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DOMINACIONES Y RESISTENCIAS

1) La guerra mediática del ISIS en Internet –
2) Los hilos mediáticos del África al sur del Sáhara –
3) El dilema del pueblo saharaui: lucha armada o perpetua agonía –
4) Brasil: dominación y resistencia en la favela –
5) El activismo francés en estado de emergencia

COMCOSUR — POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL / AÑO 15 / Nº 751 / Lunes 28 de Diciembre de 2015 / REVISTA SEMANAL DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS / Producción: Andrés Capelán – Coordinación: Carlos Casares
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“Vivimos en la mentira del silencio. Las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca. Eso lo hacen quienes tienen el monopolio de la palabra. Y el combatir ese monopolio es central.” — Emir Sader
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1) La guerra mediática del ISIS en Internet
Germán Gorraiz López (Alai)

Wright Mills en su libro “The Power Elite” (1956) explica que el establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”.

Por su parte, Zbigniew Brzezinski, ex- consejero de Seguridad Nacional durante el mandato de Carter, en un artículo publicado en la revista Foreign Affaire (1970), expone su visión del “Nuevo Orden Mundial” al afirmar que “se hace necesaria una visión nueva y más audaz con la creación de una comunidad de países desarrollados que puedan tratar de manera eficaz los amplios problemas de la humanidad”, esbozos de una teoría que perfilará en su libro “Entre dos edades:El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica”(1.971).

En el citado libro aboga además por el control de la población por una élite mediante la “manipulación cibernética” al afirmar que “la era tecnotrónica involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una élite sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener al día los expedientes completos que contienen incluso la información más personal sobre el ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”, lo que anunciaría ya la posterior implementación del programa PRISM o del “affaire Spyon” de la NSA..

Asimismo, en un discurso reciente durante una reunión del Council on Foreings Relations (CFR), el citado Brzezinski advirtió que “la dominación de las élites ya no es posible debido a una aceleración del cambio social impulsado por la comunicación instantánea que han provocado el despertar universal de la conciencia política de las masas (Global Political Awakening) y que está resultando perjudicial para la dominación externa como la que prevaleció en la época del colonialismo y el imperialismo”.

En consecuencia, tras el intento de controlar la nube mediante programas secretos como el citado Programa PRISM , en los próximos años asistiremos al final de la democratización de la información (siguiendo la senda emprendida por los llamados “países totalitarios”, mediante la imposición de leyes que prohíben el uso de determinados términos (en China, por ejemplo, «democracia» o «derechos humanos») para continuar con la implementación de filtros en los servidores de los ISP, de lo que sería paradigma el SmartFilter fabricado por la compañía estadounidense Secure Computing. Así, según un estudio de la organización OpenNet (integrada por las universidades de Oxford, Cambridge, Harvard y Toronto), 25 países ejercerían la censura de webs con contenidos políticos o sociales “peligrosos” e impedirían asimismo el acceso a aplicaciones como YouTube o Google Maps aplicando sofisticados métodos de censura gracias a la colaboración de empresas occidentales.

El ISIS y los mensajes encriptados

La necesidad de escapar al control del Big Brother en redes como Yootube, Twitter o Facebook , habría llevado a una minoría a utilizar la red TOR, también conocida como Dark web y creada por defensores del software libre para proteger la identidad de los usuarios. Dicha red, (accesible sólo para una minoría) habría contado en sus inicios con las bendiciones de los Gobiernos occidentales para permitir el acceso a Internet en “países totalitarios” como China, Corea del Norte, Cuba e Irán, pero tras los atentados yihadistas de París, las actividades propagandística del ISIS estarían siendo monitorizadas y filtradas por las agencias de seguridad occidentales lo que habría forzado al grupo yihadista al uso de la red TOR

Sin embargo, las claves mediáticas del ISIS son la rapidez y masificación en la difusión de sus contenidos propagandísticos, la diversificación en el uso simultáneo de múltiples plataformas y últimamente el uso de mensajes encriptados. Así, el ISIS habría comenzado a utilizar masivamente la nueva aplicación Telegram al estar sus contenidos encriptados y poder formarse grupos de hasta 200 amigos y utilizar chats secretos donde el material propagandístico se autodestruye, con la consiguiente dificultad de los servicios secretos occidentales para acceder a sus contenidos.

En consecuencia, asistiremos a la implementación por el establishment occidental de severas restricciones al uso democrático de la Red, (Francia quiere prohibir ya el acceso a la red TOR según el diario francés Le Monde) a la que seguirá la ilegalización de plataformas encriptadas como la citada Telegram, lo que tendrá como efecto colateral la imposibilidad del acceso universal a la red en la próxima década y el retorno a sus orígenes de la Red de Redes al quedar Internet convertido en herramienta exclusiva de las élites políticas, económicas y militares, lo que de facto constituirá una deriva totalitaria y la implementación del déficit democrático como estigma recurrente de las llamadas democracias formales occidentales o “estilo Westminster”.

LUNES 28 DE DICIEMBRE DE 2015 – COMCOSUR
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2) Los hilos mediáticos del África al sur del Sáhara
Sebastián Ruiz (Pueblos)

Quién controla a los medios de comunicación es una cuestión que pasa desapercibida. Y no es casual. La respuesta atenta directamente contra las estructuras de poder que están reforzadas por los agentes publicitarios que, a su vez, sostienen las radios, televisiones, periódicos y el propio internet. La apariencia de un abanico amplio de opciones para informarnos nubla una realidad que ataca directamente a la democratización de los contenidos y al ejercicio de la propia profesión que desde hace tiempo ha sustituido sin ningún escrúpulo la máxima de informar por la de vender. Antes, esta variable estaba de alguna forma encubierta, pero el capitalismo monopolista no tiene espacio para distracciones.
El ecosistema actual de medios del continente africano es vibrante. En algunas ciudades donde hace apenas una década (antes de la ola de liberalizaciones de los años noventa) había aproximadamente tres o cuatro periódicos y una radio (la del gobierno), hoy cientos de empresas compiten por hacerse un hueco. La población consumidora africana está más conectada por la accesibilidad de teléfonos móvil desde los que llamar, chatear, tuitear o incluso pagar. Aunque el acceso sea asimétrico.

Dos ejemplos: actualmente hay unos doscientos periódicos en la República Democrática del Congo (RDC). Algo parecido sucede en Nairobi, capital de Kenia, en la que cientos de personas dedicadas a la venta ambulante moldean el paisaje urbano con periódicos bajo el brazo en varias lenguas: inglés, suajili, kikuyo, luo o árabe. Al mismo tiempo, el continente ha visto cómo hombres (sobre todo, hombres) lideran grandes conglomerados mediáticos que controlan la mayor parte del contenido que se genera. Algunos de estos ejemplos serían el sudafricano Koos Bekker, el tanzano Reginald Mengi o el nigeriano Raymond Dokpesi.

Una relación complicada: África y los medios

La prensa, tal y como la conocemos en Occidente, surgió en el continente africano de la mano del colonialismo. En parte como soporte para mantener informadas a las pequeñas élites económicas de las colonias y ofrecer un espacio donde anunciarse; en parte como un mecanismo más, utilizado por las metrópolis, para “educar” en los valores occidentales. Sobre todo, el desarrollo del cine colonial y misionero en las décadas de los 20, 30 y 40 presentan un claro ejemplo de cómo la colonización utilizó las herramientas comunicativas para respaldar su misión “civilizadora”.

