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UNA IZQUIERDA PARA EL SIGLO XXI

1) Haití: “No vamos a votar, estamos en rebelión” –
2) Wikileaks a la carga contra el imperio –
3) ¿Podrá Rusia con la oleada de inmigrantes ucranianos? –
4) Fukushima mon amour –
5) Una izquierda para el siglo XXI

COMCOSUR — POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL / AÑO 16 / Nº 758 / Lunes 25 de Enero de 2016 / REVISTA DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS / Producción: Andrés Capelán – Coordinación: Carlos Casares
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“Vivimos en la mentira del silencio. Las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca. Eso lo hacen quienes tienen el monopolio de la palabra. Y el combatir ese monopolio es central.” — Emir Sader
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1) Haití: “No vamos a votar, estamos en rebelión”
Pierre Reip (IzquierdaDiario)
Traducción Juan Romero

La segunda ronda presidencial de Haití que se iba a realizar el domingo 24 de enero fue suspendida. La ira y el descontento se eleva frente a un proceso electoral totalmente corrompido en un país militarmente ocupado por la ONU con la bendición de los Estados Unidos.

En Europa, la prensa habló de Haití durante el terremoto del 12 de enero de 2010. De la noticia al silencio total. La indignación fue de corta duración. La mascarada humanitaria sirvió de pretexto para la ocupación por las fuerzas de paz bajo el patrocinio de Washington. Gran parte de la financiación fue desviada y las heridas del desastre siguen abiertas. Miles de desplazados aún no han encontrado un lugar donde establecerse. La precariedad es generalizada y el estado de salud de las familias reubicadas en los campamentos temporales es muy preocupante… El temporal puede durar mucho tiempo y gran parte de los haitianos se encuentran bajo un Estado policial de la MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para Estabilización de Haití). Presentes desde 2004 para controlar a una población que ya lleva sobre sí enormes sacrificios, las fuerzas de paz también son responsables de “asegurar las elecciones”, junto con la Policía Nacional de Haití (PNH) y juntos acallan cualquier disidencia.

“Nosotros no vamos a votar, estamos en rebelión”, “¡El Domingo, no vamos a ir a votar, vamos a tener nuestros machetes y piedras!” “Matar a Opont, Martelly y olvidaros de Obama!”

Estas fueron las consignas que se escucharon durante las protestas el lunes y martes que reunieron a varios miles de personas en Puerto Príncipe en contra de la celebración de las elecciones del domingo. Opont, el presidente del Consejo Electoral Provisional, es odiado por estar corrompido hasta el cuello. Y Martelly, conocido como Dulce Micky, desde 14 de mayo de 2011 por llevar una política algo más suave, es el Presidente de la República de Haití. Su elección había sido ampliamente cuestionada en su momento. Cinco años después, la ira ha crecido.

Así que, por supuesto, la oposición está tratando de ponerse a la cabeza de la protesta contra las elecciones, pero los acontecimientos de esta semana, que siguen a los de otoño de 2015, durante la primera vuelta de las elecciones, están lejos de reducirse a un deseo de alternancia política. Es también una rebelión ante una clase política corrupta y ante la injerencia imperialista – en primer lugar de los Estados Unidos -.

En las elecciones del 24 de enero, Jude Célestin, el líder del partido de oposición LAPEH (Liga alternativa para el progreso y la emancipación de Haití) se suponía que enfrentaría a Jovenel Moisés, el candidato apoyado por el presidente. Frente al creciente rechazo de las elecciones en la población, anunció que se retiraba de la segunda ronda y no dudó en hablar de elecciones “farsa”. Ante esta crisis política, el Consejo Electoral Provisional parece tener un solo candidato de la ejecutiva para presentarse a las elecciones.

Finalmente, fue suspendida también la segunda vuelta electoral.

