moshe Yaalon, declaró que lo único que
buscaba [el secretario de Estado estadounidense] John Kerry era conseguir
el Premio Nobel, el insulto fue terrible, cuando nosotros lo hacíamos por
ustedes”.

Aunque todas las fuentes de Nahum Barnea sean anónimas, se sabe que el
autor accedió a todos los funcionarios estadounidenses, en especial a
Martin Indyk, encargado por el presidente Barack Obama de supervisar las
negociaciones palestino-israelíes. El principal argumento se reduce a tres
palabras: “Nosotros [los estadounidenses] no sabíamos”. No sabíamos
lo que significaba la colonización, no sabíamos que el gobierno israelí
no estaba interesado en las negociaciones.

Mentiras piadosas

¿Es creíble? Estados Unidos, el principal aliado de Israel, que participa
del “proceso de paz” desde hace cuatro décadas… ¿“no sabía”?
¿Cómo creer que el secretario de Estado John Kerry haya podido cruzar los
océanos decenas de veces, coordinar cientos de horas de negociaciones, de
conversaciones telefónicas y videoconferencias, multiplicar las
entrevistas individuales con la mayoría de los líderes de la región en
detrimento de otros problemas internacionales? ¿Cómo creer, en síntesis,
que haya dedicado tanta energía a resolver este conflicto, para “tomar
conciencia recién ahora” de que a los israelíes no les interesaban las
negociaciones?

Sin embargo, hace más de una década que el “Proceso de Oslo” está
muerto y enterrado bajo el peso de los colonos. Son más de 350.000 los que
desde 1993 se han ido instalando en Cisjordania y Jerusalén Este. ¿Y
Washington tampoco lo entendió? ¿Qué hay, entonces, en la cabeza de John
Kerry? ¿Por qué tanta perseverancia en el fracaso? ¿Realmente “no
sabía”? En realidad, Kerry, al igual que el presidente Obama y todos sus
antecesores, adhirieron hasta tal punto a la mirada de Tel Aviv que ya no
ven la realidad y no pueden entender el punto de vista de los palestinos.
Saeb Erekat, el jefe de los negociadores palestinos, lanzó a los
israelíes: “Ustedes no nos ven, somos invisibles”.

Exactamente lo mismo podría decirse a Estados Unidos (2), a quien se puede
aplicar, junto con los israelíes, el viejo principio de “lo que es mío
es mío, lo que es tuyo se negocia”. Las tierras conquistadas en 1967 son
“territorios disputados” y todos los derechos de los palestinos son
negociables, ya sea sobre Jerusalén Este, sobre las colonias, la
seguridad, los refugiados, el agua, etc. Así pues, cualquier concesión
queda a cargo de los ocupados, no de los ocupantes. Por eso es que, cuando
Israel acepta proceder a la retrocesión del 40% de Cisjordania, puede
proclamar que está haciendo una dolorosa concesión, comprometiendo su
seguridad, los derechos del “pueblo judío” en Eretz Israel (la tierra
de Israel), etc.

Esta postura sirve al gobierno israelí para acumular obstáculos, pidiendo
concesión tras concesión, y nunca ninguna es suficiente. Aunque los
palestinos reconocieron el Estado de Israel –pero no a la inversa–, se
les exige el reconocimiento de su carácter judío, cosa que nunca se
pidió a Egipto ni a Jordania (3) ni a los palestinos en tiempos del primer
mandato de Netanyahu (1996-1999).

Esta vez, sin embargo, una intransigencia tan arrogante provocó el mal
humor de los diplomáticos estadounidenses, que estalló en varias
ocasiones. Algunos de ellos –incluido el presidente Barack Obama–
mencionaron el hecho de que no existía una solución alternativa a la de
los dos Estados, sino un Estado único en el territorio histórico de
Palestina. El propio John Kerry alertó sobre un sistema de “apartheid”
(aunque se retractó rápidamente) (4).

En un primer momento, Washington había manifestado su satisfacción ante
el desarrollo de las negociaciones. Iniciadas en julio de 2013, iban a
durar nueve meses y la Autoridad Nacional Palestina aceptó múltiples
concesiones respecto de la legalidad internacional: desmilitarización del
futuro Estado palestino, presencia militar israelí en el río Jordán
durante cinco años, reemplazada luego por la de Estados Unidos, paso de
las colonias de Jerusalén a soberanía israelí, intercambio de
territorios que permitan que el 80% de los colonos de Cisjordania sean
integrados en el Estado de Israel. Por último, el regreso de los
refugiados estaría condicionado al acuerdo de Israel (5). Ningún otro
dirigente palestino había llegado tan lejos en las concesiones como Abbas
y es poco probable que en el futuro se encuentre otro que esté dispuesto a
aceptarlas.

A todos estos avances (o retrocesos, según el punto de vista que se
adopte), Israel respondió con un “¡No!” rotundo. Como cuenta una de
las fuentes estadounidenses de Nahum Barnea: “Israel presentó sus
necesidades de seguridad en Cisjordania. Pidió el control total de los
territorios [los estadounidenses nunca dicen “ocupados”, a pesar de la
Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU de noviembre de 1967].
Eso significaba, para los palestinos, […] que Israel seguiría
controlando Cisjordania para siempre”. Sin embargo, la cooperación en
materia de seguridad entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina nunca
había sido tan estrecha, ni la seguridad de los israelíes había sido tan
resguardada (en detrimento –recordémoslo– de la de los palestinos,
aprisionados por el recorte de los territorios, humillados por los
controles incesantes y regularmente abatidos en Cisjordania y Gaza). Según
la organización de defensa de derechos humanos B’tselem, en 2013 fueron
asesinados 36 palestinos, es decir, el triple que el año anterior.

