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LA ACTIVIDAD IMPLACABLE DE LA INTERNACIONAL CAPITALISTA

MUMIA:

1) Europa: el momento populista

2) EE.UU.: Cuando la historia se anuncia en una pequeña aldea

3) Líderes del ámbito tecnológico firman una carta para pedir la prohibición de los robots asesinos

4) Siria: Hay luz al final del túnel

5) «Red Atlas»: conozca la actividad implacable de la internacional capitalista

COMCOSUR / POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL / AÑO 17 / Nº 834/ Miércoles 23 de agosto de 2017 / REVISTA DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS / Producción: Andrés Capelán

“Vivimos en la mentira del silencio. Las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca. Eso lo hacen quienes tienen el monopolio de la palabra y combatir ese monopolio es una tarea central.” — Emir Sader

1) Europa: el momento populista
Chantal Mouffe * (El País Madrid)

Hoy en Europa estamos viviendo un momento populista que significa un punto de inflexión para nuestras democracias, cuyo futuro dependerá de la respuesta que se dé a ese reto. Para afrontar esa situación es necesario descartar la visión mediática simplista del populismo como pura demagogia y adoptar una perspectiva analítica. Propongo seguir a Ernesto Laclau, que define el populismo como una forma de construir lo político, consistente en establecer una frontera política que divide la sociedad en dos campos, apelando a la movilización de los de abajo frente a los de arriba.

El populismo no es una ideología y no se le puede atribuir un contenido programático específico. Tampoco es un régimen político y es compatible con una variedad de formas estatales. Es una manera de hacer política que puede tomar formas variadas según las épocas y los lugares. Surge cuando se busca construir un nuevo sujeto de la acción colectiva —el pueblo— capaz de reconfigurar un orden social vivido como injusto.

Examinado desde esa óptica, el reciente auge en Europa de formas populistas de política aparece como la expresión de una crisis de la política liberal-democrática que se debe a la convergencia de varios fenómenos, que en los últimos años han afectado a las condiciones de ejercicio de la democracia. El primero es lo que he propuesto llamar pospolítica para referirme al desdibujamiento de la frontera política entre derecha e izquierda. Fue el resultado del consenso establecido entre los partidos de centroderecha y de centroizquierda sobre la idea de que no había alternativa a la globalización neoliberal. Bajo el imperativo de la modernización se aceptaron los diktats del capitalismo financiero globalizado y los límites que imponían a la intervención del Estado y a las políticas públicas. El papel de los Parlamentos y de las instituciones que permiten a los ciudadanos influir sobre las decisiones políticas fue drásticamente reducido. Así fue puesto en cuestión lo que representa el corazón mismo de la idea democrática: el poder del pueblo.

Hoy en día se sigue hablando de democracia, pero solo para referirse a la existencia de elecciones y a la defensa de los derechos humanos. Esa evolución, lejos de ser un progreso hacia una sociedad más madura, como se dice a veces, socava las bases mismas de nuestro modelo occidental de democracia, habitualmente designado como republicano. Ese modelo fue el resultado de la articulación entre dos tradiciones: la liberal del Estado de derecho, de la separación de poderes y de la afirmación de la libertad individual, y la tradición democrática de la igualdad y de la soberanía popular. Estas dos lógicas políticas son en última instancia irreconciliables, ya que siempre existirá una tensión entre los principios de libertad y de igualdad. Pero esa tensión es constitutiva de nuestro modelo republicano porque garantiza el pluralismo. A lo largo de la historia europea ha sido negociada a través de una lucha agonista entre la derecha, que privilegia la libertad, y la izquierda, que pone el énfasis en la igualdad.

Al volverse borrosa la frontera izquierda/derecha por la reducción de la democracia a su dimensión liberal, desapareció el espacio donde podía tener lugar esa confrontación agonista entre adversarios. Y la aspiración democrática ya no encuentra canales de expresión en el marco de la política tradicional. El demos, el pueblo soberano, ha sido declarado una categoría zombi y ahora vivimos en sociedades posdemocráticas.

El aumento de las desigualdades ya no afecta solo a las clases populares, sino también a las medias

Esos cambios a nivel político se inscriben en el marco de una nueva formación hegemónica neoliberal, caracterizada por una forma de regulación del capitalismo en la cual el capital financiero ocupa un lugar central. Hemos asistido a un aumento exponencial de las desigualdades que ya no solamente afecta a las clases populares, sino también a buena parte de las clases medias, que han entrado en un proceso de pauperización y precarización. Se puede hablar de un verdadero fenómeno de oligarquización de nuestras sociedades.

