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IMPERIALISMO, RACISMO, MILITARISMO, ETC.

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POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL

REVISTA DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS

AÑO 14 – Nº 665 / Lunes 31 de Marzo de 2014

Producción: Andrés Capelán – Coordinación: Carlos Casares

COMCOSUR / COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA DESDE EL CONO SUR

http://nuevo.comcosur.org/

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HOY:

1) El papel del racismo en la ofensiva imperialista

2) Barack Obama: el Presidente menos transparente de la historia

3) Nueva estrategia militar norteamericana

4) Gas de esquisto y sismos crecen de la mano en México

5) Portugal, la impunidad organizada

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“Vivimos en la mentira del silencio. Las peores mentiras son las que

niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca. Eso lo

hacen quienes tienen el monopolio de la palabra. Y el combatir ese

monopolio es central.” Emir Sader

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1) El papel del racismo en la ofensiva imperialista

Alberto Rabilotta (Alai)

El pasado 23 de marzo el partido Frente Nacional (FN) logró
importantes avances en las elecciones municipales en Francia. Nada
sorprendente para quien haya observado un poquito la campaña
electoral, en la cual los medios dedicaron una especial y muy
elaborada atención al FN, un partido que promueve un rancio
chovinismo y el racismo. Los medios audiovisuales y los diarios le
dieron mucho espacio al FN, muchísimo más que al Frente de Izquierda
(FI), que electoralmente tiene un peso superior o similar al del FN,
como destacó Jean-Luc Mélenchon, dirigente del FI.

El resultado de estas elecciones es importante porque confirma la
amplia pérdida de confianza de los electores frente a los partidos
políticos tradicionales. Los votantes saben por experiencia que esos
partidos no cumplen ni cumplirán con lo que prometen porque todos
siguen el mismo guión, el elaborado por los organismos de la Unión
Europea (UE) para consolidar las políticas neoliberales, o sea los
programas de austeridad y desmantelamiento de los aparatos y programas
estatales, regionales y municipales. Pruebas de esta situación las
encontramos en la elevada tasa de abstención y en la numerosa
presencia de listas no identificadas con los partidos tradicionales en
estas elecciones municipales.

Pero lo esencial, para este análisis, es el esfuerzo de los medios de
prensa del sistema (porque así hay que definirlos) para reforzar en
la opinión pública francesa durante la campaña electoral la idea de
que el FN iba para arriba, y que en algún momento debería producirse
una alianza electoral entre esa extrema derecha de corte fascista con
la derecha neoliberal.

Creo que es importante analizar esta fascinación mediática, y por lo
tanto de quienes tienen en sus manos las palancas del poder real, por
la extrema derecha, por partidos cuya vertiente nacionalista es
claramente racista, para tener una imagen completa en este momento
histórico desde todos los puntos de vista posibles, porque el sistema
neoliberal en su conjunto, en la UE y en Estados Unidos (EE.UU.) y
Japón, o sea en los centros del capitalismo avanzado, está
completamente atascado en lo económico, en lo social y en lo
político.

Y en todo esto el racismo, como el nacionalismo (de pacotilla porque
en el sistema neoliberal la soberanía nacional es cosa del pasado),
son quizás elementos de importancia para entender la coyuntura actual
del imperialismo, incluyendo el caso de Ucrania, entre otros más.

El racismo forma parte del colonialismo y el imperialismo

El racismo es criticado y en algunas de sus manifestaciones es
considerado como un delito por los sistemas legales en la mayoría de
los países, pero en la práctica cotidiana, en los
“sobrentendidos” políticos, sociales y económicos el racismo es
moneda corriente, un simple “prejuicio” más, aceptable hasta para
quienes no lo practican, y de ninguna manera es visto como un peligro
mortal para las sociedades y la humanidad.

Empero, el racismo, como el machismo, es algo más que un prejuicio.
En realidad ha sido y sigue siendo un poderoso elemento ideológico al
servicio de algún sistema de dominación.

El machismo busca preservar el sistema de dominación patriarcal, para
ventaja del hombre y en detrimento de la mujer, por ejemplo, y aun en
ese terreno los avances de las últimas décadas son en muchos casos
tan sólidos como un castillo de arena, dicen muchas mujeres.

El racismo ha servido desde finales de la Edad Media, desde las
cruzadas, de justificativo ideológico, disfrazado según la
circunstancia con supuestos valores religiosos o morales, pero al
servicio de objetivos bien terrenales, como los de apropiarse de
riquezas y conquistar territorios. Y tuvo su papel durante las luchas
para la formación de los Estados-naciones en Europa, en muchos casos
como fuerza de exclusión para forzar la homogeneidad étnica, lo que
explica la triste herencia de guerras y conflictos en el Viejo
Continente.