Falsas promesas

Unas semanas antes del 29 de abril, fecha en que caducaba el plazo para las
negociaciones de paz, se hizo evidente que Netanyahu sólo buscaba ganar
tiempo. Primero se retractó de su promesa de liberar al cuarto grupo de
prisioneros palestinos encarcelados desde antes de 1993. La Autoridad
entonces replicó ratificando cierto número de tratados internacionales
(en particular las Convenciones de Ginebra que regulan las obligaciones de
las potencias ocupantes y que el gobierno israelí viola alegremente desde
1967), pero se abstuvo, por el momento, de ratificar la Convención de la
Corte Penal Internacional (CPI) que permitiría investigar a los líderes
israelíes por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Para la
CPI, la instalación de colonos en un territorio ocupado es un crimen de
guerra.

Cuando el gobierno israelí confirmó su determinación de prolongar el
control de Cisjordania “por los siglos de los siglos” (Biblia, Libro de
Daniel, 7-18), el presidente Mahmud Abbas, fuertemente discutido dentro de
Al Fatah e impopular, decidió que había llegado el momento de poner fin a
la división que, desde 2007, había debilitado la causa palestina. Las
condiciones habían madurado de ambos lados. El propio Hamas abrazó la
idea, debilitado por el bloqueo conjunto de Israel y las nuevas autoridades
egipcias –así como por la violenta campaña antipalestina instrumentada
por El Cairo– y cuestionado en su interior por organizaciones más
radicales, en particular el Yihad Islámico o grupos que responden a
Al-Qaeda.

Así, el pasado 23 de abril se firmó un acuerdo para la creación de un
gobierno de “técnicos” presidido por Abbas y la realización de
elecciones legislativas y presidenciales en un plazo de seis meses. La
Organización para la Liberación de Palestina (OLP) también tendría que
realizar elecciones internas e integrar a Hamas, que nunca había sido
miembro. Este acuerdo se adecua al firmado en El Cairo en 2011 y confirmado
en Doha en 2012, pero nunca implementado. El convenio –que no había
provocado la indignación de Washington y había sido celebrado por la
Unión Europea– fue la excusa que encontró Israel para romper las
negociaciones que, de todas maneras, estaban trabadas.

“Abbas debe elegir: o hacer la paz con Israel o reconciliarse con
Hamas” (6), proclamó Netanyahu, quien en los meses previos había puesto
en duda la “representatividad” de Abbas con el argumento de que no
controlaba Gaza… El líder palestino le respondió que el futuro gobierno
estaría compuesto por tecnócratas e independientes: “Los israelíes
preguntan: ¿reconoce este gobierno a Israel? Yo respondo: por supuesto.
¿Renuncia al terrorismo? Por supuesto. ¿Reconoce la legitimidad
internacional? Por supuesto” (7).

Se podrían remitir estas preguntas a Netanyahu y a su coalición
gubernamental, como así también a los partidos de carácter fascista que
participan en ella, como el Hogar Judío de Naftalli Bannet, y sus doce
diputados (de ciento veinte) (8). ¿Reconocen un Estado palestino
independiente en las fronteras de 1967 o las resoluciones de la ONU? Por
supuesto que no.

Pero la suspensión prolongada de las negociaciones perjudica a Washington
y a Tel Aviv: “Existe una amenaza muy concreta e inmediata para Israel si
intenta imponer sanciones económicas a los palestinos –explica un
funcionario estadounidense a Nahum Barnea–. Podrían actuar como un
búmeran […]. Podrían terminar en el desmantelamiento de la Autoridad
Palestina y los soldados israelíes deberían administrar la vida de 2,5
millones de palestinos, para gran pesar de sus madres. Los países donantes
dejarían de pagar y la factura de 3.000 millones de dólares tendrían que
pagarla ustedes, a través de su ministro de Economía” (9).

Por otra parte, mientras dure el supuesto “proceso de paz”, los
llamados a sancionar a Israel y su boicot son menos creíbles. No es
casualidad que el gobierno alemán haya decidido, después del cese de las
conversaciones, no subsidiar la compra de submarinos nucleares alemanes por
parte de Israel, lo cual costará cientos de millones de dólares a los
contribuyentes israelíes (10). Y la Unión Europea podría, luego de
tantas prórrogas y tanta condescendencia para con Israel, impartir
sanciones.

Lo que no cambiará, cualesquiera sean las violaciones cometidas contra la
legalidad internacional, es que Estados Unidos se mantendrá firme detrás
de Israel. Como explicaba Indyk recientemente: “Las relaciones
israelo-estadounidenses cambiaron de manera fundamental [desde la guerra de
octubre de 1973]. Sólo quienes los conocen íntimamente –como yo tengo
el privilegio de conocerlos– pueden dar testimonio de cuán profundos y
fuertes son los vínculos que unen a nuestras dos naciones.

Cuando el presidente Obama habla, con un orgullo justificado, de vínculos
‘irrompibles’, piensa lo que dice y sabe de qué habla” (11). Indyk
completa afirmando que, contrariamente a lo que sucedió después de la
guerra de octubre de 1973, cuando el secretario de Estado Henry Kissinger
negociaba un acuerdo entre Israel de un lado y Siria y Egipto del otro,
Obama nunca suspendería las relaciones militares con Tel Aviv como en su
momento hizo el presidente Richard Nixon.

Mañana, el Estado palestino, siempre mañana: así se puede resumir el
discurso estadounidense (12). Hay que aceptarlo, Washington no llevará por
sí solo y sin presiones la paz a Medio Oriente. Se necesitarán fuertes
medidas de sanción contra Israel adoptadas por Estados y de boicot
promovidas por la sociedad civil, para que los palestinos finalmente puedan
celebrar “el año próximo en Jerusalén”.