La noción de la construcción del Estado en África ha estado ligada a los medios desde su inicio y se produjo en diferentes niveles. En primer lugar, a raíz de las independencias en la década de los años 60, el pensamiento político africano empezó a preocuparse por la construcción de los Estados-nación y la consolidación del poder político. Su manifestación abierta fue la nacionalización de los medios de comunicación (prácticamente en un 80 por ciento eran propiedad de las élites coloniales), convirtiéndolos, de hecho, en portavoces de los nuevos Estados. En esta primera fase, los medios de comunicación fueron vistos como instrumentos para forjar y mantener una identidad nacional unificada y soñada.

En consonancia con este énfasis histórico sobre la construcción nacional, varios presidentes africanos vieron en los medios de comunicación posibles vehículos para sus ideologías políticas de la unidad nacional.

Por ejemplo, el presidente Jomo Kenyatta (Kenia) instaba a la prensa a que “buscase la unión, en lugar del aislamiento”. De esta manera, en función de las ideologías, el relato varió según el país: podemos encontrar el discurso de la “Personalidad africana” en la Ghana del presidente Kwame Nkrumah; el movimiento de la “Negritud” en el Senegal de Leopold Senghor; la unidad nacional o “Harambee” en Kenia; el “Ujamaa” (o unión) en Tanzania, de la mano del padre del socialismo africano, Julius Nyerere; la narrativa del “Humanismo” en Zambia, respaldada por su primer presidente Kenneth Kaunda; o el “Chimurenga” (lucha revolucionaria) en el Zimbabue de Robert Mugabe.

En segundo lugar, en el plano internacional, las ideologías postcolonialistas de construcción de la nación debían coincidir con las convocatorias de un Nuevo Orden de la Información y la Comunicación (NOMIC). Curiosamente, en 1985, Edward W. Said, en su reconsideración del orientalismo[1], se refería al debate sobre el NOMIC en términos de la producción irregular de los conocimientos y de los medios de comunicación para protegerse contra el nativismo, la intervención divina, el regionalismo, y las cortinas de humo ideológicas.

En tercer lugar, en la era de la globalización actual, las preocupaciones de los medios africanos se centran en cómo el Estado postcolonial puede volver a legitimarse ante los ojos de la gente. ¿Por qué? Pues porque la globalización desafía la noción del Estado-nación como unidad geográficamente acotada, haciéndola permeable a las influencias globales de la liberalización económica, la privatización, la comercialización y la internacionalización.

En esta nueva configuración, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y una serie de organizaciones internacionales determinan y dictan la política fundamental. Son, en muchos aspectos, las nuevas administraciones coloniales. Y en este caso, los medios de comunicación se convierten en un peón en la política del poder, siendo desplegados al servicio de las élites estatales y tratando de conquistar los corazones y las mentes de la ciudadanía.

Algunos de los problemas más críticos y difíciles que impiden el desarrollo de los medios, ya sean heredados del pasado o de los marcos políticos actuales, son de carácter económico. Kenia, Nigeria y Sudáfrica se encuentran entre los pocos ejemplos de entornos en los que las grandes empresas de negocio están detrás de las empresas mediáticas.

Es importante observar también que el nuevo ecosistema político/legal ha favorecido la entrada de medios de comunicación extranjeros. Pero de alguna forma no son nuevos. Muchos de los medios dominantes disponibles y accesibles para las grandes audiencias africanas tienen vínculos accionariales con las antiguas metrópolis y, cuando no, la voz de sus principales agencias son referencia obligada para seguir la actualidad: la BBC (Inglaterra), Radio France International(Francia), Voice of America (Estados Unidos) o la Deutsche Welle (Alemania).Paula Cabildo.

Países enmarcados dentro de las economías más pujantes del mundo también tienen un protagonismo cada vez más considerable en África, como muestran los ejemplos de China y su nuevo canal de televisión CCTV-Africa, o Turquía, con EbruTV. Un caso interesante también a tener en cuenta es el de AlJazeera, que en los países anglófonos está alcanzando cuotas elevadas de seguimiento.

No es previsible esperar que los medios de propiedad privada africana tengan el alcance de los grandes grupos internacionales que ya están consolidados en el continente. Sin embargo, tampoco parece que ésta sea la dinámica, especialmente por las condiciones económicas. Más bien es pertinente preguntarse dos cuestiones: por un lado, si la industria de los medios en África no se presentará como otro nuevo Dorado para el intento de control socioeconómico y, en segundo lugar, cuáles son las prácticas comunicativas-empresariales que estarían ejerciendo estos medios “nacionales”.

El impacto de la globalización mediática en África

A pesar del relativo aislamiento en los flujos de información (hay quien puede pensar que se trata de marginación), el continente africano se encuentra desde hace una década en la cúspide de los procesos comunicativos. Entre otras cuestiones, la globalización ha permitido que las imágenes y programas de la industria cultural dominante sean efectivos para captar seguidores con lenguajes heterogéneos y con diferentes culturas. De hecho, África está inundada por el contenido de los medios de comunicación de masas y, con él, la filosofía, valores y diferentes visiones del mundo, sobre todo de los Estados Unidos.

La explicación es sorprendentemente simple: no hay numerosas fuentes de noticias en el mundo y el ejemplo del panorama en Estados Unidos puede resolver algunas dudas. Cinco grandes corporaciones controlan el 90 por ciento de los medios de comunicación y conectan a estos cinco conglomerados con las élites de la clase política y económica: Tim Warner, Disney, News Corporation, Bertelsmann y Viacom. Sus ramificaciones llegan a Europa, América Latina, Asia y África.

Sin embargo, aunque estos breves ejemplos dan una impresión de un África asaltada por los medios de comunicación del Norte y sus valores afines, el intercambio cultural aquí no es uniforme y unidireccional. Las y los africanos son mucho más que receptores pasivos de mensajes. A pesar de la casi abrumadora exposición a la programación occidental y a que los controles gubernamentales africanos sobre sus medios de comunicación tienen su base en modelos coercitivos del colonialismo europeo, los mass media africanos participan activamente en la hegemonía cultural que acompaña a la globalización.

Conglomerados mediáticos africanos

Los conglomerados mediáticos mundiales cosechan una cultura global que puede ser empaquetada, publicitada y vendida como nueva al estilizar los distintos productos que ofertan: noticias, películas, vídeos, canciones, discos, revistas y sus accesorios culturales sinérgicos, desde ropa a alimentos y artículos de cuidado personal. El éxito de la animación y el propio modelo de la publicidad promovida por los medios de comunicación transnacionales indica el liderazgo hegemónico del capital global, ya que millones de personas se sienten atraídas por la levitación yel dulce olor del placer de comprar.

Los medios de comunicación globales y sus anunciantes buscan continuamente nuevos productos y nuevos mercados, apropiándose de ellos y estimulándolos, pero siempre dentro de un marco modificado de composición. Sin embargo, tanto la diversidad de experiencias culturales como sus prácticas y manifestaciones artísticas quedan fuera de los límites de los grandes conglomerados mediáticos. ¿Y qué estrategia utilizan? La absorción y compra, o las alianzas estratégicas comerciales en aquellos sectores donde no tienen influencia. Y en el continente hay varias empresas, que aunque con inversión de capital local, siguen esta estructura mundial. A continuación cuatro ejemplos.