Ante la indiferencia del mundo, el escritor Lyonel Trouillot publicaba el martes en el periódico haitiano “Le Nouvelliste” un mensaje dirigido a las sociedades civiles de los Estados representados en la ocupación de Haití. He aquí un extracto:

“El conflicto en una realidad que no está exenta de dificultades, pero no permite al ciudadano informarse de las situaciones diarias. ¿Sabes lo que están haciendo en tu nombre? ¿Lo que han hecho en tu nombre? ¿Cómo gastan tu dinero? ¿Qué imagen dan de tu país? ¿Sabes que en tu nombre, con tu dinero, se toleran los abusos de un ejecutivo que sistemáticamente se negó a obedecer al calendario electoral establecido por la Constitución de Haití? ¿Sabes que hoy apoyan al mismo ejecutivo a final del mandato para la realización de “elecciones” con un candidato presidencial único: el de la ejecutiva del partido? (…)

¿Sabes que este consejo electoral fue defendido exclusivamente por el ejecutivo y sus representantes? ¿Sabes que si sus representantes continúan e imponen el único candidato como Presidente de la República de Haití, los haitianos podrían morir? La gente no aceptará y habrá un manifiesto desacuerdo. Y el “presidente electo” tratará de imponerse por la fuerza. ¿Sabes que eres tú quien paga la parte de las armas que utilizarán contra este pueblo? (…) ”

“Prefiero creer que usted ha sido “mal representado”, engañado, que no adhiere a los crímenes que se cometen en su nombre. Por eso, esta semana, vamos a invadir (tranquilo solo es una metáfora), sus periódicos, sus redes sociales, los espacios públicos para ponerle al corriente de lo que está ocurriendo aquí, en esta tierra de Haití, en su nombre, y con su dinero. De esa manera usted puede tomar una posición, si quiere, o al menos pedir explicaciones a sus representantes.”

Uno puede tener matices con el artículo de Trouillot. Sin embargo, el espíritu que lo anima, es justo. La simple alternancia política en Haití no es una solución. Pero no habrá salida para Haití, más que cuando el país se libere de la tutela imperialista. Por todo ello, ¡lo único que nos queda es contarlo y denunciarlo!

LUNES 25 DE ENERO DE 2016 – COMCOSUR
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2) Wikileaks a la carga contra el imperio
Marco A. Gandásegui h. (Alai)

Hace apenas un lustro las filtraciones que hizo Wikileaks del intercambio de correos electrónicos del gobierno norteamericano con sus embajadas en el mundo provocaron uno de los escándalos más grandes de la historia. El director de la operación – Julian Assange – se encuentra aún asilado en la embajada de Ecuador en Londres donde el largo brazo represivo de Washington lo tiene privado de libertad.

Acaba de aparecer el libro “The WikiLeaks Files: The World According to U.S. Empire” revelan la habitual mecánica de intervención política de EEUU en América Latina. Los autores del libro – Alexander Main y Dan Beeton – demuestran como EEUU apoya a la derecha política, a pesar de ser violentos y anti-democráticos. Según los autores “los cables dibujan una imagen viva de la mentalidad ideológica de Guerra Fría de los altos emisarios de EEUU y muestran cómo éstos usan medidas coercitivas”.

En el caso de Panamá, Wikileaks hizo públicos los correos electrónicos que enviaba la embajadora de EEUU al Departamento de Estado en 2010 solicitando consejos de cómo enfrentar al entonces presidente Ricardo Martinelli quien quería utilizar el equipo de escuchas de la Embajada para espiar a la oposición política.

El libro de Main y Beeton se concentra en los correos electrónicos enviados por los diplomáticos (espías) en las embajadas de EEUU en Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Haití y Venezuela. En el caso de Bolivia, apenas dos días después de su toma de posesión, el presidente Morales recibió una visita del embajador David Greenlee. El embajador fue directamente al grano: la asistencia multilateral a Bolivia supervisada por EEUU dependería del buen comportamiento de su gobierno.

Según el correo enviado y filtrado, “el embajador mostró la crucial importancia de las contribuciones de EEUU a las financieras [sic] internacionales claves. Cuando piense en el BID, debe pensar en EEUU. Esto no es un chantaje, es la simple realidad. Espero que usted, como presidente de Bolivia, comprenda la importancia de esto”.

Los métodos empleados en Bolivia se reprodujeron en Nicaragua. Tras el retorno de los sandinistas al poder, la embajada de EEUU en Managua se reforzó el apoyo al partido de la oposición de derecha, Alianza Liberal Nicaragüense (ALN).

En febrero de 2007, la embajada se reunió con la directora de organización de la ALN y le sugirió que la ALN coordinara con organizaciones no gubernamentales (ONG) amigas que pudieran recibir fondos de EEUU.