1. Nahum Barnea, “Inside the talks’ failure: US officials open un”,
www.ynetnews.com, 2-5-14.
2. Citado por Martin Indyk, “The Pursuit of Middle East Peace: A Status
Report”, Washington Institute for Near East Policy, Washington, 8-5-14.
3. Sylvain Cypel, “L’impossible définition de l’ ‘Etat juif’”,
OrientXXI.info, 5-5-14.
4. “John Kerry dément d’avoir qualifié Israël d’Etat
d’apartheid”, www.lemonde.fr, 29-4-14.
5. Véase Charles Enderlin, “Les Américains rejettent la responsabilité
de l’échec sur Israël”, Blog Géopolis, 3-5-14.
6. Herb Keinon, “Netanyahu: Abbas must choose, peace with Israel or
reconciliation with Hamas”, JPost.com, 23-4-14.
7. Entrevista en la televisión satelital palestina el 8 de mayo de 2014,
reproducida por la BBC Monitoring, Londres, 10-5-14.
8. Véase Yossi Gurvitz, “Israël aussi…”, Manière de voir, N° 1
34, “Nouveaux visages des extrêmes droites”, abril-mayo de 2014.
9. Citado por Nahum Barnea, op. cit.
10. Barak Ravid, “Germany nixes gunboat subsidy to Israel, citing
breakdown of peace talks”, Haaretz, Tel Aviv, 15-5-14.
11. Martin Indyk, “The Pursuit of Middle East Peace: A Status Report”,
Washington Institute for Near East Policy, Washington, 8-5-14.
12. Véase “Por qué Washington reconoció a Israel”, Le Monde
diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2011.

* De la redacción de Le Monde diplomatique, París.
Traducción: Gabriela Villalba

LUNES 21 DE JULIO DE 2014 – COMCOSUR
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4) ¿Quién está ganando en Gaza?
Operación «La estupidez de Netanyahu»
Uri Avnery (CounterPunch)
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

¿Cómo sería la historia si estuviera escrita en el estilo de «Acantilado
Sólido” (también conocido como Margen protector)?

Por ejemplo: Winston Churchill era un sinvergüenza.

Durante cinco años mantuvo la población de Londres bajo el fuego
incesante de la Luftwaffe alemana. Utilizó a los habitantes de Londres de
escudos humanos en su guerra loca. Mientras la población civil estaba
expuesta a las bombas y cohetes, y sin la protección de una «cúpula de
hierro», él estaba escondido en su búnker bajo el 10 de Downing Street.

Explotó a todos los habitantes de Londres como rehenes. Cuando los
líderes alemanes hicieron una propuesta generosa de paz la rechazó por
razones ideológicas dementes. Así condenó a su pueblo a un sufrimiento
inimaginable.

De vez en cuando salía de su escondite bajo tierra para sacarse una foto
frente a las ruinas y luego regresaba a la seguridad de su nido de ratas.
Pero para la gente de Londres, decía «¡Las generaciones futuras dirán
que este fue su mejor momento!»

La Luftwaffe alemana no tuvo más remedio que continuar el bombardeo sobre
la ciudad. Sus comandantes anunciaron que estaban golpeando sólo objetivos
militares, como las casas de los soldados británicos, donde las consultas
militares tenían lugar.

La Luftwaffe alemana pidió a los habitantes de Londres que salieran de la
ciudad y, en efecto, se evacuó amuchos niños. Pero la mayoría de los
londinenses hicieron caso al llamado de Churchill de permanecer,
condenándose a la suerte de «daños colaterales».

La esperanza del alto mando alemán de que la destrucción de sus casas y
el asesinato de sus familiares podría inducir a la gente de Londres a
levantarse, echar a Churchill y su pandilla belicista, no llegaron a nada.

Los primitivos londinenses, cuyo odio a los alemanes superó su lógica,
siguieron las perversas instrucciones del cobarde de Churchill. Su
admiración por él creció de día en día y al final de la guerra se
había convertido casi en un dios.

Una estatua suya se encuentra aún hoy enfrente del Parlamento en
Westminster.

Cuatro años después la rueda de la historia se revirtió. Las fuerzas
aéreas británicas y estadounidenses bombardearon las ciudades alemanas y
las destruyeron por completo. No quedó piedra sobre piedra, destruyeron
palacios gloriosos, borraron tesoros culturales. Los «civiles no
implicados» volaron en pedazos, se quemaron vivos o simplemente
desaparecieron. Dresde, una de las ciudades más bellas de Europa, fue
totalmente destruida en pocas horas por una «tormenta de fuego».

El objetivo oficial era destruir la industria de guerra alemana, pero no se
consiguió. El verdadero objetivo era aterrorizar a la población civil con
el fin de inducirlos a remover a sus líderes y capitular.

No sucedió. De hecho, la única rebelión seria contra Hitler estuvo a
cargo de altos oficiales del ejército (y fracasaron). La población civil
no se rebeló. Al contrario. En una de sus diatribas contra los «pilotos
terroristas» Goebbels declaró: «¡Pueden destruir nuestras casas, pero no
pueden corromper nuestro espíritu!»

Alemania no capituló hasta el último momento. Millones de toneladas de
bombas no fueron suficientes. Solo fortalecieron la moral de la población
y su lealtad al Führer.

Y así llegamos a Gaza.

Todo el mundo se pregunta: ¿quién está ganando este combate?

Que debe responderse, a la manera judía, con otra pregunta: ¿cómo
juzgar?

La definición clásica de la victoria es: el bando que queda en el campo
de batalla es el ganador. Pero aquí nadie se ha movido. Hamás sigue ahí.
Igual que Israel.

Carl von Clausewitz, el teórico de guerra prusiano, pronunció la célebre
frase de que la guerra no es sino la continuación de la política por
otros medios. Pero en esta guerra ninguna de las partes tenía ningún
objetivo político claro. Así que la victoria no se puede juzgar de esta
manera.

El bombardeo intensivo de la Franja de Gaza no ha producido la
capitulación de Hamás. Por otro lado, la campaña intensiva de cohetes
lanzados por Hamás, que cubría la mayor parte de Israel, tampoco ha
tenido éxito. El impresionante éxito de los cohetes de llegar a todas
partes de Israel se ha unido con el impresionante éxito de la «Cúpula de
Hierro» anticohetes para interceptarlos.