Naspers (Sudáfrica)
Puede que sorprenda saber que la multinacional más grande de Sudáfrica no se dedica a la extracción de recursos minerales como diamantes, oro o plata. Tampoco procesa aceite ni produce cerveza. Al contrario, es una empresa de medios. Y el sudafricano Koos Bekker, de 62 años y posiblemente el magnate con más influencia mediática en África, está lejos de jubilarse. Bekker es el director general y el mayor accionista individual de Naspers, un conglomerado que, entre otras empresas, controla 23 revistas (incluyendo las más leídas de la “prensa rosa” You, Drum y True Love), siete periódicos y el gigante de la televisión de pago DSTV. El origen del nombre de Naspers proviene de la lengua afrikans, Nasionale Pers (Prensa Nacional) y, desde que cambiara su nombre oficialmente en 1998, se ha erigido en una multinacional que ofrece servicios en más de 130 países.

Lo interesante es que sus orígenes estuvieron ligados a la dirigencia del Apartheid. Han tenido que pasar 100 años desde la fundación de Nasionale Pers (julio de 2015) para que uno e sus directivos pidiera oficialmente disculpas por su papel clave durante el racismo institucionalizado de Sudáfrica.

Además, Nasper tiene aspiraciones intercontinentales como lo demuestran su editorial Abril, de gran influencia en Brasil, sus empresas en Europa del Este o sus dos estandartes del antiguo bloque comunista: por un lado, Tencent, una empresa china cuyas subsidiarias proveen servicios de internet y telefonía móvil; por otro, tiene acciones en el holding ruso DST, propietario del portal de Internet Mail.ru.

Nation Media Group (Kenia)
Nation Media Group (NMG) tiene una historia de poco más de 50 años y actualmente es uno de los mayores conglomerados mediáticos en el continente y el más grande de África del Este. El fundador, Karim Aga Khan, se graduó en Harvard en 1960 con una licenciatura en Historia Islámica, justo dos años después de convertirse en imán de los chiitas ismaelíes como Aga Khan IV. Así, se convirtió en el imán número 49. Fue precisamente en 1960 cuando Aga Khan IV sembró la semilla del NMG.

Este grupo con sede en Nairobi, fundado tres años antes de la independencia de Kenia, nació en un momento en el que la prensa estaba controlada por la colonia, por lo que su objetivo fue proporcionar noticias independientes a través de los periódicos Taifa Leo (en kisuajili) y Nation (en inglés). Actualmente tiene presencia en televisiones, radios y periódicos en Kenia, Tanzania, Uganda y Ruanda.

El máximo accionista del NMG es el Fondo Aga Khan para el Desarrollo Económico (AKFED), un organismo internacional que a su vez forma parte de la Red de Desarrollo Aga Khan (AKDN), con sede en Ginebra. Esta estructura tiene varias agencias que trabajarían en sectores tremendamente diversificados como el medio ambiente, la salud, la educación, la cultura o las microfinanzas. Como se puede apreciar, encontrar informaciones comprometidas sobre el AKDN, que trabaja en 30 países de África, Asia y Oriente Medio, puede ser una cuestión complicada.

IPP Media Group (Tanzania)
Reginald Mengi es una de las personas más influyentes de Tanzania. IPP Media Group, fundado a mediados de 1980, es propietaria de diez periódicos nacionales, dos de las estaciones de televisión más populares de África Oriental y una decena de estaciones de radio.

Al mismo tiempo es dueño de Bonite Bottlers, el único embotellador de productos de Coca-Cola en la región norte de Tanzania y de la marca de agua embotellada Kilimanjaro, la más vendida en el país. IPP Resources es propietaria de minas de oro, uranio, cobre, cromo y carbón, lo que explica a la perfección la dinámica capitalista en la que sectores alejados de los medios de comunicación penetran en ellos y adquieren su control.

Daar Communications PLC (Nigeria)
Es el conglomerado mediático más importante de Nigeria, la primera economía del continente. Constituido en 1988, fue pionero con el establecimiento de la emisora de radio Raypower y con el lanzamiento de la primera televisión por satélite de África, en 1996, Africa Independent Television (AIT).

En 2003 lanzó su señal en los Estados Unidos y ahora se recibe en México, el Caribe y en toda Europa gracias al satélite Hotbird. Detrás de la rama comunicativa se encuentra Raymond Dokpesi, presidente también de Daar Investment Holding, un consorcio de bancos liderados por el Union Bank Plc, de capital mayoritariamente inglés.

Breves apuntes finales

Los ejemplos mencionados ilustran cómo la globalización de los medios en el continente africano se encuentra en un momento de dinamismo creciente y cómo sus prácticas están conectadas con los procesos globales capitalistas. Sin embargo, el acceso a las tecnologías de la información en África continúa siendo asimétrico.

Muy a menudo hay una suposición implícita de que los cambios que está experimentando el sector mediático en Europa o Estados Unidos (en términos de crisis) tienen su reflejo en el resto del mundo. Pero, en la gran mayoría de países al sur del Sáhara, la industria mediática es vibrante. El estudio de la estructura de la información y de la industria de los medios en África podría beneficiarse del actual dinamismo del continente, a menudo descuidado en los debates contemporáneos.

Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. Actualmente reside en Nairobi (Kenia).

LUNES 28 DE DICIEMBRE DE 2015 – COMCOSUR
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3) El dilema del pueblo saharaui: lucha armada o perpetua agonía
Carlos de Urabá (Rebelión)

Al cumplirse el 40 aniversario de la invasión marroquí del Sahara occidental nos encontramos ante una situación muy parecida a la del conflicto entre Israel y Palestina. Aquí se repite la misma historia: muros, campos de minas, alambre de púas, cárceles, represión, éxodo, deportaciones, desaparecidos, refugiados.

Pero primero es imprescindible analizar con detenimiento los antecedentes históricos que han desencadenado esta dramática situación.

La pérdida de las últimas colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas -mejor conocida como “el desastre del 98”- marca el ocaso del imperio español. España debe consolarse con mantener sus colonias africanas de Guinea Ecuatorial y Sahara Occidental y el protectorado del norte de Marruecos.

El imperio español desde el siglo XV siempre ambicionó apoderarse de Marruecos por su posición geográfica privilegiada con respecto al estrecho de Gibraltar y las islas Canarias. La toma de Ceuta y Melilla es un claro desafío al enemigo musulmán. Más allá de las columnas de Hércules, España y Portugal pugnaban por abrir nuevas rutas de navegación que a la postre las convertirían en la vanguardia de los grandes descubrimientos geográficos. Pero de repente surge el imperio inglés como un poderosísimo rival que va a disputarles el dominio en los mares. Un hecho que queda patente con la pérdida de Gibraltar y la derrota de la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar. De ahí el desesperado intento del imperio español por recuperar posiciones al otro lado del estrecho. La victoria en la batalla de Tetuán (en la denominada guerra de África en 1860) le abre la puerta a sus anhelos expansionistas.

Desde las islas Canarias se organizan expediciones de reconocimiento comandadas por militares y miembros de la sociedad geográfica española dispuestas a reafirmar la soberanía sobre el litoral saharaui (banco de pesca). La exploración del Sahara embarca a España en una nueva aventura colonial en busca de riquezas naturales y una ruta comercial que les permitiera conectarse con Tombuctú (Mali). Ese es el centro neurálgico de un importante mercado de productos provenientes del África Negra monopolizado por el imperio francés.

En el año 1885 la monarquía borbónica reclama en la conferencia de Berlín (el Reparto de África) el Sahara Occidental (Río de Oro) junto con Guinea y Annobón y Fernando Po. Aunque no fue hasta el año 1934 que ocupó oficialmente el Sahara (donde fundaron los enclaves y factorías de Villa Cisneros, El Aaiún, Villa Bens).