Por ejemplo, hasta no hace tanto tiempo se nos enseñaba en las
escuelas de algunos países latinoamericanos que los conquistadores
españoles vinieron a América “con la espada y la cruz”. Lo de la
espada nunca se explicaba bien por qué razón, aunque al final
entendíamos que vinieron a conquistar por la fuerza para llevarse el
oro y la plata y dominar los territorios, pero en las imágenes y en
los textos se enfatizaba que la cruz representaba la “gran
misión” evangelizadora para incorporar a los indios salvajes,
porque así se hablaba de nuestras poblaciones amerindias, al reino de
Dios, y así “salvarlos”.

Sin la deshumanización implícita en el racismo, que permite ver al
otro como un “no-ser”, un subhumano que puede ser maltratado,
explotado, esclavizado y al que se puede violar o matar, no habría
sido posible, o sea aceptable para los mismos pueblos conquistadores,
la extrema brutalidad de las conquistas que sometieron a tantos
pueblos y dejaron estelas de decenas o cientos de millones de muertos,
decenas de millones de esclavos, y tantas sociedades y culturas
aplastadas.

Sin esas conquistas y crímenes tampoco habría sido posible la
acumulación del capital, como no lo sigue siendo actualmente si vemos
el empeño del imperio neoliberal en conquistar los territorios donde
no reina con absoluto poder.

Es por eso que debemos ver el racismo no como algo menor, un “mal
residual de la civilización europea” que fue transmitido al resto
del mundo, sino como un componente esencial del sistema de dominación
del capitalismo, en todas sus etapas, desde las conquistas y el
esclavismo hasta el momento actual.

El racismo es mucho más peligroso de lo que creemos cuando es parte
de una ideología nacionalista o ultranacionalista al servicio de
intereses imperialistas. Sin una ideología que incluya el concepto de
superioridad racial, de superioridad social, política, cultural o
religiosa que provoque una desensibilización total, no es posible
llevar a cabo la “empresa” colonial e imperial.

Ese tipo de ideología es necesaria tanto para lanzar como para
justificar la “empresa” colonial e imperial, para crear en el
pueblo conquistador las desinhibiciones que permitan llevar a cabo y
vivir en la consciencia colectiva con tales atrocidades contra seres
humanos, tan humanos y seres como ellos.

Los británicos “aportaron sobre sus hombros la civilización del
hombre blanco” a los países de Asia, África y otras regiones, dura
“carga” para el hombre blanco, escribió R. Kipling, cuando en
realidad lo que hacia el “hombre blanco” era robar todo lo que
podía ser robado, destruir o aplastar las culturas y organizaciones
sociales existentes para poder explotar a los pueblos, esclavizarlos
para servir a los comerciantes y a los intereses de los rentistas, de
la burguesía y la aristocracia de Londres.

Los holandeses, portugueses, franceses y belgas no fueron diferentes,
en todos los casos hubo matanzas y crueldades indescriptibles para
robar y explotar, para esclavizar, lo que no quita que de vez en
cuando se escuche en Europa que esos colonizadores llevaron “la
civilización y la lengua” a los países que colonizaron.

Cada pueblo conquistador creó su caparazón ideológica para poder
ignorar y negar sistemáticamente todo lo que los pueblos colonizados
sufrieron en Asia, el Oriente Medio, África, Oceanía, el Caribe y
América latina, y también negar que el objetivo de esas conquistas
era apropiarse y repatriar las riquezas que podían, y garantizar los
flujos de las materias primas que necesitaban sus comercios e
industrias y que producían sus esclavos en las plantaciones, como el
azúcar en Haití, por ejemplo.

Una tarea necesaria pero incumplida es la descolonización del
pensamiento de los pueblos conquistadores e imperialistas. Nada podrá
avanzar si estos pueblos no se despojan de esa caparazón demasiado
bien conservada -por intereses de clase-, que les impide ver las
múltiples, ricas y complejas realidades del mundo actual.

Es en este contexto que es importante reconocer la decisiva
importancia que ha jugado el racismo en la sociedad estadounidense, en
especial para justificar en lo interno, y hacia el exterior, el
“excepcionalismo” del “destino manifiesto”, un invento de los
colonos blancos para hacer invisible las matanzas de amerindios y la
apropiación de sus tierras, luego la “importación” de esclavos
africanos para las plantaciones y más tarde el imperialismo.

El racismo tiene raíces profundas y extendidas en EE.UU., porque en
ese país prácticamente fueron exterminados los pueblos amerindios, y
los que sobrevivieron fueron segregados en reservas y sometidos a
brutales controles de natalidad. Fueron víctimas del eugenismo y del
ensayo de métodos genocidas que más tarde Adolf Hitler utilizó para
exterminar a judíos, gitanos, eslavos y a los opositores comunistas y
socialistas, como revela el importante trabajo del estadounidense
Edwin Black, titulado War Against the Weak, eugenics and America’s
campaings to create a master race (1).