Así hasta ahora estamos en un callejón sin salida.

Pero cuando una pequeña fuerza de combate en un territorio pequeño logra
un enfrentamiento con uno de los ejércitos más poderosos del mundo se
puede considerar una victoria.

La falta de un objetivo político de Israel es el resultado del pensamiento
confuso. El liderazgo israelí, tanto político como militar, no sabe
realmente cómo tratar con Hamás.

Puede que ya se hayan olvidado de que Hamás es en gran medida una
creación de Israel. Durante los primeros años de la ocupación, cuando
reprimía brutalmente cualquier actividad política en Cisjordania y la
Franja de Gaza, el único lugar en el que los palestinos podían reunirse y
organizarse era la mezquita.

En ese momento Fatah estaba considerado el archienemigo de Israel. El
liderazgo israelí satanizaba a Yasser Arafat, el archi-architerrorista
terrorista. Los islamistas, que aborrecían a Arafat, estaban considerados
el mal menor, incluso aliados secretos.

Alguna vez le pregunté al jefe del Shin Bet si su organización había
creado a Hamás. Su respuesta: «No los hemos creado. Los toleramos».

Esto cambió sólo un año después del inicio de la primera Intifada
cuando el líder de Hamás, el jeque Ahmad Yassin fue arrestado. Desde
entonces, por supuesto, la realidad se ha revertido completamente: Fatah es
ahora un aliado de Israel desde el punto de vista de seguridad y Hamas el
archi-architerrorista.

Pero, ¿lo es?

Algunos funcionarios israelíes dicen que si no existiera Hamás habría
que inventarlo. Hamás controla la Franja de Gaza. Se le puede considerar
responsable de lo que sucede allí. Proporciona la ley y el orden. Es un
socio de confianza para un alto el fuego.

Las últimas elecciones palestinas, que se celebraron bajo la supervisión
internacional, desembocaron en la victoria de Hamás, tanto en la Ribera
Occidental como en la Franja de Gaza. Cuando negaron el poder a Hamás, lo
tomó en la franja de Gaza por la fuerza. Según todas las fuentes fiables,
goza de la lealtad de la gran mayoría en el territorio.

Todos los expertos israelíes coinciden en que si cayera el régimen de
Hamás en Gaza se harían cargo grupos islámicos disidentes mucho más
radicales y podrían sumergir a la Franja, con sus 1,8 millones de
habitantes, en un caos total. A los expertos militares no les gusta eso.

Así que el objetivo de la guerra, si se puede califiicar como tal, no es
destruir a Hamás, sino dejarlo en el poder, aunque mucho más debilitado.

Pero, por el amor de Dios, ¿cómo se puede hacer eso?

Una manera, que exigen ahora los ultraderechistas, del Gobierno, es ocupar
toda la Franja de Gaza.

A lo cual los líderes militares vuelven a responder con una pregunta: ¿
ydespués qué?

Una nueva ocupación permanente de la Franja es una pesadilla militar. Esto
significaría que Israel asumiera la responsabilidad de pacificar y
alimentar a 1,8 millones de personas (la mayoría de las cuales, por
cierto, son refugiados procedentes de Israel en 1948 y sus descendientes).
Se produciría una guerra de guerrilla. Realmente nacie en Israel quiere
eso.

¿Ocupar y luego abandonar? Se dice fácil. La ocupación en sí sería una
operación sangrienta. Si se adopta la doctrina de «Plomo fundido»,
significaría más de mil, quizá varios miles de muertos palestinos. Esta
doctrina (no escrita) dice que si hay que asesinar a un centenar de
palestinos para salvar la vida de un soldado israelí, que así sea. Pero
si las bajas israelíes ascienden aunque sólo sea a una decenas de
muertos, el estado de ánimo en el país cambiará por completo. El
ejército no quiere correr ese riesgo.

Por un momento el martes parecía que se había logrado un alto el fuego
para gran alivio de Binyamin Netanyahu y sus generales.

Pero fue una ilusión óptica. El mediador fue el nuevo dictador egipcio,
una persona odiada por los islamistas de todo el mundo. Es un hombre que ha
matado y encarcelado a cientos de Hermanos Musulmanes. Es aliado militar
declarado de Israel y cliente de la generosidad estadounidense. Por otra
parte, desde que Hamás surgió como una rama de la Hermandad Musulmana
egipcia, el general Abd-al-Fatah Al-Sisi lo odia con todo su corazón, y no
lo oculta.

Así, en lugar de negociar con Hamás hizo algo sumamente estúpido: dictar
un alto el fuego en términos israelíes sin consultar a Hamás. Los
líderes de Hamás se enteraron del alto el fuego propuesto por los medios
de comunicación y lo rechazaron de plano.

Mi opinión es que sería mejor que el ejército israelí y Hamás
negociaran directamente. A lo largo de la historia militar el alto el fuego
ha sido dispuesto por los comandantes militares. Un lado envía un oficial
con una bandera blanca al comandante de la otra parte y el alto el fuego se
concierta o no. (Un famoso general americano respondió a una oferta
alemana de este tipo con «¡Castañas!»).

En la guerra de 1948, en mi sector del frente, un corto de alto el fuego
fue organizado por Major Yerucham Cohen y un joven oficial egipcio llamado
Gamal Abd-al-Nasser.

Dado que esto parece imposible con los actuales partidos, hay que encontrar
otro corresponsal realmente honesto.

Mientras tanto Netanyahu fue empujado por sus colegas/rivales a enviar las
tropas a la Franja, para intentar al menos localizar y destruir los
túneles cavados por Hamás debajo de la valla fronteriza para lanzar
ataques por sorpresa a los asentamientos fronterizos.

¿Cuál será el final de esto? No habrá final, sólo una ronda tras otra,
a menos que se adopte una solución política.