En el desierto no hay límites ni fronteras, los estados en el desierto son invenciones y construcciones humanas que no corresponden a la realidad de los pueblos que lo habitan. Los saharauis son en esencia un pueblo nómada y ganadero (oveja, cabra, camello) dedicado también al tráfico de caravanas o a la pesca en el litoral. El saharaui para enfrentar unas condiciones climatológicas completamente adversas está dotado de una resistencia sobrehumana. Las temperaturas en el área continental pueden alcanzar en algunas épocas el año los 55 grados. Desde tiempos inmemoriales se mueven por una amplia aérea que abarca miles de kilómetros cuadrados. Se suelen establecer temporalmente en campamentos de jaimas cerca de los pozos o las fuentes de agua dependiendo de sus necesidades. Carecen de títulos de propiedad aunque de generación en generación se transmiten oralmente las áreas de pastoreo que le corresponde a cada tribu o a cada clan. Se les conocen como los “hijos de las nubes” pues se la pasan observando el cielo esperanzados con localizar una tormenta que los premie con la lluvia fertilizadora. En un territorio tan hostil las leyes de solidaridad son imprescindibles para asegurar la supervivencia. No hay oasis y por eso los recursos hídricos son el tesoro más preciado. El saharaui es heredero de una cultura muy arcaica y artesanal con unos rasgos identitarios propios como lengua, religión, vestimenta, comidas o fiestas. Su eterna trashumancia les ha llevado a establecer contactos con el Sahel o el África negra. Estos indómitos guerreros han nacidos libres y jamás le rendirán pleitesía a ningún soberano.

Pero esa vida antigua y tradicional se ha visto alterada por el colonialismo, las guerras y la sequía. Hoy se impone la modernidad: los camellos han sido reemplazados por el Land Rover y las caravanas que transportan las mercancías por los camiones Mercedez Benz o Volvo. El antropólogo Julio Caro Baroja ya lo advertía en su estudio intitulado “Adiós a los nómadas saharianos”. Las fuerzas de la antinaturaleza los ha sedentarizado y deben integrarse en un mundo urbano que los conduce irremisiblemente a una lenta extinción. Estas son las consecuencias de la colonización española y la dominación marroquí.

En el protectorado español de Marruecos fue donde el general en jefe superior Francisco Franco a la cabeza de los militares africanistas planificaron el golpe de estado del 18 de julio de 1936. La asonada fascista contra el gobierno legítimamente constituido de la republica movilizó al ejército colonial en Ceuta, en Melilla, Tetuán, Alcazarquivir, Larache, Alhucemas, Sidi Ifni, o el Aaiún (la legión, los regulares, los tiradores de Sidi Ifni o las tropas Nómadas). “La gloriosa cruzada nacional” contaba paradójicamente entre sus filas con miles de soldados musulmanes mercenarios (80.000) cuya participación seria vital en el triunfo del nazi-fascismo franquista.

Durante la dictadura franquista el Sahara se convirtió en un cuartel militar y campo de entrenamiento de las fuerzas armadas españolas. El Caudillo Franco defensor de occidente y la cristiandad anhelaba en sus delirios de grandeza resucitar el imperio español. El Sahara se consideraba el destino más apetecido los oficiales y mandos de alta graduación pues allí estaban mejor remunerados y gozaban de infinitos privilegios.

En 1952 las Cortes decretan que el Sahara es una colonia africana y por lo tanto todos sus habitantes pasan a ser españoles.

Cuando en el año 1955 España ingresa en la ONU la Asamblea General se hallaba en pleno debate sobre los procesos de descolonización. Es un momento trascendental pues los movimientos nacionalistas africanos reclaman su soberanía. En 1956 Marruecos consigue la independencia de Francia y España inicia formalmente los trámites de reclamación del Sahara Occidental argumentando que le pertenece por una supuesta vinculación histórica (El mito del gran Marruecos).

En 1958 Francia y España suscriben el tratado de las Palmas para detener los ataques de la guerrilla del Ejército de Liberación Saharaui que amenazaba sus posesiones. Entonces se lanza la operación Teide con el propósito de reducir a los rebeldes mediante un ataque relámpago y contundente. Ambos países movilizan varias compañías paracaidistas, unidades mecanizadas, helicópteros y aviones de combate. El principal objetivo es la recuperación de Smara donde se concentra el núcleo del foco insurgente. Los violentos ataques aéreos con bombas de fósforo y de napalm siembran la muerte y la destrucción entre la población civil. En especial se concentran en aniquilar sus medios de subsistencia como son el ganado: las cabras, ovejas y camellos. Esta es una verdadera operación de exterminio que obliga a los saharauis a escapar despavoridos hacia la las ciudades de Tarfaya y de Tan Tan en la costa Atlántica. Tan demencial ataque traerá unas consecuencias desastrosas para su economía pues pierden sus zonas tradicionales de pastoreo. Al concluir la guerra, España “en un gesto de generosidad sin límites” le entrega a Marruecos la franja de Tarfaya (saharaui).

A partir de la década de los sesenta la lucha revolucionaria en el mundo entero entra en un periodo de efervescencia. Algo que influirá decididamente en los jóvenes estudiantes saharauis que cursan estudios en las universidades marroquíes. Entre los que se destaca el periodista y maestro coránico Bassiri, fiel admirador de las corrientes del socialismo panárabe del partido Baaz, Nasser y la revolución cubana. Junto otros compañeros funda en 1968 al Harakat al Taharir o movimiento de liberación nacional. Los discursos de Bassiri pregonaban una respuesta nacionalista contra el colonialismo. Como consecuencia de su arrojo y carisma los servicios secretos españoles lo catalogaron como “subversivo de alto riesgo”.

En 1970 las Cortes franquistas aprueban que el Sahara se convierta en la provincia número 51 administrativamente hablando. Una polémica decisión que provocó la ira de las tribus saharauis que convocan una jornada de protesta en el Aaiún. Los manifestantes fueron duramente reprimidos por las fuerzas de la legión que causaron decenas de muertos y heridos en la que se conocería como la matanza de Zemla. Bassiri cae detenido y lo trasladan a la cárcel provincial del Aaiún. Posteriormente las autoridades españolas dan la orden de deportarlo a Marruecos. Pero misteriosamente desaparece sin dejar rastro alguno. Se especula que los legionarios lo fusilaron camino de la frontera. Desde entonces es considerado el padre de la patria y principal mártir de la causa saharaui.

En los años setenta la descolonización del Sahara se convirtió en un tema prioritario en las cumbres de la Organización de Unidad Africana y los No Alineados. La ONU recomendó por entonces aplicar en el Sahara la resolución 1514 sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.

El día 10 de mayo de 1973 un grupo de estudiantes de Tan Tan y Tarfaya, junto con trabajadores y ex militares exiliados, fundan en Zouérate (Mauritania) el Frente Polisario. El 20 de ese mismo mes se produce su primer ataque de los “muyahidín” a las tropas Nómadas españolas en lo que sería su bautizo de fuego.

En el año 1975 el Tribunal Internacional de la Haya exige que se lleve a cabo referéndum de autodeterminación en el Sahara Occidental para preservar los derechos de la población nativa. Marruecos respondió lanzando una campaña publicitaria a través de los medios de comunicación para explicar el por qué pretendía anexionárselo. Según ellos en el siglo XIX las tribus nómadas saharauis habían jurado fidelidad al sultán de Marruecos.

Pero Marruecos no tiene derechos sobre esos territorios colonizados por España porque el Sahara nunca hizo parte del sultanato. El sultán Mulay Abderrahman reconoció en el siglo XIX que Marruecos no ejercía soberanía en esos territorios del Saguia El Hamra situados al sur del rio Draa. Una prueba contundente que dio pie a la ONU para concederles los derechos soberanos a los saharauis.