En ese contexto de crisis social y política ha surgido una variedad de movimientos populistas que rechazan la pospolítica y la posdemocracia. Proclaman que van a volver a darle al pueblo la voz que le ha sido confiscada por las élites. Independientemente de las formas problemáticas que pueden tomar algunos de esos movimientos, es importante reconocer que se apoyan en legítimas aspiraciones democráticas. El pueblo, sin embargo, puede ser construido de maneras muy diferentes y el problema es que no todas van en una dirección progresista. En varios países europeos esa aspiración a recuperar la soberanía ha sido captada por partidos populistas de derecha que han logrado construir el pueblo a través de un discurso xenófobo que excluye a los inmigrantes, considerados como una amenaza para la prosperidad nacional. Esos partidos están construyendo un pueblo cuya voz reclama una democracia que se limita a defender los intereses de los considerados nacionales.

La única manera de impedir la emergencia de tales partidos y de oponerse a los que ya existen es a través de la construcción de otro pueblo, promoviendo un movimiento populista progresista que sea receptivo a esas aspiraciones democráticas y las encauce hacia una defensa de la igualdad y de la justicia social.

El pueblo puede ser construido de maneras diferentes y no todas van en dirección progresista

Es la ausencia de una narrativa capaz de ofrecer un vocabulario diferente para formular esas demandas democráticas lo que explica que el populismo de derecha tenga eco en sectores sociales cada vez más numerosos. Es urgente darse cuenta de que para luchar contra ese tipo de populismo no sirven la condena moral y la demonización de sus partidarios. Esa estrategia es completamente contraproducente porque refuerza los sentimientos antiestablishment de las clases populares. En lugar de descalificar sus demandas hay que formularlas de modo progresista, definiendo el adversario como la configuración de fuerzas que afianzan y promueven el proyecto neoliberal.

Lo que está en juego es la constitución de una voluntad colectiva que establezca una sinergia entre la multiplicidad de movimientos sociales y de fuerzas políticas cuyo objetivo es la profundización de la democracia. En la medida en que amplios sectores sociales están sufriendo los efectos del capitalismo financiarizado, existe un potencial para que esa voluntad colectiva tenga un carácter transversal que desborde el clivaje derecha/izquierda tal como está configurado tradicionalmente. Para estar a la altura del reto que representa el momento populista para el devenir de la democracia se necesita una política que restablezca la tensión entre la lógica liberal y la lógica democrática y, a pesar de lo que algunos pretenden, eso se puede hacer sin poner en peligro las instituciones republicanas. Concebido de manera progresista, el populismo, lejos de ser una perversión de la democracia, constituye la fuerza política más adecuada para recuperarla y ampliarla en la Europa de hoy.

* Chantal Mouffe es profesora de Teoría Política en la Universidad de Westminster en Londres.

MIÉRCOLES 23 DE AGOSTO DE 2017 – COMCOSUR
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2) EE.UU.: Cuando la historia se anuncia en una pequeña aldea
Jorge Majfud (Alai)

A finales de 2015, cuando el precandidato republicano Donald Trump dominaba las encuestas dentro de su partido, un amigo que vive en Buenos Aires me escribió entusiasmado con el posible triunfo del millonario. “Muchas cosas van a cambiar –dijo–, entre ellas las tonterías de lo políticamente correcto”. El desafío a lo políticamente correcto ha sido un ejercicio permanente en la academia (aunque no en la mayoría de los académicos) por décadas, sino por siglos. Eso no lo inventó Trump. Pero a veces lo políticamente correcto (como el respeto de los derechos y libertades de todos por igual, sean negros, mujeres u homosexuales) es, simplemente, lo correcto.

Mi amigo es judío y, a mi forma de ver, es uno de los que confunde el judaísmo y a los judíos con el gobierno de Israel. Aunque es una persona culta, su visión a corto plazo solo le permitió ver que Trump tiene un yerno judío y una hija convertida al judaísmo y que su retórica pro Israel y anti islámica no era menor que la del resto de los candidatos. Sin embargo, observé, no es casualidad que la gran mayoría de los judíos en Estados Unidos que no pertenecen a la minúscula clase de los millonarios han votado tradicionalmente por la izquierda, como no es casualidad que los mexicanos sean culturalmente conservadores y políticamente liberales, mientras los cubanos de Miami son culturalmente liberales y políticamente conservadores. Eso no es difícil explicar, pero ahora es harina de otro costal.

“Tal vez cambies de opinión –le escribí– cuando Trump llegue a la presidencia y comencemos a ver banderas nazis desfilando por las calles”.