Esto significaría: detener los cohetes y las bombas, poner fin al bloqueo
israelí, permitir a la población de Gaza vivir dignamente, fomentar la
unidad palestina normal bajo un gobierno de unidad real, realizar
negociaciones serias de paz, hacer la paz.

LUNES 21 DE JULIO DE 2014 – COMCOSUR
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5) Caos planificado en Medio Oriente y lo que hay detrás
Una alianza impía entre el complejo militar-industrial de seguridad y el
lobby israelí
Ismael Hossein-Zadeh (CounterPunch)
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Los observadores geopolíticos de la turbulencia de Oriente Medio tienden a
culpar del caos que asola a la zona al presunto fracaso de las políticas
“contradictorias», “incoherentes” e “ilógicas” de los Estados
Unidos. Evidencias irrefutables (algunas de las cuales se presentan en este
artículo) sugieren, sin embargo, que en realidad el caos representa el
éxito, no el fracaso, de esas políticas que han sido diseñadas por los
beneficiarios de la guerra y las aventuras militares en la región y más
allá. Mientras que las políticas estadounidenses en la región son
ciertamente irracionales y contradictorias desde el punto de vista de la
paz internacional, o incluso desde el punto de vista de los intereses
nacionales de Estados Unidos en su conjunto, son bastante lógicas desde el
punto de vista de los beneficiarios económicos y geopolíticos de la
guerra y de las hostilidades internacionales, es decir, para (a) el
complejo militar-industrial y (b) los defensores sionistas militantes del
«gran Israel».

Las semillas del caos se plantaron hace unos 25 años, cuando se derrumbó
el Muro de Berlín. Dado que la razón de ser del grande y creciente
aparato militar durante los años de la Guerra Fría fue la «amenaza del
comunismo», los ciudadanos estadounidenses celebraron la caída del Muro
como el fin del militarismo y el amanecer de los «beneficios de la paz»,
una referencia a los beneficios que, se esperaba, muchos podrían disfrutar
en los Estados Unidos como resultado de una reorientación de la parte del
presupuesto del Pentágono hacia las necesidades sociales no militares.

Pero mientras la mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos celebró la
perspectiva de lo que parecían ser los inminentes «beneficios de la paz»,
los poderosos intereses creados en la expansión del gasto
militar/seguridad se sintieron amenazados. No es sorprendente que estas
fuerzas influyentes se movieron rápidamente para salvaguardar sus
intereses ante la «amenaza de la paz».

Para acallar las voces que exigían dividendos de la paz, los beneficiarios
de la guerra y el militarismo comenzaron a redefinir metódicamente las
«fuentes de amenaza» de la post-Guerra Fría en el marco más amplio del
nuevo mundo multipolar, que va mucho más allá de la tradicional «amenaza
soviética» del mundo bipolar de la Guerra Fría. En lugar de la «amenaza
comunista» de la era soviética, la «amenaza» de «estados canallas» del
islam radical y del «terrorismo global» tendrían que funcionar como los
nuevos enemigos.

La cúpula militar presentó en público la mayor parte de la reevaluación
del mundo posterior a la Guerra Fría. Por ejemplo, el general Carl Vuno,
Jefe de Estado Mayor del Ejército de EE.UU., dijo a un comité de la
Cámara en mayo de 1989: «Mucho más compleja [que cualquier peligro que
suponía la Unión Soviética] es la situación de amenaza en desarrollo en
el resto del mundo… En este mundo cada vez más multipolar, nos
enfrentamos a la posibilidad de múltiples amenazas por parte de los
países y de los actores que son cada vez militar y políticamente más
agresivos» [2].

El general Colin Powell, presidente del Estado Mayor Conjunto en ese
momento, argumentó asimismo ante un comité del Senado que a pesar de la
caída de la Unión Soviética, Estados Unidos necesita continuar su
crecimiento militar debido a las numerosas otras obligaciones: «Con todos
estos desafíos que enfrenta nuestra nación, es imposible para mí creer
que la desmovilización o vaciamiento de los recursos militares
estadounidenses es algo factible para el futuro. El verdadero ‘beneficio de
la paz es la propia paz… La paz se logra por medio del mantenimiento de
la fuerza» [3].

Mientras los altos mandos militares, a menudo con uniformes ingeniosos y
extravagantes, tomaron públicamente el centro del escenario en la lucha
contra la reducción del tamaño del complejo militar-industrial, los
militaristas civiles que trabajaban en el Pentágono y en torno a él y los
halcones de los think-tanks militaristas asociados, maquinaban detrás de
las escenas. Dichos halcones de entonce incluían al secretario de Defensa
Dick Cheney, al subsecretario de Defensa Paul D. Wolfowitz, a Zalmay
Khalilzad, más tarde ayudante de Wolfowitz y a I. Lewis «Scooter» Libby,
entonces Subsecretario Adjunto de Estrategia para la Defensa. Este grupo de
hombres y sus correligionarios y colaboradores (como Richard Perle, Douglas
Feith, Michael Ladeen, Elliott Abrams, Donald Rumsfeld, William Kristol,
John Bolton, y otros) trabajaron diligentemente juntos para evitar los
recortes posteriores a la Guerra Fría. «Lo que temíamos era que la gente
dijera: ‘Vamos a traer todas las tropas a casa y vamos a abandonar nuestra
posición en Europa'», recordó Wolfowitz en una entrevista [4].

Mientras la comandancia militar a menudo estaba oficialmente afiliada con
el Pentágono y/o la administración de Bush (padre), también colaboró
estrechamente con una serie de grupos patrioteros de reflexión y presión
como el American Enterprise Institute, el Proyecto para el Nuevo Siglo
Americano y el Instituto judío para Asuntos de Seguridad Nacional, que se
creó para servir tanto de lobby para armamento o el lobby de Israel, o
ambos juntos. Incluso una mirada superficial a los registros de los
miembros de estos tanques del pensamiento militarista, sus afiliaciones,
sus fuentes financieras, sus estructuras institucionales, y demostraciones
creadas para servir esencialmente como fachadas institucionales para
camuflar el negocio incestuoso y/o la relación política entre el
Pentágono, sus principales contratistas, los altos mandos militares, el
lobby de Israel, y de otros organismos también de línea dura dentro y
fuera del gobierno [5].