La líder de la ALN dijo que “remitiría una lista completa de las ONG que apoyan a su organización”. La embajada organizó “las reuniones con los directores del IRI [International Republican Institute] y con el NDI [National Democratic Institute for International Affairs]”.

En el caso de Ecuador, un correo enviado por la embajada señalaba que había “advertido a nuestros contactos sobre la amenaza que representa (el presidente) Correa y había desaconsejado alianzas políticas que pudiesen dar estabilidad al radicalismo percibido en Correa”. Después de la elección de Correa, la embajada mandó un correo al Departamento de Estado diciendo que “esperamos maximizar nuestra influencia trabajando en concierto con otros ecuatorianos y grupos que comparten nuestra visión”.

En Haití, la embajada trabajó en estrecha colaboración con grandes empresas petroleras para impedir que el gobierno de René Préval se uniera a PetroCaribe, a pesar de reconocer que “ahorraría 100 millones de dólares estadounidenses por año”, como informó “The Nation”.

En abril de 2006, la embajadora Sanderson escribió: “Continuaremos presionando al presidente Préval en contra de unirse a PetroCaribe. El presidente Préval conoce nuestras preocupaciones y es consciente de que un acuerdo con Chávez podría causarle problemas con nosotros”.

Los correos filtrados de Wikileaks desde 2004 denunciaban los planes de Washington en Venezuela. En agosto de 2009, un cable secreto cita a un contratista de la AID/OTI, Eduardo Fernández, diciendo que “las calles están calientes”, en referencia a las protestas, y “toda la gente (que organiza las protestas) son nuestros financiados”.

Un correo también revela que en 2002 el dirigente estudiantil Nixon Moreno lideró un grupo que intentó linchar al gobernador del Estado de Mérida. En 2004 otro correo afirma que el mismo “Moreno participó en el Programa de Visitantes Internacionales”, del Departamento de Estado en Washington. Moreno sería buscado más tarde por intento de asesinato y por amenazar a una agente de policía, entre otros cargos.

Assange espera recuperar su libertad este año, gracias a las gestiones de Ecuador. Continuará trabajando filtrando los correos del gobierno de EEUU.

Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA)

LUNES 25 DE ENERO DE 2016 – COMCOSUR
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3) ¿Podrá Rusia con la oleada de inmigrantes ucranianos?
Yulia Beret (IPS)

Según datos oficiales divulgados por el gobierno de Rusia, desde abril de 2014 más de un millón de ciudadanos procedentes de Ucrania buscaron refugio en territorio ruso. A pesar de esas cifras, Moscú no reconoce que exista una crisis migratoria.

Algunos políticos llegaron a decir que la comunidad internacional debería aplicar el modelo ruso de gestión de grandes cantidades de refugiados. Un problema creciente es el alto nivel de desempleo debido al ingreso de mano de obra no calificada. No obstante, las regiones que reciben a los refugiados suelen ser aquellas con mayor capacidad para absorber este tipo de trabajadores.

En un principio, el gran número de personas que llegó al sur de Rusia provocó fricción con la población local, que no está acostumbrada a la diversidad e ignora los protocolos que protegen a los refugiados. Sin embargo, las comunidades locales intenta brindarles ayuda y apoyo a los migrantes que necesitan asistencia.

Los ucranianos fueron instalados en campos de refugiados totalmente equipados, en sanatorios y escuelas, e incluso en hogares particulares, y fueron aceptados en muchas ciudades rusas, como Rostov-on-Don, Krasnodar y Volgogrado. El gobierno ruso adoptó cambios en las leyes relativos a los plazos para la emisión de documentos a los refugiados, incluida la autorización de estadías en el país por distintos lapsos.

La documentación ofrece el estatuto de refugiado o el de solicitante de asilo temporal. Esta última categoría les permite permanecer más tiempo en el país. Inicialmente, todos reciben ayuda financiera. Después se les permite elegir la región en la que desean establecerse, ya que el sur de Rusia no puede albergar permanentemente a grandes números de migrantes. El Estado también ayuda a proporcionarles hospedaje y asistencia para que encuentren empleo.

Una de las regiones donde los refugiados pueden radicarse es el distrito autónomo de Khanty Mansy, en Siberia occidental, donde es más fácil encontrar trabajo, debido principalmente a la próspera industria del petróleo. El gobierno local también otorga un subsidio de maternidad y asesora a los migrantes sobre las leyes locales. No obstante, aun hay que hacer más para ayudarlos a integrarse en una transición que en ocasiones es difícil.