No sé si mi amigo habrá cambiado de opinión. Según las estadísticas, quienes apoyan a Trump están convencidos que jamás dejarán de hacerlo, más allá de las circunstancias. Lo cual revela un componente irracional y religioso. Como hemos insistido antes, sólo la economía podrá poner los valores morales del presidente en cuestión. En otros casos, ni eso.

Hay un detalle aún más significativo: quienes ondean banderas nazis y confederadas, quienes revindican al KKK, ya no lo hacen cubriéndose los rostros. Este es un sutil signo de que las cosas se pondrán aún peores, no porque no les reconozca derecho a la libertad de expresión, sino por todo lo demás.

En el país existen cientos de grupos racistas y violentos. La ley no los puede tipificar como terroristas (la expresión “terrorismo doméstico” es solo una expresión sin categoría legal) porque no existen los terroristas estadounidenses si masacran a mil personas en nombre de alguna organización doméstica. Para ser considerado terrorista, un terrorista debe ser ciudadano de otro país o trabajar para algún grupo extranjero. Esos “consorcios domésticos” todavía no se han sincronizado en una red mayor, pero ya han cruzado la línea que separa el odio íntimo de la ideología articulada del odio. En consecuencia, ya no usan mascaras.

Veamos un hecho puntual y reciente. En una conferencia de prensa, el presidente Donald Trump ha defendido la permanencia de los monumentos que celebran los ideales de la Confederación, argumentando que también George Washington y Thomas Jefferson tuvieron esclavos. Exactamente las mismas palabras que un manifestante pro nazi dijo en un video que circuló en las redes sociales dos días antes, otra muestra de que el presidente representa a la nueva generación: no lee ni se contiene para insultar en los foros a pie de página.

Durante años, tanto en los periódicos como en mis propias clases, he insistido sobre la doble moral de los Padres fundadores con respecto a los esclavos, cuando la declaratoria de la independencia reconocía “como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. O, cuando una década después, en la constitución se hacía celebre la primera frase “Nosotros el pueblo” y en realidad excluía a la mayoría de los habitantes de las trece colonias primero y más tarde de los territorios centrales usurpados a los indios y, finalmente, del resto donado por los mexicanos.

Sin embargo, comparar a Jefferson con el general Robert Lee es una manipulación histórica en base a los intereses racistas y clasistas del momento. Lo que celebramos de Jefferson no es que tenía esclavos y una amante mulata a la que nunca liberó, como sí lo hizo el gran José Artigas con su muy íntimo (relación nunca estudiada en serio) amigo Ansina. Lo que reconocemos de Jefferson es haber impulsado la historia hacia la dirección correcta en base a ciertos valores de la Ilustración.

El general Lee y todos los líderes y símbolos de la Guerra Civil no representan ninguno de esos valores que hoy consideramos cruciales para la justicia y la sobrevivencia de la especie humana sino todo lo contrario: representan las fuerzas reaccionarias, arrogantes, criminales que, por alguna razón de nacimiento, se consideran superiores al resto y con derechos especiales.

Como ya nos detuvimos en otros escritos, un análisis cuidadoso de la historia de Estados Unidos desde la rebelión de Nathaniel Bacon en 1676, exactamente cien años antes de la fundación de este país, muestra claramente que le racismo no era ni por lejos lo que comenzó a ser desde finales del siglo XVII. Si bien el miedo o la desconfianza a los rostros ajenos es ancestral, la cultura y los intereses económicos juegan roles decisivos en el odio hacia los otros. Las políticas deliberadas de los gobernadores y esclavistas de la época fue inocular ese odio entre las “razas” (indios, blancos y negros) para evitar uniones y futuros levantamientos de la mayoría pobre.

El racismo, una vez inoculado en una cultura y en un individuo, es uno de los sentimientos más poderosos y más ciegos. En tiempos de prosperidad económica, los blancos de clase media para arriba culpan a los pobres, sobre todo a los pobres negros, por su propia pobreza. La ética calvinista asume que uno recibe lo que merece, primero por voluntad divina, segundo por mérito propio. Pero cuando la economía no va del todo bien y esos mismos blancos razonables se descubren sin trabajo y sin la prosperidad de sus padres, inmediatamente se convierten en blancos supremacistas o, como mínimo, en blancos xenófobos bajo una amplia variedad de excusas. Entonces, ser pobres ya no es culpa ni de Dios ni de ellos mismos sino de los negros y de los extranjeros que vienen a quitarles sus trabajos.