En un esfuerzo cuidadosamente calculado para redefinir el mundo posterior a
la Guerra Fría como un mundo «más peligroso», y en consecuencia elaborar
una nueva «Estrategia de Seguridad Nacional» para los Estados Unidos, este
equipo de planificadores militares y think-tanks militaristas produjo un
nuevo documento geopolítico militar en el período inmediatamente
posterior a la caída de la Unión Soviética, que llegó a ser conocido
como » Defense Planning Guidance», o «Estrategia de Defensa de la década
de 1990». El documento, dado a conocer por la Casa Blanca a principios de
1990 ante el Congreso , se centró en los «impredecibles puntos turbulentos
en el Tercer Mundo» como nuevas fuentes de atención para el poder militar
de EE.UU. en la era posterior a la Guerra Fría: «En la nueva era, prevemos
que nuestro poder militar seguirá siendo un fundamento esencial en el
equilibrio global… con más probables demandas para el uso de nuestras
fuerzas militares que no impliquen a la Unión Soviética y puedan estar en
el Tercer Mundo, donde pueden hacer falta nuevos enfoques y
potenciales»[6].

Para responder a «las turbulencias en las regiones más vitales», la nueva
situación requería una estrategia de » disuasión discriminada», una
estrategia militar que «podría contener y reprimir los conflictos
regionales o locales en el Tercer Mundo con la velocidad del rayo y la
eficacia de barrido antes de que se escapen de las manos». En el mundo
posterior a la Guerra Fría de» múltiples fuentes de amenazas «, Estados
Unidos también tendría que estar preparado para luchas «de baja
intensidad «y» guerras de mediana intensidad». Baja o mediana intensidad no
se refiere al nivel de potencia de fuego y violencia empleada, sino a la
escala geográfica en comparación con una guerra total mundial o regional
que podría perturbar el comercio internacional y paralizar a los mercados
globales.

La «Estrategia de Defensa para los años 1990», también trataba sobre el
mantenimiento y la ampliación de la «profundidad estratégica» de Estados
Unidos, un término acuñado por el entonces secretario de Defensa, Dick
Cheney. «Profundidad estratégica» tenía una connotación geopolítica, lo
que significa que, a raíz de la caída del Muro de Berlín, los Estados
Unidos deben ampliar su presencia global, en términos de las bases
militares, estaciones de escucha y / o de inteligencia y de tecnología
militar para áreas previamente neutrales o bajo la influencia de la Unión
Soviética.

De esta manera, estas profecías auto cumplidas eran inconfundibles:
habiendo así retratado (y, posteriormente, creado) el mundo posterior a la
Guerra Fría como un lugar lleno de «múltiples fuentes de amenazas a los
intereses nacionales de EE.UU.», los poderosos beneficiarios del
presupuesto del Pentágono tuvieron éxito en el mantenimiento del nivel
del gasto militar como era durante la Guerra Fría. Los partidarios del
militarismo continuo «se movían con notable rapidez para garantizar que el
colapso [de la Unión Soviética] no afecte el presupuesto del Pentágono o
nuestra ‘posición estratégica’ en el globo que habíamos obtenido en
nombre del anticomunismo» [7].

Para llevar a cabo este delineamiento de «Estrategia de Seguridad Nacional»
en el mundo posterior a la Guerra Fría, los planificadores militaristas
estadounidenses necesitan pretextos, que a menudo significan inventar o
fabricar enemigos. Los beneficiarios de los dividendos de la guerra a veces
encuentran por definición a los «enemigos y amenazas externos»
“decidiendo unilateralmente qué acciones en todo el mundo se definen
como terrorismo», o clasificando arbitrariamente ciertos países como
«partidarios del terrorismo», como precisó Bill Christison, jubilado
asesor de la CIA [8].

También crean fricciones internacionales por medio de políticas
insidiosas que provocan la ira y la violencia, lo que justifica la guerra y
la destrucción, que activarán nuevos actos de terror y violencia en la
forma de un círculo vicioso. Por supuesto, la fuerza impulsora detrás de
esta nefasta estrategia de auto-cumplimiento de la guerra y el terrorismo
es mantener los altos dividendos del negocio de la guerra. El fallecido
Gore Vidal ha caracterizado satíricamente esta malvada necesidad de los
beneficiarios de la guerra y el militarismo de proponer constantemente
nuevas amenazas y enemigos como un «el club del enemigo del mes: cada mes
nos enfrentamos a un nuevo enemigo horrible a quien tenemos que atacar
antes de que nos destruya» [9].

Una pequeña guerra aquí, una pequeña guerra allí, una guerra de «baja
intensidad» en el país X, y una guerra de «mediana intensidad» en el país
Y, -cínicamente guionadas como «guerras controladas»-son estrategias que
mantendrían las asignaciones militares fluyendo hacia las arcas del
complejo militar-industrial sin causar un conflicto mayor o mundial que
podrían paralizar por completo los mercados mundiales.

Contra este contexto, -el colapso de la Unión Soviética, la «amenaza de
los dividendos de la paz» para los intereses del complejo
militar-industrial, y la consiguiente necesidad de los beneficiarios de los
dividendos de guerra para sustituir la «amenaza comunista» de la Guerra
Fría-, la reacción del gobierno de los EE.UU. a los atroces ataques del
9/11 que vio una oportunidad para la guerra y la agresión, no debería
haber sido una sorpresa para cualquiera que esté familiarizado con las
necesidades viciosas de militarismo. Los ataques monstruosos fueron
tratados no como delitos sino como «guerra a Estados Unidos». Una vez que
se establece así, que Estados Unidos estaba «en guerra», la propaganda
militar y las agresiones imperialistas actuaron en consecuencia. Como
manifestó Chalmers Johnson, la tragedia del 11/9 «sirvió como maná del
cielo para una administración decidida a escalar la rampa de los
presupuestos militares» [10].