En general, los refugiados en Khanty Mansy fueron bien recibidos por la población ya que existen muchas similitudes entre sus culturas. La interacción entre las dos poblaciones es muy importante dado que los ucranianos dejaron atrás sus hogares, sus vínculos sociales y su cultura. En la actualidad, la mayoría de los refugiados en Khanty Mansy tienen empleo y condiciones de vida dignas, así como otros beneficios, como acceso gratuito a la universidad y las escuelas. En otras palabras, tienen el derecho a una vida segura y digna.

Sin embargo, como en toda crisis política, la oposición está presente sobre todo debido a las diferencias en las actitudes regionales con respecto a los migrantes. El gobierno ofrece limitadas instrucciones al respecto y no existe una documentación que indique claramente cuáles son los derechos de los refugiados, lo que aumenta el estrés burocrático y las dificultades a la hora de conseguir los documentos legales y comprender los plazos para solicitarlos.

Un problema creciente es el alto nivel de desempleo debido al ingreso de mano de obra no calificada. No obstante, las regiones que reciben a los refugiados suelen ser aquellas con mayor capacidad para absorber este tipo de trabajadores. Por ejemplo, los empleos en el sector de la construcción y la producción tienen gran demanda, pero el problema surge cuando los refugiados tienen una elevada educación formal y exigen mejores oportunidades de trabajo.

En lugar de asignar a los refugiados al azar a ciertos lugares hace falta crear una base de datos que permita seleccionar y asignarlos según sus conocimientos y experiencia, ayudando así a las economías locales. Rusia carece de una política adecuada de apoyo y aprovechamiento eficaz de sus refugiados. Los programas actuales les brindan apoyo durante no más de dos años, lo cual es muy poco tiempo para que muchos se integren de forma adecuada.

Además, no hay asociaciones de protección y promoción de los derechos de los refugiados, por lo que el mayor impacto lo soportan los habitantes originarios. Dado que no existe un presupuesto independiente destinado a la crisis de refugiados, los impuestos locales aumentan con el fin de apoyar a este segmento nuevo de la población. En conjunto con los sueldos, esencialmente estáticos, y la actual crisis financiera, incluida la caída progresiva de los precios internacionales del petróleo, la carga de los gastos que generan los refugiados recae sobre la comunidad local. Algunos de los habitantes que acogieron a los migrantes no han podido mantenerlos.

La corrupción tampoco ayuda y a menudo se manifiesta en costos derivados de la tramitación y expedición de la documentación necesaria. Representantes de varias organizaciones no gubernamentales aseguran que funcionarios del organismo estatal correspondiente exigen unos mil dólares para entregarles los documentos a los refugiados de forma “rápida y sin problemas”. Muchos problemas se han acumulado en un breve período de tiempo debido a la crisis de los refugiados ucranianos.

Para mejorar su situación antes de que se agrave hará falta remplazar medidas administrativas con incentivos económicos y reexaminar los procedimientos de reubicación, para permitir su mejor redistribución en todo el país, de tal manera que se tomen en cuenta tanto las necesidades de la población nueva como las de los habitantes originarios.

Traducido por Álvaro Queiruga

LUNES 25 DE ENERO DE 2016 – COMCOSUR
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4) Fukushima mon amour
Jeffrey St. Clair (Counter Punch)
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

¿Está la crisis en Fukushima superada o acaba de empezar? Se le puede perdonar si usted se rasca la cabeza ante la pregunta. Casi cinco años después de la fusión nuclear provocada por el terremoto y el posterior tsunami de Tohoku, -una de las peores catástrofes radiactivas del planeta- el tema ha desaparecido casi por completo tanto de los medios de comunicación como de la conciencia pública. En medio de ese vacío de información, la historia letal de esos eventos se ha hundido bajo mitos perniciosos propagados por mercachifles nucleares.

En resumen, la historia revisada de la crisis de Fukushima es algo como esto: la instalación Daiichi fue golpeada por un hecho sin precedentes, probablemente no se repetirá; los sistemas a prueba de fallas trabajaron; la crisis se detuvo rápidamente; la dispersión de la contaminación radiactiva fue contenida y remediada; no hay peligros para la vida ni enfermedades como resultado de la crisis. ¡Adelante a toda marcha!