Para el presidente Trump, en Charlottesville (ciudad fundada por indios y residencia de Jefferson y Madison) hubo dos grupos que chocaron y la responsabilidad es de ambos por igual, unos de izquierda y otros de derecha. Poner las cosas dentro de esta antigua clasificación, izquierda y derecha, hace lucir el problema como algo horizontal, como una cuestión de meras opiniones políticas, ambos igualmente responsables de todo el mal. Como en la teoría de los dos demonios en el Cono Sur, aquí se mide igual la violencia racista que la reacción antirracista. Como durante siglos se trató de justificar la violencia de los amos por la violencia de los esclavos.

Solo cabe esperar algo peor. Nuestro tiempo presenciará la lucha entre la Ilustración y la Edad Media. A largo plazo, no sabemos cuál de las dos fuerzas vencerá.

– Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas.

MIÉRCOLES 23 DE AGOSTO DE 2017 – COMCOSUR
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3) Líderes del ámbito tecnológico firman una carta para pedir la prohibición de los robots asesinos
(La Marea)

Un centenar de nombres destacados del mundo de la tecnología, entre ellos Elon Musk, fundador de Tesla, y Mustafa Suleyman, creador del laboratorio de inteligencia artificial de Google, se han sumado a las decenas de organizaciones sociales, movimientos religiosos, comunidades científicas y activistas que desde hace varios años piden la prohibición de las armas autónomas letales, popularmente conocidas como robots asesinos: máquinas capaces de abatir objetivos humanos en el campo de batalla de forma totalmente independiente (sin supervisión humana), a pesar de su incapacidad para distinguir entre objetivos civiles y militares.

En total 116 líderes del ámbito tecnológico de 26 países firmaron la carta (puede leer una traducción al castellano al final de este artículo), redactada por el científico y experto en inteligencia artificial Toby Walsh, y dirigida a las Naciones Unidas, la organización en la que año tras año los gobiernos aplazan la prohibición de esta tecnología militar. Entre los signatarios hay tres directivos españoles: Toni Ferrate (RO-BOTICS), José Manuel del Río (Aisoy Robotics) y Victor Martín (Macco Robotics). “Sabes cómo aprenden [los robots asesinos], pero no qué van a hacer con el conocimiento adquirido”, explicó Toby Walsh a La Marea en diciembre, cuando tuvo lugar la última cita gubernamental para abordar el futuro de los robots asesinos.

Este lunes los Estados que integran la ONU tenían previsto reunirse en el marco de la Convención sobre ciertas armas convencionales, la misma que en el pasado impidió, por ejemplo, el desarrollo de las armas láser, y que ahora se encarga de dictaminar el futuro de las armas autónomas letales (LAWS por sus siglas en inglés). Los Estados que participan en esta convocatoria decidieron crear un nuevo grupo de expertos para determinar los pros y contras de esta tecnología, pero finalmente volvieron a posponer el encuentro de esta semana hasta noviembre. Desde que Naciones Unidas aborda el futuro de los robots asesinos, los gobiernos que participan en la revisión de esta convención han aplazado una y otra vez su decisión. La última vez fue en diciembre de 2016 (La Marea fue el único medio escrito que cubrió la cita).

Los expertos en inteligencia artificial, líderes políticos y religiosos, e incluso premios Nobel de la Paz como Jody Williams advierten sobre los dilemas éticos y legales de permitir que una máquina mate a seres humanos (no es posible determinar el responsable legal de los errores que cometa el aparato), así como el peligro de desplegar armas independientes que, por razones tecnológicas, están incapacitadas para distinguir objetivos civiles y militares. Entre sus razones para prohibir el desarrollo de estas armas también está la necesidad de impedir que prolifere una nueva carrera armamentística.

Carta abierta a la Convención de las Naciones Unidas sobre Ciertas Armas Convencionales:
Nosotros, compañías que construyen la tecnología en inteligencia artificial y robótica que podría ser reutilizada para desarrollar armas autónomas, nos sentimos particularmente responsables de alzar la voz en este sentido. Recibimos con los brazos abiertos la decisión de la Convención de las Naciones Unidas sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC) para establecer un Grupo de Expertos Gubernamentales (GEG) sobre Sistemas Armados Autónomos Letales. Muchos de nuestros investigadores e ingenieros están impacientes por ofrecer asesoramiento técnico a sus deliberaciones.

Aplaudimos el nombramiento del Embajador Amandeep Singh Gill de India al frente del GGE. Rogamos a las Altas Partes Contratantes del GEG a trabajar intensamente en la búsqueda de medios para prevenir una carrera armamentística de este tipo de armas, para proteger a los civiles de su uso indebido, y para evitar los efectos desestabilizadores de esta tecnología. Lamentamos que el primer encuentro del GEG, el cual debería haber empezado hoy (21 de agosto de 2017), haya sido cancelado debido al reducido número de estados dispuestos a pagar su contribución financiera a Naciones Unidas. Por tanto, exhortamos a las Altas Partes Contratantes a duplicar sus esfuerzos durante el primer encuentro del GEG previsto para noviembre.