Los adalides de las guerras por elección de los Estados Unidos ya habían
marcado los gobiernos «no amistosos», como el de Irán, Irak, Siria, Libia
y Corea del Norte con la definición de canallas y / o partidarios del
terrorismo, que requieren «un cambio de régimen.» Sin embargo, antes de
los ataques del 9 / 11, estas etiquetas demonización no era al parecer
suficiente para convencer al pueblo estadounidense de apoyar guerras de
preferencia de los Estados Unidos. La tragedia del 11/9 sirvió para el
codiciado pretexto que necesitaban los militaristas para llevar a cabo
tales guerras, de ahí, el cambio de régimen en Irak, para ser seguido por
cambios similares de regímenes «no amistosos» en muchos otros países de
la región y de todo el mundo.

Del mismo modo que los beneficiarios de dividendos de guerra, el complejo
militar-industrial de seguridad, vio la paz y la estabilidad hostiles a sus
intereses internacionales, por lo que también los partidarios sionistas
militantes del «gran Israel» perciben la paz entre Israel y sus vecinos
palestinos / árabes peligrosa a su objetivo de lograr el control de la
«tierra prometida». La razón de este miedo de la paz es que, de acuerdo
con una serie de resoluciones de las Naciones Unidas, la paz significaría
el regreso de Israel a sus fronteras anteriores a 1967, es decir, la
retirada del Cisjordania y la Franja de Gaza. Pero debido a que los
defensores de la «gran Israel» no están dispuestos a retirarse de esos
territorios ocupados, por lo tanto tienen miedo de la paz-de ahí, sus
continuos intentos de sabotear los esfuerzos de negociaciones con miras a
la paz.

De la misma manera, estos sectores ven la guerra y la convulsión (o, como
dijo David Ben-Gurion, uno de los principales fundadores del Estado de
Israel, , «atmósfera revolucionaria») como oportunidades propicias para la
expulsión de los palestinos, para la redistribución geográfica de la
región, y para la expansión del territorio de Israel. «Lo que es
inconcebible en tiempos normales», señaló Ben-Gurion, «es posible en
tiempos de revolución; y si en ese momento se pierde la oportunidad y lo
que es posible en tan gran momento, un mundo entero que se pierde «[11].

Haciéndose eco de un malicioso sentimiento similar, – la disolución y
fragmentación de los estados árabes en un mosaico de grupos étnicos es
posible sólo en condiciones de guerra y convulsión sociopolítica-, el
notorio halcón Ariel Sharon asimismo señaló el 24 de marzo de 1988, «que
si el levantamiento de los palestinos continúa, Israel tendría que hacer
la guerra a sus vecinos árabes. La guerra, dijo, proporcionaría ‘las
circunstancias’ para la eliminación de toda la población palestina de
Cisjordania y Gaza, e incluso las del interior del propio Israel «[12].

La opinión de que la guerra «proporcionaría las circunstancias» para la
eliminación de los palestinos de los territorios ocupados, se basa en la
expectativa de que los Estados Unidos estaría de acuerdo con la idea y
que, por lo tanto, apoyaría el expansionismo israelí en el caso de
contemplar la guerra. La expectativa de ninguna manera es extravagantes o
inusual, al igual como contemplan los beneficiarios de la guerra y el gasto
militar en los EE.UU. De hecho, con mucho gusto obligan, no tanto por el
bien de Israel o del pueblo judío sino por sus propios y nefastos
propósitos -de ahí la alianza de facto entre el complejo
militar-industrial y el lobby de Israel-.

Debido a que los intereses de estos dos poderosos grupos de interés
convergen sobre el fomento de la guerra y la convulsión política en el
Medio Oriente, se ha forjado entre ellos una alianza fatídicamente
potente, fatídica porque la poderosa máquina de guerra de EE.UU. ahora se
complementa con las capacidades de relaciones públicas casi incomparables
de la línea dura del lobby pro-Israel en los Estados Unidos. La
convergencia y / o interdependencia de los intereses del complejo
militar-industrial y los del sionismo militante en la guerra y la
convulsión política en el Medio Oriente, está en el centro del ciclo
perpetuo de violencia en la región.

La alianza entre el complejo militar-industrial y el lobby de Israel es
extraoficial y de facto; se forjó sutilmente a través de una compleja red
de poderosos think tanks militaristas como el American Enterprise
Institute, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, el Comité de Asuntos
Públicos de Estados Unidos e Israel, el Middle East Media Research
Institute, el Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente,
Middle East Forum, el Instituto Nacional para la Política Pública, el
Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional, y el Centro para la
Política de Seguridad.

En el período inmediatamente posterior a la Guerra Fría, estos think
tanks militaristas y sus operarios de línea dura dentro y fuera del
gobierno publicaron una serie de documentos de política que con claridad y
fuerza abogaban por planes para el cambio de fronteras, cambios
demográficos, y cambios de régimen en Oriente Medio. Por ejemplo, en 1996
un influyente think tank israelí, el Instituto de Estudios Estratégicos y
Políticos de Avanzada, patrocinó y publicó un documento de política
titulado «Un corte limpio: Una nueva estrategia para asegurar el área»,
que argumentaba que el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu
«debe» hacer una clara ruptura «con el proceso de paz de Oslo y reafirmar
el reclamo de Israel por la Ribera Occidental y Gaza. Presentaba un plan
por el cual Israel «daría la forma a su ‘entorno estratégico’,
empezando por el derrocamiento de Saddam Hussein y la instalación de una
monarquía hachemita en Bagdad, para servir como un primer paso hacia la
eliminación de los gobiernos anti-israelíes de Siria, Líbano, Arabia
Saudita e Irán «[13].