Y es en EE.UU. donde se desarrolló una impresionante “economía de
plantaciones” con esclavos traídos de África, y donde se aplicó
un rígido sistema de segregación racial hasta mediados de los años
60 del siglo 20, pero que no ha desaparecido totalmente y sigue siendo
practicado hoy día en el terrenos económico, social y político
contra los afroamericanos e hispanos.

¿Cómo explicarnos la actual rusofobia en la UE y EE.UU.? ¿Acaso no
es eso una forma de racismo destinado a invalidar todo lo que Rusia
diga o haga para seguir aplicando las agresivas políticas de la OTAN
y convertir a Rusia en un vasallo más del imperialismo?

¿Quién se recuerda del “peligro amarillo”, ese racismo nacido en
el siglo 19 para justificar la penetración del liberalismo comercial
en China, para que entrara en China el opio que Gran Bretaña
producía en India? La rusofobia es un hecho y el “peligro
amarillo” una realidad en todas las actitudes del imperialismo
contra China, devenida una potencial industrial que no controlan
efectivamente.

En Ucrania el racismo de los grupos neonazis (ultranacionalistas
según la definición de la prensa comercial) se manifiesta contra los
rusos y los ucranianos de habla rusa y religión ortodoxa, y contra
los judíos ucranianos.

El racismo es un instrumento para poder justificar la dominación de
pueblos enteros. A los árabes no se les discrimina en varios países
europeos porque sí ni por su religión, sino para poder seguir
justificando todas las acciones pasadas, y en particular las que desde
hace un siglo las potencias imperialistas han tomado para apropiarse
del Oriente Medio y de sus riquezas, y justificar las que siguen
aplicando en el presente con el mismo objetivo.

¿No es racismo que desde las colonizaciones se haya implantado y aun
se ejerza por parte de las potencias imperialistas dominantes el
principio de castigo colectivo cuando un dominado, sea rebelde o
huelguista, ataca a un militar o personero de la fuerza dominante?

¿Por qué se acepta hoy día sin chistar que por un soldado -o civil-
herido o muerto de una fuerza de ocupación, sea estadounidense,
israelí o de un país de la OTAN, haya una represalia desmedida que
provoca la muerte de decenas de oprimidos, generalmente inocentes
civiles y muchas veces niños, mujeres y ancianos? ¿Que es eso sino
racismo puro al servicio de la dominación imperial?

Es claro que el sistema imperialista, en sus diversas formas, genera
una forma de “excepcionalismo” que sirva de justificativo a todas
las atrocidades que desde hace largo tiempo cometen en cualquier parte
del mundo.

Racismo y nacionalismo agresivo son ingredientes siempre presentes en
el imperialismo, en los del pasado, exitosos o aplastados, y en el
actual.

Es por eso que hay que prestar atención a la manera como el
imperialismo y sus servidores presentan a los neofascistas o neonazis,
como los definen o, para ser más claro, como los banalizan para hacer
“razonable” su racismo, signo de que serán incorporados a la
ideología dominante para salvar el sistema neoliberal del
atascamiento en que se encuentra. Así sucedió en los años 30,
recordemos.

Montreal, Canadá

– Alberto Rabilotta es periodista argentino – canadiense

1.- Edwin Black escribió varios libros muy importantes, el citado y
también “IBM and the Holocaust”. Para más información consultar
su portal www.edwinblack.com

LUNES 31 DE MARZO DE 2014 – COMCOSUR

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2) Barack Obama: el Presidente menos transparente de la historia

Amy Goodman y Denis Moynihan (Democracy Now!)

“Mi administración se compromete a crear un nivel de transparencia
del Gobierno sin precedentes”, escribió el Presidente Barack Obama
el 29 de enero de 2009, apenas días después de haber asumido la
presidencia. Y agregó: “La transparencia fortalecerá nuestra
democracia y promoverá la eficiencia y la eficacia del Gobierno”.
Hoy, tras seis años de mandato, la “nueva era de transparencia del
Gobierno” parece otra gran promesa cínicamente incumplida.

Durante el “Sunshine Week”, el evento que la industria de los
medios de comunicación celebra cada año para educar a la población
sobre la importancia de la transparencia del Gobierno, Associated
Press informó que “el año pasado, más que nunca antes en la
historia, el Gobierno censuró partes de expedientes gubernamentales o
directamente denegó el acceso a ellos al público en virtud de la Ley
de Libertad de Información de Estados Unidos (FOIA, por sus siglas en
inglés)”. El informe de AP agrega: “El año pasado fue el peor
desde que Barack Obama asumió la presidencia en lo que respecta a los
esfuerzos del Gobierno de ser más transparente con respecto a sus
actividades”.