Las armas autónomas letales amenazan con convertirse en la tercera revolución armamentística. Una vez desarrolladas, darán lugar a conflictos armados a una escala nunca antes vista, y a una velocidad superior a la que los humanos nunca podrán alcanzar. Estas pueden ser armas de terror, armas que los déspotas y terroristas usen contra poblaciones inocentes, y armas susceptibles de ser hackeadas para actuar de forma indeseable. No tenemos mucho tiempo para actuar. Una vez que la Caja de Pandora se haya abierto, será difícil cerrarla. Por tanto, rogamos a las Altas Partes Contratantes que encontren la forma de protegernos de estos peligros.

MIÉRCOLES 23 DE AGOSTO DE 2017 – COMCOSUR
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4) Siria: Hay luz al final del túnel
Eduardo Luque y Bashar Barazi (TopoExpress)

Tal y como hemos venido sosteniendo a lo largo de estos seis años de guerra en Siria, la situación militar es el elemento determinante de la acción política. Evidentemente, otros factores influyen: la correlación interna de las fuerzas políticas, el apoyo social, la situación internacional… En varias ocasiones hemos utilizado el análisis del general prusiano Kark von Klausewitz para entender los procesos políticos que se sucedían en la guerra siria. Klausewitz y su visión de la guerra han impregnado hasta nuestros días los estados mayores de los ejércitos, de Ludendorff a Kriege, y la política, de Marx y Engels a Lenin (que lo consideraba como el texto más importante de la filosofía de la guerra). El general prusiano sostenía en su obra “De la Guerra” que: “la guerra es la prolongación de la política por otros medios, pero sin dejar de ser parte de ella. Es un medio, y su finalidad es siempre política”.

La batalla de Alepo, tal y como la hemos calificado, fue el punto de inflexión, el fiel de la balanza en esta guerra de agresión; la recuperación de esta ciudad a manos del ejército sirio y la derrota de las fuerzas mercenarias, fue la antesala del colapso de los grupos terroristas. Sus valedores (EEUU, Turquía, Francia, Inglaterra Arabia Saudita y Qatar) vieron en esa victoria cómo la correlación militar caía del bando sirio. Las provocaciones, los esfuerzos para rearmar a los grupos terroristas, la presión internacional y la amenaza de la internacionalización (¡aún más!) del conflicto fueron vanas. El cambio de postura de los contendientes tuvo que ir parejo al avance sostenido del ejército sirio.

El último en reconocer la realidad sobre el terreno ha sido Arabia Saudita. A finales de agosto el canciller saudí Adel al-Yubeir, dirigía una carta al principal grupo opositor sirio apoyado por Riad, el Alto Comité de Negociaciones (HNC, en inglés) señalando una obviedad: la desastrosa situación militar sobre el terreno obliga a un realineamiento político. La derrota y la salida del poder de Bashar al-Assad se antoja imposible. La discusión política sólo se centra ahora en cuánto tiempo quiere permanecer en el poder al-Assad.

El diario libanés Al-Ahed News ha informado de que la monarquía saudí iniciará una ronda de informaciones con los grupos opositores a Damasco para indicarles de sus intenciones. En este momento, la oposición siria y Arabia Saudí aceptan que Al-Assad pueda permanecer en el poder durante 18 meses más, hasta la formación de un gobierno de transición, y el derecho del actual presidente a postularse nuevamente como candidato en las futuras presidenciales. Se garantizaría la seguridad de las instituciones sirias, la participación de todos los grupos étnicos en las elecciones presidenciales y, por último, se asegura el fin de los combates en particular en Idlib, aumentando la cooperación entre el ejército Libre de Siria (ELS) y el ejército nacional contra las fuerzas terroristas. Por su parte el portal de noticias israelí DEBKAFILE, cercano a la inteligencia israelí, reconocía el fracaso de la política saudí. El título del artículo no puede ser más evidente: “El juego saudí en Siria fracasó y Al-Assad es el ganador”.