En una «Carta Abierta al Presidente» (Clinton), fechada el 19 de Febrero de
1998, halcones think-tanks y personas ubicadas ideológicamente en la
línea dura, representando el complejo militar-industrial y el lobby de
Israel, recomendaron «una estrategia política y militar global para
derrocar a Saddam y su régimen”. Entre los firmantes de la carta se
encuentran: Elliott Abrams, Richard Armitage, John Bolton, Douglas Feith,
Paul Wolfowitz, David Wurmser, Dov Zakheim, Richard Perle, Donald Rumsfeld,
William Kristol, Joshua Muravchik, Leon Wieseltier, y el ex El congresista
Stephen Solarz [14].

En septiembre de 2000, otro grupo de reflexión militarista, llamado
Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), publicó un informe titulado
«Reconstruyendo las Defensas de América: Estrategia, Fuerzas y Recursos
para un Nuevo Siglo», que proyecta explícitamente un papel imperial de los
Estados Afirma el mundo. Se ha dicho, por ejemplo, «Los Estados Unidos
durante décadas ha tratado de desempeñar un papel más permanente en la
seguridad regional del Golfo [Pérsico]. Si bien el conflicto no resuelto
con Irak proporciona la justificación inmediata, la necesidad de una
presencia sustancial de fuerzas estadounidenses en el Golfo trasciende la
cuestión del régimen de Saddam Hussein. «Los patrocinadores del informe
incluyen a Richard Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Lewis Libby , y
William Kristol, quien también colaboró en la autoría del informe [15].

El influyente Instituto Judío para los Asuntos de Seguridad Nacional
(JINSA), también emitió ocasionalmente declaraciones y documentos de
política abogando fuertemente por «cambios de régimen» en el Medio
Oriente. Su asesor Michael Ladeen, quien también era consejero extra
oficial de la administración Bush en temas de Oriente Medio, habló
abiertamente de la próxima era de «guerra total», indicando que los
Estados Unidos debería ampliar su política de «cambio de régimen» en
Irak a otros países de la región, tales como Irán y Siria. «En su
ferviente apoyo a la línea dura, a favor de los asentamientos, a las
políticas anti-palestinas al estilo Likud en Israel, JINSA ha recomendado,
esencialmente, que el ‘cambio de régimen’en Irak debería ser sólo el
comienzo de una cascada dominó de derrocamientos en el Medio Oriente»
[16].

En resumen, la evidencia abrumadora (e irrefutable) del caos que asola a
Oriente Medio, África del Norte y Europa del Este / Ucrania no se debe a
las políticas «equivocadas» de los Estados Unidos y sus aliados, como
muchos críticos y comentaristas tienden a mantener. Es, más bien, debido
a las políticas premeditadas y cuidadosamente elaboradas que han sido
pergeñadas por una impía alianza entre el complejo militar-industrial de
seguridad y el lobby de Israel en el mundo posterior a la Guerra Fría.

Ismael Hossein-Zadeh es profesor emérito de Economía (Universidad de
Drake). Él es el autor de Beyond Mainstream Explanations of the Financial
Crisis (Routledge 2014), The Political Economy of U.S. Militarism
(Palgrave–Macmillan 2007), and the Soviet Non-capitalist Development: The
Case of Nasser’s Egypt (Praeger Publishers 1989). He is also a
contributor to Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK
Press 2012).

Referencias

[1] Se utilizan en este ensayo extensos extractos de mi libro, The
Political Economy of U.S. Militarism , especialmente de los capítulos 4 y
6.
[2] Citado por Sheila Ryan en » “Power Projection in the Middle East,”
inMobilizing Democracy, editado por Greg Bates (Monroe, Maine: Common
Courage Press, 1991), p. 47.
[3] Ibid., P. 46.
[4] James Mann, “The True Rationale? It’s a Decade Old,” Washington
Post, Sunday (7 March 2004), pag B02.
[5] Para una exposición detallada de esta dudosa relación ver The
Political Economy of U.S. Militarism (Palgrave-Macmillan 2007), cap 6.
[6] Chalmers Johnson, The Sorrows of Empire (New York, NY: Metropolitan
Books, 2004), pp 20-21.
[7] Ibid., P. 20.
[8] Bill Christison «la desastrosa política exterior de los Estados
Unidos», Counterpunch . org (9 mayo 2002),
http://www.comcosur.org/envios/lt.php?id=YkxUVEpXDU5VAAdS
[9] Gore Vidal, Perpetual War for Perpetual Peace: How We Got To Be So
Hated (New York: Thunder’s Mouth Press/Nation Books, 2002), pp. 20-1.
[10] Chalmers Johnson, The Sorrows of Empire (New York, NY: Metropolitan
Books, 2004), p. 64.
[11] Citado en J. Stephen Sniegoski, «La guerra contra Irak: Concebido en
Israel,» http://www.comcosur.org/envios/lt.php?id=YkxUVUpXDU5VAAdS
[12] Ibid.
[13] Ibid.
[14] Ibid.
[15] Ibid.
[16] William D. Hartung, How Much Are You Making on the War, Daddy ? (New
York: Nation Books, 2003), p.109.

LUNES 21 DE JULIO DE 2014 – COMCOSUR
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“Las ideas dominantes de la clase dominante son en cada época las ideas
dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en
la sociedad resulta ser al mismo tiempo la fuerza espiritual dominante, la
clase que controla los medios de producción intelectual, de tal manera que
en general las ideas de los que no disponen de medios de producción
intelectual son sometidos a las ideas de la clase dominante”. Carlos Marx
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POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL ES UNA PRODUCCIÓN DE
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Coordinación : Carlos Casares – DIRECCIÓN POSTAL:
Proyectada 17 metros 5192 E (Parque Rivera) 11400 MONTEVIDEO – URUGUAY E
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