Uno de los primeros en enterrar la cabeza de la negación cual avestruz fue Paddy Reagan, un profesor de física nuclear en la Universidad de Surrey: “Hemos tenido un terremoto del fin del mundo en un país con 55 centrales nucleares y todos ellas se han cerrado perfectamente, a pesar de que tres han tenido problemas desde entonces. Este fue un gran terremoto, y como una prueba para la capacidad de resistencia y robustez de las plantas nucleares parece que han resistido los efectos muy bien”.

Para Reagan y otros entusiastas de las centrales atómicas, la fusión del reactor de Fukushima no representaba un cuento con moraleja, pero sirvió como un verdadero ejemplo para el momento de la seguridad, la eficiencia y la durabilidad de la energía nuclear. Llámalo Fukushima mon amour o cómo dejaron de preocuparse y aprendieron a amar el átomo.

Tal revisionismo extremo es de esperar de la gente de la talla de Reagan y otros asesinos a sueldo del Big Atom, especialmente en un momento de grave peligro para sus fortunas económicas. Más surrealista es la compacta relación asesina entre la industria nuclear y algunos ambientalistas de alto perfil, que alcanzaron un tono febril en la conferencia sobre el clima de París este otoño.

Cómplices nucleares independientes, como el odioso James Hansen y el payaso George Monbiot, han dejado la huella de carbono que humillaría a Godzilla por el chorro que vertieron por todo el mundo promocionando la energía nuclear como una especie de tecnológica deus ex machina frente a la amenaza apocalíptica del cambio climático. Hansen ha ido tan lejos como para cargar con que “la oposición a la energía nuclear amenaza el futuro de la humanidad”. Es vergonzoso que muchos ecologistas ahora promuevan la energía nuclear como una especie ecológica de mal menor.

Por supuesto no hay nada nuevo acerca de este tipo de conversión de las máquinas del fin del mundo. La supervivencia de la energía nuclear siempre ha dependido de la suspensión voluntaria de la incredulidad. En la aterradora era post-Hiroshima, la mayoría de la gente detectó intuitivamente la relación simbiótica entre las armas nucleares y la energía nuclear y esos temores tuvieron que ser desechados. Como consecuencia, el complejo industrial nuclear inventó el cuento de hadas del átomo pacífico, celosamente promovido por uno de los estafadores más tortuosos de nuestro tiempo: Edward “H-Bomb” Teller.

Después de delatar a Robert Oppenheimer como un riesgo para la paz y la seguridad, Teller se instaló en su guarida de los laboratorios Lawrence Livermore y rápidamente comenzó a diseñar usos de la energía nuclear y bombas para motores industriales para impulsar la economía post-Segunda Guerra Mundial. Uno de los primeros locos ardides que se pergeñaron en la junta de redacción de Teller fue la Operación Chariot, un plan para excavar un puerto de aguas profundas en el Cabo de Thornton, cerca del pueblo Inuit de Point Hope, Alaska, mediante el uso de detonaciones controladas (sic) de bombas de hidrógeno.

En 1958 Teller, el modelo en la vida real del personaje de Terry Southern, Dr. Strangelove, ideó un plan para el fracking atómico. Trabajando para la Richfield Oil Company, Teller conspiró para detonar 100 bombas atómicas en el norte de Alberta para extraer petróleo de las arenas bituminosas de Athabasca. El plan, que llevó el nombre de Proyecto Oilsands sólo fue anulado cuando las agencias de inteligencia se enteraron de que espías soviéticos se habían infiltrado en la industria petrolera canadiense.

Frustrado por el fracaso de los nerviosos canadienses, Teller pronto volvió su atención hacia el oeste americano. Primero trató de vender a los californianos hambrientos de agua un esquema para explotar más de 20 bombas nucleares para tallar una zanja en el Valle de Sacramento occidental al canal de más agua de San Francisco, el plan original de Jerry Brown para el Canal Periférico. Esto fue seguido por una conspiración para hacer explotar 22 bombas nucleares pacíficas para hacer un agujero en las montañas de Bristol, al sur de California, para la construcción de la carretera interestatal nº 40. Afortunadamente, ningún plan se convirtió en realidad.