El rey Hassan II de Marruecos aprovechó que el dictador Franco agonizaba en el hospital de la Paz de Madrid para llevar a cabo su maquiavélicos planes (apoyado por EE.UU y Arabia Saudita). El 6 de noviembre de 1975 ordena que se embarquen en autobuses y camiones a miles de pobladores de las provincias del norte para concentrarlos en la ciudad de Tarfaya -justo en el límite fronterizo con el Sahara-. Los súbditos obedecen sin rechistar el discurso mesiánico del descendiente del profeta Mohamed orgullosos de haber sido elegidos para tamaña empresa. El día 6 de noviembre se inicia la famosa Marcha Verde en la que miles de escudos humanos se dirigen a pie hacia la frontera blandiendo banderas rojas alauitas, sosteniendo el Corán y el retrato del rey Hassan II, el padre protector de los creyentes. La multitud marchaba con firmeza entonando canticos patrióticos decidida a ofrendar sus vidas como mártires.

Esta era en toda regla una declaración virtual de guerra. Sin embargo el ejército español se veía impedido de disparar contra una masa humana de más de 350.000 personas completamente desarmadas –sin contar a los 30.000 militares bien pertrechados que les guardaban las espaldas-. Estados Unidos le exige a España que se abstenga de utilizar la fuerza. En Tah, justo en el límite de la línea roja, los legionarios habían colocado campos de minas y las unidades militares de carros de combate y artillería pesada estaban listas para entrar en acción.

El príncipe Juan Carlos, jefe de estado en funciones, viaja al Aaiún el 2 de noviembre con el propósito de aplacar los ánimos exaltados de las guarniciones militares y brindarles todo su apoyo ante la amenaza marroquí. En el cuartel del III Tercio de la Legión en presencia de la tropa y altos mandos pronunció un sentido discurso en el que aseguró que “España jamás abandonaría el Sahara”, “lo primordial es que nuestro ejército conserve intacto su prestigio y el honor”, añadiendo también que “se respetarían los legítimos derechos de la población saharaui” (referéndum de autodeterminación incluido). Pero una semana después se desató tal estado de pánico entre la población civil que empezaron a evacuar la colonia.

El rey don Juan Carlos realmente jugaba una partida doble porque en secreto envió a Washington a su amigo íntimo Manuel Prado y Colón de Carvajal para buscar la mediación de Henry Kissinger. Kissinger sostuvo que su gobierno apostaba por la entrega incondicional del Sahara a Marruecos. Colón de Carvajal también visitó en secreto Casablanca para entrevistarse con las autoridades marroquíes y arreglar el “impase” de la mejor manera posible. El teniente general americano Vernon Walters, director adjunto de la CIA, interviene y prepara el terreno para que don Juan Carlos I acepte una retirada “honorable” de las tropas españolas. Hassan II y José Solís, Ministro del Movimiento, en una reunión “realista, positiva, dura y fructífera” acuerdan en secreto la entrega del Sahara “para preservar la tradicional amistad hispano-árabe”. Marruecos es un aliado preferencial de los EE.UU (fue el primer país que lo reconoció) y esto pesa mucho a la hora de tomar decisiones.

EE.UU y Francia defendían la anexión puesto que el Frente Polisario al aceptar la ayuda argelina se había alineado indirectamente con la Unión Soviética. Era la época de la guerra fría y el mundo estaba dividido en bloques. Argelia buscaba una salida al Océano Atlántico en un claro desafío a su histórico enemigo marroquí. EE.UU no podía permitir que el Sahara Occidental cayera del lado del comunismo. Mientras tanto el Polisario realizaba continuos ataques, atentados y secuestros contra las tropas españolas decididos a presionar a la metrópoli para que les concediera la independencia.

El día 20 de noviembre de 1975 muere el dictador Franco y España renuncia al Sahara. “Mr. Kissinger, Im prince Juan Carlos. I will sign the accord”. Se inicia entonces el proceso de descolonización dejando su administración en manos de Marruecos y Mauritania. La yemaá o asamblea tribal saharaui fue comprada por Marruecos y Mauritania para que aceptara el veredicto. En todo caso el acuerdo tripartito de Madrid les transfiere la administración pero no así la soberanía. España sacrificó a los saharauis ante el temor que se desatara una guerra colonial de impredecibles consecuencias en la región. Había que pagar un alto precio en aras de la paz y la fraternidad universal.

El gobierno español no cumplió su palabra y traicionó a los saharauis a sabiendas de que eran legalmente ciudadanos españoles.

En esos años Hassan II había sobrevivido a dos intentos de asesinato y su reinado atravesaba un periodo de crisis económica y social. De ahí que necesitara un hecho impactante para reivindicarse ante sus súbditos. Inmediatamente el ejército marroquí traspasa la línea roja del Sahara y se lanzan a la caza de los rebeldes saharauis. La aviación bombardea con napalm, fósforo blanco y bombas de fragmentación: Dreiga, Amgala, Tafariti, Smara y los alrededores del Aaiún. La orden es limpiar el terreno de “terroristas”. La magnitud de las matanzas poco a poco se va descubriendo gracias al equipo de investigadores vascos encabezados por Beristaín y Etxeberria -que con la ayuda del gobierno vasco está llevando a cabo prospecciones para localizar fosas comunes-. Por ejemplo, en Meheris los cadáveres afloran con huellas innegables de tortura y tiros de gracia.

En los primeros meses de 1976 miles de saharauis huyeron al interior del desierto en busca de refugio. Finalmente el presidente argelino Huari Bumedián les brindó asilo en Tinduf en donde instalaron los campamentos de resistencia (Aaiún, Smara, Aouserd, Dakhl) (Sede del gobierno del RASD). El Frente Polisario se organizó gracias al apoyo económico y militar de Libia y Argelia (países adscritos a la órbita de la Unión Soviética).

La RASD declara la independencia en febrero de 1976 y comienza la guerra de guerrillas contra el ocupante marroquí y mauritano. El régimen de Gadafi les provee de armas, dinero y pertrechos. El Uali Mustafa Sayed, primer presidente del RASD, lidera a los combatientes que realizan razias y emboscadas aprovechando su buen conocimiento del desierto. “Nuestra selva es el desierto, el siroco, el calor, la oscuridad de la noche son nuestros aliados”. Desplegándose con columnas móviles en una lucha desigual contra un enemigo que contaba con mayor número de soldados, aviación y armamento moderno suministrado por Francia y EE.UU. Los combates se desarrollan con tal intensidad que Mauritania decide retirarse acuciada por la grave crisis social y económica y el golpe de estado que depone al presidente Uld-Dadach. Marruecos, para neutralizar los ataques de la guerrilla saharaui -que ha llegado incluso a cercar la ciudad santa de Smara-, construye (asesorado por Israel y EE.UU) una muralla con arena, alambre de púas y campos de minas mejor conocida como el “muro de separación” que dará pie a la “batalla de los muros”.

El rey Hasssan II consciente de las tensiones que genera la guerra fría se proclama el adalid de la lucha contra el comunismo.

En 1988 el reino de Marruecos y el Frente Popular para la Liberación de Saguía el- Hamra se sientan a dialogar bajo la mediación la ONU y la OUA. Tras semanas de discusiones formalizan un alto el fuego con la promesa de convocar un referéndum de autodeterminación que decida el futuro de la ex colonia española. Pero Marruecos incumple los plazos y se reanudan nuevamente los combates.

Hasta que en el año 1991 ambos contendientes agotados por la guerra de desgaste firman un alto el fuego (promovido una vez más por la ONU y la OUA). En éste se reitera el compromiso inexcusable de celebrar un referéndum de autodeterminación. Pero hasta la fecha (año 2015) no se vislumbra ninguna posibilidad de llevarlo a cabo.