Desde el inicio de la crisis en marzo del 2011, Arabia Saudita se convirtió en el gran financiador del terrorismo en Siria. Riad financió también un denominado “Alto Comité de Negociaciones” cuya cabeza más visible era Riad Hiyab (ex primer ministro que desertó en julio de 2012, tras un mes en el cargo y cuando los medios aseguraban la caída inminente de Al-Assad). Este cuerpo opositor había sido la cara “amable” de la oposición. Marginado en la escena siria, sin influencia en el interior del país, sin poder real más allá de los intereses de Riad, servía para proporcionar imagen “política” a los grupos terroristas que cometían actos abominables contra la población civil. El encuentro entre el canciller saudí y este grupo opositor traía un mensaje añadido: “el presidente sirio, Bashar Al Assad, permanecerá en el poder y los integrantes del Comité tienen que presentar una nueva visión o se alcanzará una solución siria sin la oposición”.

Para el grupo opositor, que había focalizado su política en la salida rápida de Al Assad del poder, ha sido un golpe demoledor. En realidad la situación sobre el terreno es el elemento central. La decisión de Donald Trump de suspender el programa de formación y armamento de unidades del “Ejército Libre de Siria” marca las negociaciones y las nuevas propuestas políticas. Los grupos terroristas, cada vez más arrinconados en la frontera iraquí, sin perspectiva de victoria, han acumulado recursos para presentar una última batalla defensiva en Deir Erzzor y Al-Raqa. El eje que se dibuja en estos momentos (que incluye a Hizbolá, Bagdad, Teherán, Damasco y Moscú) hace insostenible la situación de estos grupos, aunque aún provocarán mucho sufrimiento. La única esperanza para el DAESH es que Washington utilice a los supervivientes para crear nuevos conflictos en Asia Central, intentando desestabilizar tanto a Rusia como a China.

El jefe de la diplomacia saudí muestra una “nueva visión “para la oposición que no es otra que negociar con Al Assad. Pretenden volver a Damasco en el marco de una reconciliación integral y tener alguna baza negociadora antes del colapso final de los grupos armados.

Siria ha cambiado desde el inicio de la crisis; a día de hoy no es la misma y eso se aplica también para Arabia Saudita. Desde comienzos de año cerca de 600.000 personas han regresado a sus casas después de convertirse en desplazados internos según informes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Siria va recuperando poco a poco su población desplazada. Si titánico ha sido el esfuerzo militar aún por acabar, no será menor el esfuerzo por la reconstrucción.

MIÉRCOLES 23 DE AGOSTO DE 2017 – COMCOSUR
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5) «Red Atlas»: conozca la actividad implacable de la internacional capitalista
Tita Barahona (Canarias Semanal)

La Internacional Capitalista existe, está muy bien organizada y, obviamente, muy bien financiada. Funciona subrepticia y eficazmente a través de una inmensa red de fundaciones, institutos, centros, sociedades…, unidas entre sí por hilos casi invisibles. No es teoría de la conspiración, sino hechos constatables. Uno de los nodos de esta red es la llamada ATLAS NETWORK (Atlas Economic Research Foundation), de la que después nos ocuparemos. Pero el núcleo generador de todo el entramado hay que buscarlo en 1947, finalizada la II Guerra Mundial, cuando un grupo de académicos economistas ultraliberales – o neoliberales, como se autodenominaron -, entre los cuales se hallaban Friedrich von Hayek y Milton Friedman, se reunieron en la localidad austriaca de Mont Pelerin y decidieron formar una Sociedad. Su objetivo: luchar por todos los medios contra los obstáculos al libre mercado puestos tanto por el sistema de planificación soviético, como por el intervencionismo económico de los Estados más ricos de Occidente, o lo que pronto se llamaría el Welfare State (Estado del Bienestar) [1].

Este grupo fundador se diseminó por los departamentos de economía de las universidades más importantes del mundo, especialmente en EE.UU y el Reino Unido; y bien dotados de fondos provenientes de empresas, organizaron fundaciones, institutos y centros de producción de pensamiento -lo que se conoce como think tanks-, que, además, pronto funcionarían también como centros de formación de líderes políticos. La Mont Pelerin Society se unió a otras ya existentes del mismo jaez, como el británico Institute of Economic Affairs, y le seguirían otras que hoy se cuentan entre las más influyentes, como la estadounidense Heritage Foundation o el Cato Institute. De este modo, fueron abriendo espacios para poner en contacto a académicos, políticos y periodistas afines y comprometidos con los objetivos de la Internacional ultraliberal, entre los cuales uno primordial era influir en la opinión pública, es decir, el control ideológico.