Teller se volvió una vez más a la industria del petróleo, con un plan para liberar el gas natural enterrado bajo la meseta de Colorado mediante la explosión de 30 kilotones de bombas nucleares a 6.000 pies por debajo de la superficie de la tierra. Teller prometió que estas explosiones encubiertas, comercializadas como Proyecto Gasbuggy, serían para “estimular” el flujo de gas natural. El flujo del gas fue de hecho estimulado, pero también resultó ser altamente radiactivo.

Más importante aún, en 1957, en el discurso ante la American Chemical Society, Teller, quien más tarde ayudó a los israelíes a desarrollar su programa de armas nucleares, se convirtió en el primer científico en postular que la quema de combustibles fósiles produciría inevitablemente un efecto invernadero que alteraría el clima, que se presentaría en forma de megatormentas, sequías prolongadas y el derretimiento de capas de hielo. ¿Su solución? Reemplazar la energía creada por el carbón y las plantas a gas por una red global de las centrales nucleares.

Las ideas desquiciadas de Edward Teller de antaño ahora se han desempolvado y vuelto a comercializar por los ecologistas nucleares, incluyendo a James Lovelock, el creador de la hipótesis Gaia, sin crédito debido a su atroz progenitor.

Hay en la actualidad como 460 armas nucleares operando, algunas resoplando mucho más allá de su fecha de caducidad, expectorando el 10 % de la demanda de energía a nivel mundial. Discípulos ecologistas de Teller quieren ver que el porcentaje total de la energía nuclear cubra el 50 %, lo que significaría la construcción de aproximadamente 2.100 nuevas calderas de agua atómica desde Mogadiscio a Katmandú. ¿Cuáles son las ventajas si se ponen en marcha todos esos planes sin ningún problema?

Mientras tanto en Fukushima, desapercibidos para la prensa mundial, se están detectando los primeros tipos de cáncer de la sangre (leucemia mielógena) vinculados a la exposición de radiación en los niños y los trabajadores de limpieza. Y frente a la costa de Oregón y California cada atún rojo capturado en el último año ha dado positivo de cesio radiactivo 137 de la fundición del reactor de Fukushima. La era de la ecoradiación ha llegado. No te preocupes. Sólo tiene una vida media de 30,7 años.

Jeffrey St. Clair es editor de CounterPunch. Su nuevo libro es Killing Trayvons: an Anthology of American Violence (con JoAnn Wypijewski y Kevin Alexander Gray).

LUNES 25 DE ENERO DE 2016 – COMCOSUR
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5) Una izquierda para el siglo XXI
Raúl Zibechi (La Jornada)

En los años 60 y 70 quien se incorporaba a la militancia escuchaba a menudo una frase: “Ser como el Che”. Con ella se sintetizaba una ética, una conducta, un modo de asumir la acción colectiva inspirada en el personaje que –con la entrega de su vida– se había convertido en brújula de una generación.

“Ser como el Che” era un lema que no pretendía que los militantes siguieran punto por punto el ejemplo de quien se había convertido en referencia ineludible. Era otra cosa. No un modelo a seguir, sino inspiración ética que implicaba una serie de renuncias, esas sí, a imagen y semejanza de la vida del Che.

Renunciar a las comodidades, a los beneficios materiales, incluso al poder conquistado en la revolución, estar dispuesto a arriesgar la vida, son valores centrales en esa herencia que hemos dado en llamar guevarismo. Esos fueron durante buen tiempo los ejes en torno a los que se organizó buena parte de la militancia de izquierda, por lo menos en América Latina.

Esa izquierda fue derrotada en un breve periodo que podemos situar entre los golpes de Estado de la década de 1970 y la caída del socialismo real, una década después. No se sale indemne de las grandes derrotas. Así como la caída de la comuna de París fue un parteaguas, según Georges Haupt, que llevó a las izquierdas de la época a introducir nuevos temas en sus agendas (la cuestión del partido pasó a ocupar un lugar central), las derrotas de los movimientos revolucionarios latinoamericanos parecen haber producido una hendidura en las izquierdas de comienzos del siglo XXI.

Aún es muy pronto para realizar una evaluación completa de ese viraje, ya que estamos encima del mismo, sin la suficiente distancia crítica y, sobre todo, autocrítica. Sin embargo, podemos adelantar algunas hipótesis que enhebren aquellas derrotas con la coyuntura actual que vivimos.