El pueblo saharaui no tiene capacidad de producción agrícola, ni industrial o tecnológica. Desde hace 40 años está empeñado en sobrevivir en condiciones muy adversas gracias a la ayuda humanitaria que le proporciona la ACNUR, la Media Luna Roja, el Programa Mundial de Alimentos, la ECHO de la UE y las ONGs. Y en especial la solidaridad internacionalista que ha mantenido la moral alta y en pie de lucha. Entre las que hay que destacar las 400 asociaciones pro saharauis que existen en España.

Marruecos lleva a cabo la misma política que aplica Israel en los territorios ocupados. Es decir, patrocina la emigración masiva con el fin de inclinar la balanza demográfica a su favor. Estamos ante un proceso de colonización total y absoluta del Sahara con la continua llegada de inmigrantes y la construcción de nuevos asentamientos. Porque Marruecos debe elevar el censo de población previendo lo que pueda suceder en el supuesto caso que se convoque en un futuro el tan mentado “referéndum”.

La soberanía de Marruecos sobre el Sahara no es reconocida ni por la ONU, ni la Unión Africana, ni la Liga Árabe. Marruecos renunció como estado miembro de la Unión Africana luego de que ésta aceptara la entrada del RASD en su seno.

En la actualidad adentrarse por el desierto y contactar con los nativos saharauis es algo sumamente difícil. Existen infinidad de agentes secretos marroquíes infiltrados que impiden el acceso a los extranjeros que no justifiquen su presencia en la zona. Sólo de forma clandestina se puede ingresar en sus kabilas. La situación de los derechos humanos en el Sahara ocupado es enormemente grave pues no cesan las torturas, las desapariciones forzadas, los encarcelamientos o las deportaciones. De ahí que nadie se atreva a hablar de temas políticos y mantengan un prudente silencio ante cualquier pregunta capciosa que se les plantee. Marruecos está implicado en la guerra mundial contra el terrorismo en la que como no se ha incluido al Frente Polisario.

Buena parte de los saharauis son bilingües y hablan tanto el árabe -el dialecto hassania- como el español. Aunque a partir de la invasión marroquí se les ha obligado a escolarizarse en francés. Marruecos hace parte de la francofonía que es un pacto cultural que promueve el neo imperialismo francés. El rey Mohamed VI está directamente comprometido en el mismo por los múltiples acuerdos firmados con el gobierno de París.

El Sahara Occidental es una planicie desértica de 266.000 kilómetros donde tiene su hábitat el pueblo saharaui de etnia beduina arabo-bereber y negra. La población total se calcula en 320.000 habitantes repartidos entre Tinduf (160.000) y los territorios ocupados por Marruecos. La capital es el Aaiún que ha experimentado un espectacular crecimiento demográfico en las últimas décadas (supera los 250.000 habitantes).

El total de colonos marroquíes se eleva al medio millón y esta cifra se incrementa ostensiblemente cada año. A los colonos se les ofrecen incentivos de tipo fiscal (exenciones de impuestos, del IVA, renta de sociedades y la vivienda) y subvenciones oficiales. La gasolina, el gasoil, la azúcar, la harina y el té -que son los productos más consumidos- cuestan la mitad que en otras provincias marroquíes. Del mismo modo los saharauis (120.000 bajo su tutela) reciben una renta básica con fines de “integración social” de 2.000 dírhams mensuales -cesta alimentaria incluida-. Comprar la lealtad al soberano alauita es la mejor fórmula para que reine la armonía y el entendimiento.

Los retornados de Tinduf tienen aún mayores beneficios económicos puesto que han decidido reconocer la soberanía marroquí. Esta es una forma de chantaje para estimular la deserción en los campamentos saharauis en Argelia. Los servicios secretos y la propaganda gubernamental se están esforzando al máximo por lograrlo y parece que su campaña ha dado buenos frutos.

Los funcionarios civiles y militares marroquíes cobran del 50% al 75% más que en otras regiones. En el Sahara hay más de 150.000 soldados destacados a lo largo de los 2.720 kilómetros de la gran barrera de separación construida con arena, alambre de púas y bunkers. Diseñada al estilo Bar Lev del canal de Suez por ingenieros judíos. Existe una compañía marroquí cada cinco kilómetros, radares, campos de minas (uno de los más grandes del mundo) que dividen de norte a sur a la población nativa saharaui y cortan la comunicación, sus relaciones tribales, zonas de pastoreo y trashumancia y el acceso a sus recursos hídricos. A Marruecos todo este impresionante despliegue económico y militar le cuesta el 5% del PIB nacional.

El Sahara Occidental, aunque en apariencia es un territorio yermo y estéril, cuenta con grandes recursos naturales y materias primas. Basta nombrar las minas de fosfatos de Bucraá (cuantificados en 3.400 millones de toneladas y del cual es el principal productor a nivel mundial) la inmensa riqueza pesquera del banco canario-sahariano, la energía eólica y solar, las reservas de agua subterránea, minas de hierro, de uranio o los hidrocarburos. Según estudios y prospecciones de la empresa británica Barrus Petroleum -efectuadas en los años setenta- en el Sahara existen yacimientos petrolíferos que podrían producir unos 80.000.000 de barriles. Aparte de las reservas de gas que están aún por cuantificar. La Unión Europea y multinacionales extranjeras firman acuerdos de explotación con Marruecos en el área minera y pesquera sin importarles que sea un territorio en reclamación.

La MINURSO (la misión de la ONU para el referéndum en el Sahara Occidental) no es más que un nido de funcionarios y burócratas que disfrutan de estatus diplomático y sueldos exorbitantes. El Consejo de Seguridad les ha encomendado la misión de verificar el alto el fuego y de los combates, la disminución del pie de fuerza del ejército marroquí, la liberación de prisioneros, identificar y registrar las personas con derecho a voto, organizar un referéndum justo y libre y supervisar sus resultados, velar por los derechos de los refugiados, la desmilitarización y el desminado. Lamentablemente su trabajo deja mucho que desear pues no se han colmado las expectativas para la que ha sido creada.

Lo cierto es que la población saharaui sufre un férreo control por parte de los organismos de seguridad e inteligencia. Se violan sus derechos más elementales pues carecen de libertad de expresión, libre circulación y participación política. La ONU no tiene potestad para proteger los derechos humanos en el Sahara ocupado. Esta es una tarea que ha asumido extraoficialmente la Oficina de la Unión Europea para el respeto de los derechos humanos y Amnistía International. A pesar de las constantes denuncias que señalan al gobierno marroquí como responsable de los abusos y crímenes, reina la total impunidad. Marruecos aplica una política represiva y autoritaria para desmovilizar la resistencia del pueblo saharaui. El terror es el método elegido para imponer la paz y el orden. De ahí el interminable número de presos políticos que se pudren en las cárceles.

Fruto de la impotencia y la desesperanza el discurso religioso va tomando fuerza entre los saharauis. En las mezquitas los imanes lanzan continuos llamados a la yihad. Porque la resistencia no es solamente armada sino también espiritual o religiosa. Esa juventud saharaui que ha nacido y crecido en los campamentos del Tinduf o bajo la ocupación marroquí tiende a radicalizarse. Las únicas fuentes de trabajo son el comercio caravanero entre Argelia, Mauritania, Níger y Mali, el contrabando de gasolina o de armas o la reventa de los productos de ayuda humanitaria. La creciente marginalidad que padecen solo se ve paliada con las remesas que envían sus parientes desde del extranjero. Pero el asistencialismo conduce nada más que a una humillante dependencia. Y encima Argelia, su principal valedor, se encuentra en una situación económica muy delicada a causa de la caída de los precios del petróleo. Gadafi ha desaparecido y Libia se halla sumida en el caos y la desintegración. La actual situación geopolítica de la región le es completamente desfavorable y tiene que adaptarse a las nuevas reglas del juego.