La noticia no tomó por sorpresa a Ryan Shapiro, un estudiante de
posgrado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus
siglas en inglés) que acaba de entablar una demanda a nivel federal
contra el FBI, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus
siglas en inglés) para intentar obtener registros públicos sobre el
papel desempeñado por Estados Unidos en el arresto de Nelson Mandela
en 1962, que lo harían pasar los siguientes 27 años en prisión.
Cuando sus solicitudes de información sobre Mandela, en virtud de la
Ley de Libertad de Información, fueron denegadas, Ryan Shapiro
decidió entablar una demanda. “Quiero encontrar estos expedientes,
en primer lugar, porque me interesa saber por qué la comunidad de
inteligencia de Estados Unidos consideraba a Mandela una amenaza a la
seguridad estadounidense y qué papel desempeñó la comunidad de
inteligencia de Estados Unidos en el boicot a la lucha de Mandela por
la justicia racial y la democracia en Sudáfrica”.

Cuando Shapiro presentó su pedido de información a la NSA para
obtener detalles del arresto de Mandela hace más de 50 años, la
agencia le respondió: “Con respecto a su solicitud de información
de inteligencia sobre Nelson Mandela, hemos determinado que la
existencia o inexistencia de los materiales que solicita es
actualmente un asunto clasificado”. ¿Medio siglo más tarde?

Shapiro también quiere obtener información sobre la inclusión de
Mandela en la lista de sospechosos de terrorismo de Estados Unidos
hasta 2008, muchos años después de que fuera el primer presidente de
Sudáfrica elegido democráticamente y varios años después de haber
obtenido no solamente el Premio Nobel de la Paz, sino también la
Medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos y la Medalla
Presidencial de la Libertad, condecoración otorgada por el presidente
de Estados Unidos.

Le pregunté a Shapiro por qué quería obtener los documentos. “La
respuesta está relacionada con una concepción muy estrecha de la
seguridad nacional, esta concepción miope que antepone las alianzas
militares y el lucro empresarial a los derechos humanos y las
libertades civiles”.

Por su trayectoria, Shapiro tiene un interés personal en el hecho de
que el Gobierno califique a los activistas de “terroristas”. En
2002, participó en un acto de desobediencia civil cuando se infiltró
en una granja donde se crían patos para la producción de foie gras:
“Los animales están encerrados en jaulas tan pequeñas que no
pueden estar de pie, ni moverse ni extender las alas, estas
condiciones horrorosas son la regla general en los criaderos
industriales. Rescaté o robé abiertamente a los animales de la
granja industrial y realicé un documental al respecto. Lo hice como
un acto de desobediencia civil, pero es un delito, por el que tuve que
cumplir 40 horas de servicio comunitario”. Desde entonces, buena
parte de los estados del país han ido aprobando las denominadas leyes
‘Ag-Gag’ que equiparan este tipo de activismo por los derechos de
los animales con actos de terrorismo y pueden implicar penas de
prisión severas.

Shapiro afirma que la tesis en la que está trabajando, titulada:
“Cuerpos en Guerra: animales, la libertad científica y la seguridad
nacional en Estados Unidos”, investiga “el uso de la retórica y
el aparato de seguridad nacional para marginar a los activistas que
protegen los derechos de los animales, desde el siglo XIX hasta la
actualidad ”. Para encontrar la respuesta a su investigación,
Shapiro necesita acceder a una gran cantidad de documentos públicos.
Ha presentado 700 solicitudes ante el FBI, en virtud de la Ley de
Libertad de Información, y está en busca de 350.000 documentos
clasificados, lo que le ha ganado el mote del solicitante “más
prolífico” del Departamento de Justicia. Por su parte, El FBI
calificó parte de su tesis como una amenaza a la seguridad nacional.

En 2008, cuando Barack Obama estaba en plena campaña electoral, era a
menudo presentado como catedrático de derecho constitucional. Como
tal, suponemos que estudió las obras de uno de los autores de la
Constitución, James Madison, el cuarto Presidente de Estados Unidos,
considerado el “Padre de la Declaración de Derechos”. Madison
escribió en 1822: “Un gobierno popular, sin información popular ni
los medios para obtenerla, no es sino el prólogo de una farsa o una
tragedia, o quizá de ambas”. Tras las revelaciones de Edward
Snowden acerca del amplio espionaje y vigilancia de la NSA y los
pésimos antecedentes de falta de transparencia del Gobierno, el
Presidente Obama ya ha sobrepasado trágicamente la farsa.