La primera es que no se trata de volver la historia atrás para repetir los viejos errores, que los hubo, y muchos. El vanguardismo fue el más evidente, acompañado de un serio voluntarismo que impidió comprender que la realidad que pretendimos transformar era bien diferente a lo que pensábamos, lo que llevó a subestimar el poder de las clases dominantes y, sobre todo, a creer que se vivía una situación revolucionaria.

Pero el vanguardismo no cede fácilmente. Está sólidamente arraigado en la cultura de las izquierdas y aunque fue derrotado en su versión guerrillera, parece haber mutado y sigue vivo tanto en los llamados movimientos sociales como en los partidos que pretenden saber qué es lo que quiere la población sin necesidad de escucharla. Gran parte de los gobiernos y los dirigentes progresistas son buen ejemplo de la pervivencia de un vanguardismo sin vanguardia proclamada.

La segunda tiene relación con el método, la lucha armada. Que la generación de los 60 y 70 hayamos cometido gruesos errores en el uso y abuso de la violencia no quiere decir que tengamos que tirarlo todo por la borda. Recordemos que por lo menos en Uruguay se pensaba que la acción genera conciencia, otorgando un poder casi mágico a la capacidad de la vanguardia armada para generar acción en las masas con su sola actividad, como si la gente pudiera actuar por reflejos mecánicos sin necesidad de organizarse y formarse.

Las organizaciones armadas cometieron, además, atrocidades indefendibles, utilizando la violencia no sólo contra los enemigos, sino a menudo contra el propio pueblo y también contra aquellos compañeros que presentaban diferencias políticas con su organización. Los asesinatos de Roque Dalton y la comandante Ana María, en El Salvador, son dos de los hechos más graves dentro del campo rebelde.

Sin embargo, eso no quiere decir que no haya que defenderse. No debemos pasar al extremo opuesto de confiar en las fuerzas armadas del sistema (como señala el vicepresidente de Bolivia), o despojar de su carácter de clase a las fuerzas represivas. Los ejemplos del EZLN, del pueblo mapuche de Chile, de la Guardia Indígena nasa en Colombia y de los indígenas amazónicos de Bagua en el Perú muestran que es necesario y posible organizar la defensa comunitaria colectiva.

La tercera cuestión es la más política y es la ética. En el legado del Che y en la práctica de aquella generación, el poder ocupaba un lugar central, algo que no podemos ni debemos negar. Pero la conquista del poder era para beneficio del pueblo, nunca jamás para beneficio propio, ni siquiera del grupo o partido que tomaba el poder estatal.

Sobre este tema hay una discusión abierta, en vista del balance negativo del ejercicio del poder por los partidos soviético y chino, entre otros. Pero más allá de los errores y horrores cometidos por los poderes revolucionarios en el siglo XX, incluso más allá de si es conveniente o no tomar el poder del Estado para cambiar el mundo, es necesario recordar que el poder era considerado un medio para transformar la sociedad, nunca un fin en sí mismo.

Sobre este asunto hay mucha tela donde cortar, en vista de la brutal corrupción enquistada en algunos gobiernos y partidos progresistas (en particular en Brasil y Venezuela), cuestiones que ya pocos se atreven a negar.

La izquierda que necesitamos para el siglo XXI no puede sino tener presente la historia de las luchas revolucionarias del pasado. Es necesario incorporar aquel lema “ser como el Che”, pero sin caer en vanguardismos. Una buena actualización de ese espíritu puede ser para todos todo, nada para nosotros. Lo mismo puede decirse del mandar obedeciendo, que parece un importante antídoto contra el vanguardismo.

Hay algo fundamental que no sería bueno dejar escapar. El tipo de militantes que necesita la izquierda del siglo XXI debe estar modelado por la voluntad de sacrificio (Benjamin). Es evidente que la frase suena fatal en periodos como el actual, pero nada podemos conseguir sin deshacernos de esa tremenda fantasía de que es posible cambiar el mundo votando cada cinco años y consumiendo el resto del tiempo.

LUNES 25 DE ENERO DE 2016 – COMCOSUR
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“Las ideas dominantes de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad resulta ser al mismo tiempo la fuerza espiritual dominante, la clase que controla los medios de producción intelectual, de tal manera que en general las ideas de los que no disponen de medios de producción intelectual son sometidos a las ideas de la clase dominante”. — Carlos Marx
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