No hay futuro para el pueblo saharaui puesto que les han coartado sus justas aspiraciones de soberanía e independencia. La yihad no es una idea nueva pues fue proclamada por el Uali Mustafa Sayed cuando se redactaron los estatutos del Frente Polisario. Sin duda alguna que el extremismo yihadista gana adeptos y sería un error estratégico de consecuencias irreparables forjar alianzas con al Qaeda o el EI. Occidente se encuentra en plena guerra contra el terrorismo islámico y por ende el Polisario también sería un objetivo a batir.

¿Tendrán que resignarse a su agónico destino? ¿O es preferible tomar nuevamente las armas? Este dilema los coloca entre la espada y la pared. Mientras Marruecos aplica la mano dura y encarcela o expulsa del Sahara a los jóvenes más críticos y contestatarios. Se les ha incluso deportado en pateras con dirección a Canarias. Son un peligro latente que tiene que desmovilizar.

Las organizaciones juveniles saharauis propugnan volver a la guerra de guerrillas mientras que sus dirigentes que residen en el exterior prefieren agotar los plazos y buscar una solución política negociada. La cúpula de la RASD y del Polisario goza de privilegios, jugosos sueldos y viajan por el mundo representando la causa saharaui. Se han desentendido del drama que sufre sus hermanos en los campamentos de Tinduf o en los territorios ocupados. Y para colmo el nivel de corrupción a nivel oficial es intolerable.

Mohamed Abdelaziz, líder del Polisario y defensor de la vía diplomática, el pasado 6 de diciembre renunció a su cargo en el que estuvo por más de treinta años. Argumenta que es la hora de renovar el Frente y que las nuevas generaciones asuman el mando. Con el proceso de paz está estancado es casi imposible encontrar una salida a esta encrucijada.

Definitivamente en este contencioso el reino de Marruecos tiene todas las de ganar pues cuenta con el respaldo incondicional de EE.UU, Francia y España. Marruecos es una garantía de estabilidad y progreso. El reino Alauita representa la seguridad mientras que los saharauis son un elemento desestabilizador y peligroso. Además Marruecos cumple a cabalidad su función de dique contra el integrismo islamista (grupos y facciones afines a al Qaeda, Unicidad y Yihad de África del Oeste, Ansar al Sharia y del EI) y la avalancha de inmigrantes y refugiados clandestinos que intentan ingresar en Europa por el estrecho de Gibraltar o Canarias. Ese es el principal motivo de preocupación de Bruselas. Marruecos acusa al Polisario de colaborar con Al Qaeda y el Estado Islámico como parte de su estrategia por criminalizarlos.

Es imposible sustraerse a la demoledora realidad. En especial hay que resaltar las inmejorables relaciones que existen entre la monarquía marroquí y la española. Recordemos que el rey Juan Carlos I profesaba una gran admiración por Hassan II, su “hermano mayor”. Hoy su hijo Felipe VI y Mohamed VI se prodiga en elogios y han confesado que a los dos reinos les unen lazos “indestructibles”. Así lo avala la firma de tratados de cooperación bilateral en el área agrícola, pesquera y comercial. Marruecos y España tienen la sagrada misión de ser los guardianes del estrecho de Gibraltar. España le vendió armas el pasado año a Marruecos por una cuantía de 340 millones de euros. Armas que sirven para reprimir las ansias de libertad del pueblo saharaui.

El mito del Gran Marruecos y el Sahara occidental está ligado a la misma existencia de la monarquía alauita.

Marruecos en un magnánimo gesto le cedió a EE.UU – su “aliado preferencial”- una extensa área de terreno cerca de Tan Tan donde han instalado la gran base militar del Africom (la más importante de África) -que también es sede del centro de inteligencia del Pentágono (espionaje electrónico) – Esta es realmente una atalaya de la OTAN para enfrentar la creciente amenaza de los grupos terroristas que se mueven por el Sahara y el Sahel. Es preciso velar por los intereses económicos occidentales como la minería, los complejos energéticos y gasoductos. Sin olvidar que por la costa sahariana discurre el 60% del tráfico mundial de superpetroleros. El imperialismo capitalista está decidido a consolidar el nuevo orden globalizador.

En el 2003 el Consejo de Seguridad de la ONU nombró como mediador para el Sahara a James Baker, amigo íntimo de Bush padre y ex secretario de estado. Él fue el que ideó el plan que lleva su nombre y que debería poner fin a este contencioso. El plan consistía en convertir el Sahara Occidental en una autonomía dependiente de Marruecos por un periodo de cinco años. Al cumplirse dicho plazo se celebraría un referéndum para que los ciudadanos inscritos en el censo eligieran libremente su futuro. Pero Marruecos boicoteó el papel de la MINURSO impidiendo elaborar un censo creíble -ya que exigían incluir a los colonos-. El Frente Polisario también lo denunció porque entre sus cláusulas se omitía la palabra independencia. Al final el plan fracasó y Baker tuvo que dimitir.

La ONU, La Unión Europea, EE.UU ya no hablan de referéndum sino de encontrar una salida al impase ofreciendo cierta autonomía a los Saharauis -pero siempre bajo la tutela del reino de Marruecos-. La MINURSO se limita a proteger la ocupación marroquí.

La causa saharaui está desahuciada. El reino de España ha ejercido el papel de verdugo colocándoles la soga al cuello. Esa es la herencia maldita que han dejado tras su cobarde retirada del Sahara hace exactamente 40 años.

El actual enviado especial para la misión de la MINURSO, el embajador americano Christopher Ross, insiste en buscar una salida a este conflicto (el último territorio africano pendiente de descolonización) mediante una “solución negociada y mutuamente aceptable”. Pero Marruecos lo ha vetado lo considera un elemento perturbador y próximo a las tesis saharauis. De ahí que le haya impedido realizar sus funciones de mediador en un nuevo intento por boicotear el proceso de paz. Al enviado especial de la MINURSO se le ha prohibido visitar el Sahara.

Hace tan solo unas semanas que la RASD le ha comunicado a Christopher Ross un ultimátum: o hay referéndum o empuñaremos nuevamente las armas. El Polisario ya no habla de referéndum sino de reanudar los combates.

La finalidad del ocupante marroquí es agotarlos física y moralmente y borrar así el sentimiento independentista de las nuevas generaciones saharauis. Que acepten la soberanía de Marruecos y la legitimidad del rey Mohamed VI. El reino de Marruecos en su infinita bondad está empeñado en llevar la civilización hasta el desierto y redimir a aquellas tribus que se han quedado rezagadas en la edad primitiva.

Tal vez piensan que el pueblo saharaui debe asumir resignado su condena al igual que ha sucedido a lo largo de la historia con otros tantos pueblos del mundo víctimas del colonialismo.

Las intrigas, traiciones y acuerdos secretos han provocado este fatal desenlace: el genocidio del pueblo saharaui del cual España es la directa responsable aunque diplomáticamente quiera lavarse las manos.

La comunidad internacional se desentiende de este conflicto puesto que no despierta ningún interés ni para la opinión pública ni para los medios de comunicación de masas -fuera del plano meramente turístico o folclórico-. Poco importan que unos miserables nativos se pudran en medio del desierto calcinante haciéndole compañía a los chacales y serpientes. Hace tiempo que han dejado de ser noticia de primera página.