Cuando una de las crisis estructurales del capitalismo se hizo sentir a mediados de la década de los 70, la operación de esta red de think tanks se hallaba ya muy avanzada. Uno de sus campos de experimentación estaba siendo el Chile de Pinochet, aupado al poder por el golpe de estado promovido por EE.UU en 1973. Proliferaron los artículos, libros, entrevistas radiofónicas, etc., criticando el Estado del Bienestar. Enseguida, con los gobiernos de Margaret Thatcher en Reino Unido y poco después de Ronald Reagan en EE.UU, llegaron los procesos de privatización, des-industrialización, desregulación, externalización y demolición del Estado del Bienestar, lo que significaba sobre todo desregular el mercado de trabajo. Pero su mayor éxito fue, como expresó la propia Thatcher, que incluso los partidos social-demócratas se estaban convirtiendo al credo neoliberal .[2] Aparte de Tony Blair, Felipe González fue también un alumno aventajado.

En este contexto se fraguó, en 1981, la ATLAS NETWORK, think tank creado por un tal Antony Fisher en San Francisco. Pronto le crecieron filiales -con distintos nombres- en otros países, especialmente de Latinoamérica, y en Europa del Este tras la desintegración de la URSS. Fisher, cifraba el éxito de esta red de fundaciones en que el público las percibía como instituciones académicas e imparciales. De eso se trataba. En 1991 tomó el relevo de la dirección de Atlas el argentino con nacionalidad estadounidense Alejandro Chafuen, que había apoyado el golpe militar de Videla en Argentina y desde entonces dedica su vida a la destrucción de los movimientos y gobiernos de izquierda en América del Sur y Centroamérica. Entre sus donantes regulares se cuentan Phillip Morris, Exxon-Mobil y MasterCard; pero Atlas también atrae a inversores millonarios como los hermanos Charles y David Koch, la segunda fortuna de los EEUU. Este dinero lo emplea Atlas en financiar a sus fundaciones satélites. Otra vía de financiación proviene del mismo gobierno norteamericano a través del National Endowment for Democracy (Fondo Nacional para la Democracia) y el Center for International Private Enterprise (Centro de la Empresa Privada Internacional).

Los cables filtrados por la soldado Manning y los informes obtenidos por la investigadora norteamericana Eva Golinger, confirman que los políticos de este país orquestaron, con métodos muy refinados, la campaña para desestabilizar al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. En 1998, el think tank satélite de Atlas en Caracas, CEDICE LIBERTAD, recibió financiación regular del Center for International Private Enterprise para provocar un cambio de gobierno. El director de Cedice fue uno de los signatarios del Decreto Carmona, que apoyó el intento de golpe de Estado contra Chávez en 2002. Actualmente Cedice Libertad, promotora de la violenta escalada de protestas contra Maduro, está estrechamente asociada a la figura de María Corina Machado, que, en 2014, a través de vídeo-conferencia, daba públicamente las gracias a la Red Atlas y sus “luchadores de la libertad” por los servicios prestados. [3]

La Red Atlas ha estado involucrada asimismo en el golpe de Estado contra Celaya en Honduras en 2009, y recientemente en la caída de Dilma Russeff en Brasil y Cristina Fernández en Argentina. Su filial en este último país, la Fundación Pensar, se ha fusionado con el partido de Mauricio Macri. También financia a la Fundación Eléutera en Honduras y la campaña de Sebastián Piñera, candidato de derechas a las próximas elecciones en Chile. Según declaraciones de Fernando Schüler, académico y columnista asociado al Instituto Millenium, un think tank de Atlas en Brasil, la única manera de acabar con la influencia de los sindicatos y del Partido de los Trabajadores en ese país era manipular la protesta social a través de un medio de bajo coste: las nuevas tecnologías (WhatsApp, Facebook, YouTube…). La Red Atlas produce vídeos virales en YouTube que difunden la propaganda ultra-liberal, y por este y otros medios está contribuyendo a reconfigurar el mapa político de América Latina y, por tanto, funcionando de hecho como un brazo de la política imperialista norteamericana.

Todos los años se organiza el Foro de la Libertad en América Latina, el último de los cuales se celebró el pasado mes de mayo en el Brick Hotel de Buenos Aires, con el presidente Macri y Vargas Llosa de invitados especiales. Allí se debatió sobre cómo combatir a los líderes de izquierdas en todos los frentes, desde los campus universitarios a las movilizaciones masivas en la calle para provocar su derrocamiento. Otra sesión se dedicó a elaborar los argumentos que los “amantes de la libertad” deben emplear para dar respuesta a lo que llaman “surgimiento global del populismo” y de este modo “redireccionar el sentimiento de injusticia que muchos sienten” hacia los objetivos del mercado libre. [4]

La Red Atlas cuenta hoy con 450 filiales en el mundo, 10 de ellas en España. Entre estas últimas está el think tank INSTITUTO JUAN DE MARIANA, cuyo director es también rector de una universidad guatemalteca que ha otorgado honoris causa a personajes como José María Aznar y Pedro Schwartz, catedrático de economía de la Universidad CEU San Pablo y antiguo colaborador de El País. Esta filial de Atlas fue fundada en Madrid en 2005, a su acto de presentación acudió Esperanza Aguirre, entre otros políticos, periodistas y académicos ultra-liberales; y algunos de sus miembros tienen notable presencia en medios como Libertad Digital. Precisamente, el citado Pedro Schwartz ha sido hasta 2016 el presidente de la Mont Pelerin Society, que sigue viva y coleando. Su última reunión se celebró este año pasado en Miami, con la presencia del director del Instituto Juan de Mariana, entre otros españoles. El siguiente encuentro está previsto en las Islas Canarias, organizado por la universidad privada online OMMA Manuel Ayau Cordón, con la colaboración de la Universidad Francisco Marroquín y el mismo Instituto Juan de Mariana. [5]

No debemos llamarnos a engaño. Las fundaciones y otras entidades “sin ánimo de lucro” que llevan la palabra LIBERTAD en su nombre, en la mayoría de los casos libertad significa su libertad, la de la clase capitalista para explotarnos, para succionar toda la riqueza que los trabajadores del mundo producimos, para privatizar (robar) los servicios públicos que sostenemos con nuestros impuestos (no los suyos), para minar nuestra resistencia, desestabilizar y derrocar gobiernos que no se plieguen a sus intereses, por los medios que sean, incluso organizando a “luchadores por la libertad” en grupos paramilitares que asesinan y torturan, en manifestantes incendiarios, y golpes militares con su secuela de represión brutal. Su libertad es nuestra esclavitud. Por eso es necesario y urgente revitalizar nuestra Internacional.

Notas y referencias bibliográficas:

[1] Dejando aparte las causas reales que impulsaron a la social-democracia, tras la II Guerra Mundial, a instaurar el Estado del Bienestar en los países del centro capitalista, especialmente en Europa occidental, lo que estorbaba a la clase capitalista era la regulación de las relaciones capital-trabajo, la política redistributiva que garantizaba las prestaciones sociales, es decir el salario diferido que contribuía a la reproducción de la fuerza de trabajo, así como la enseñanza y la sanidad gratuitas, y, sobre todo, la fortaleza de los sindicatos y las organizaciones populares.
[2] En los EE.UU, a los adeptos a esta doctrina se les llama libertarians (libertarios); pero como en nuestro idioma libertario tiene un significado muy distinto, optamos por ultra-liberales. Lo preferimos a neo-liberales por entender que este término (que significa nuevo liberalismo) es redundante, ya que el liberalismo económico ha sido siempre la doctrina del capitalismo, incluso en su versión Keynesiana, inspiradora de los Estados del Bienestar. Ultra-liberales denota un grado extremo de liberalismo que aboga por la nula intervención del Estado en las relaciones capital-trabajo y en las transacciones comerciales y financieras, o lo que ellos llaman el “mercado libre” en estado puro.
[3] Véase el artículo de Lee Fang, “Sphere of influence: How American libertarians are remaking Latin American politics”, en The Intercept, 9 agosto 2017.
[4] Véase artículo citado en nota anterior.
[5] Véase el artículo de Andrés Villena, “Quién paga la ofensiva española de los austriacos?”, en Público, 29 marzo 2017.

MIÉRCOLES 23 DE AGOSTO DE 2017 – COMCOSUR
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“Las ideas dominantes de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad resulta ser al mismo tiempo la fuerza espiritual dominante, la clase que controla los medios de producción intelectual, de tal manera que en general las ideas de los que no disponen de medios de producción intelectual son sometidos a las ideas de la clase dominante”. — Carlos Marx
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POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL ES UNA PRODUCCIÓN DE COMCOSUR / COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA DESDE EL CONO SUR / Desde el 19 de Junio de 1994 / Coordinación: Carlos Casares – DIRECCIÓN POSTAL: Proyectada 17 metros 5192 E (Parque Rivera) 11400 MONTEVIDEO/URUGUAY / Apoyo técnico: Carlos Dárdano / Comcosur se mantiene con el trabajo voluntario de sus integrantes y no cuenta con ningún tipo de apoyo económico externo, institucional o personal / Las opiniones vertidas en las distintas notas que integran este boletín no reflejan necesariamente la posición que podría tener Comcosur sobre los temas en cuestión / Comcosur integra la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) / blog: nuevo.comcosur.org / contacto: comcosur@comcosur.com.uy / Y ahora puedes seguir a Comcosur también en Facebook
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