LUNES 28 DE DICIEMBRE DE 2015 – COMCOSUR
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4) Brasil: dominación y resistencia en la favela
Raúl Zibechi (La Jornada)

Los peatones son los reyes ante los que deben rendirse los coches. Tal vez sea la diferencia mayor entre la favela y el asfalto, algo en lo que no suelen reparar ni los medios ni los analistas del sistema. La calle es el paraíso de la gente común, de los niños que juegan con la pelota, de las niñas que saltan y corren, de las mujeres que arrastran bolsas de alimentos y los jóvenes que se abren paso con sus motos haciendo piruetas entre los autos y las adolescentes, a las que no parecen impresionar.

Timbau es una de las 16 favelas de la Maré, enorme espacio pegado a la bahía de Guanabara con 130 mil habitantes, que los migrantes nordestinos fueron ganando al mar metro a metro desde sus precarios palafitos, que comenzaron a erigir un siglo atrás. Timbau es una de las pocas favelas del norte de la ciudad en ancas de un morro, que disfruta el privilegio de otear a ésta, la bahía y los cerros. Cuando el sol cae a plomo se hace pesado caminar cuesta arriba y todo se mueve en cámara lenta.

Si se define a la favela por lo que no tiene, como suelen hacer los centros de estudios que priorizan las carencias, habría que empezar diciendo que no hay bancos ni supermercados, ni esas catedrales del consumo llamadas malls. Parece un barrio proletario de cualquier centro industrial de comienzos del siglo XX, cuando los obreros vivían de un modo diferente a los demás, con expectativas vitales diferentes, y en lugares distintos, como nos recuerda Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX, Crítica, p. 308).

En una de las callejuelas, entre un almacén y una peluquería donde alisan sus cabellos las adolescentes, un pequeño comercio tiene un letrero que dice Roça, que en portugués denomina el área de siembra de la agricultura familiar. Un pequeño grupo de jóvenes venden productos agroecológicos y elaboran cerveza artesanal, mostrando que es posible trabajar en colectivo y autogestionarse. Es un espacio donde confluyen grupos de otras favelas que resisten la militarización y la especulación urbana.

La Maré estuvo ocupada militarmente hasta hace pocos meses y seguramente los uniformados regresarán antes de los Juegos Olímpicos de 2016. El ejército estuvo durante 15 meses, 3 mil soldados con armas largas y tanques de guerra, pero a comienzos de julio fueron relevados por la Policía Militar, uno de los cuerpos más odiados por los sectores populares –en particular por los jóvenes negros– responsable de miles de muertes todos los años.

Un grupo de muchachos del colectivo Ocupa Alemão, una favela cercana ocupada desde 2010 por los militares donde se han instalado Unidades de Policía Pacificadora (UPP) y una red de teleféricos, aseguran que la mayor contradicción que existe en Brasil es el racismo. Ocupa Alemão nace para resistir la brutalidad policial con festivales de rock, cine-debates, juegos con niños, talleres de graffiti y una feria de negritud económica, inspirada en la tradición solidaria de los quilombos (repúblicas de esclavos fugados); 20 por ciento de las ventas las destinan a un fondo para apoyar a las madres de las víctimas del Estado en Río de Janeiro.

La feria es itinerante y se propone defender la autonomía política y fortalecer la economía colectiva, como destacan en su facebook. Se trata de una iniciativa de movimientos de mayoría negra en las áreas de salud, cultura, educación, cocina y audiovisual para difundir la cultura afrobrasileña y fomentar la autogestión como forma de construir autonomía.

Uno de los jóvenes dice que en el Complejo de Alemão hay cinco UPP y que una de ellas funciona en una escuela, con su fachada tapizada de agujeros de balas. Habla del racismo como forma de dominación: Cuando van al médico, las mujeres blancas son atendidas 15 minutos en promedio, pero las negras apenas tres minutos. Cada palabra suena como un martillo sobre la piedra. Nosotros por nosotros, es la consigna de Ocupa Alemão, que se ha ganado un espacio entre la camada de movimientos que nacieron luego de las Jornadas de Junio de 2013.

Para el que llega de fuera, los detalles desconciertan. El turismo safari en las favelas hace estragos. Jeeps verdes como los que usan los militares, con turistas rubios cámara en mano, violentando la cotidianidad de los vecinos. Desde el teleférico de Alemão pueden retratarlos mientras comen, bailan o hacen sus necesidades más íntimas. Un panóptico tan insultante como la insensibilidad del mercado. Compran camisetas de recuerdo que dicen, sobre la foto de la favela, Yo estuve aquí, aunque la hayan sobrevolado a decenas de metros. Es triste comprobar cómo la lógica del turista y del policía militar es idéntica, aunque utilicen armas diferentes.

La noche en la favela es bulliciosa. La música suena potente, pero nadie se queja. Igual que los coches ceden ante los peatones, la favela entiende que el silencio no puede contra los ritmos. Parece raro y hasta molesto al foráneo que no puede conciliar el sueño; sin embargo, es la lógica obrera de todos los tiempos, según Hobsbawm, donde la vida era, en sus aspectos más placenteros, una experiencia colectiva (idem).

Es probable que esa cultura de lo colectivo explique el genocidio que sufren los favelados, en su inmensa mayoría negros. Una cultura tejida de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas, tan irreductible como el espacio donde se ha refugiado, representa una amenaza latente para las clases dominantes. En más de un siglo, ningún gobierno pudo con las favelas que siguen creciendo pese a las violencias del Estado y los traficantes.

Son cientos los colectivos de jóvenes que resisten: de hip-hop, de cultura negra, contra el genocidio, de economía, de madres de asesinados y desaparecidos. La impresión es que tienden a multiplicarse y cada vez es más difícil hacerlos retroceder a bala. En el próximo ciclo de luchas las mujeres y los jóvenes de las favelas dirán presente, y las izquierdas blancas deberán decidir si luchan y mueren junto a ellas o siguen mirando hacia arriba.

LUNES 28 DE DICIEMBRE DE 2015 – COMCOSUR
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5) El activismo francés en estado de emergencia
Enric Bonet (Diagonal)

Un mes y medio después de los atentados de Parísdel 13 de noviembre, la sociedad civil francesa muestra sus primeros signos de disconformidad frente al establecimiento del estado de emergencia. Las medidas de seguridad excepcionales han permitido, según fuentes gubernamentales, el registro administrativo de 2.700 recintos, el arresto domiciliario de 360 personas y la detención provisional de 287 individuos, aunque ninguno de ellos ha sido procesado por terrorismo. Un balance modesto en comparación con la restricción de las libertades civiles que han comportado.

La facultad de los prefectos franceses –las autoridades administrativas responsables de la seguridad interna– de prohibir una manifestación ha alterado la actividad política de sindicatos y asociaciones. Estas entidades parecen condenadas al silencio si el Gobierno francés decide alargar el estado de emergencia del 26 de febrero previsto inicialmente hasta julio de 2016, cuando concluirá en Francia la Eurocopa de fútbol.

El 23 de diciembre el primer ministro Manuel Valls presentará en el Consejo de Ministros la propuesta de reforma de la Constitución que el presidente François Hollan­de anun­ció el pasado 16 de noviembre para inscribir en ella el estado de emergencia.

Este proyecto, que será debatido en la Asamblea Nacional en enero, no sólo lo extenderá de tres a seis meses, sino que también pretende incorporar en la Consti­tu­ción algunas de las medidas fetiche del Frente Nacional de Marine Le Pen, como la retirada de la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo yihadista que dis­pongan de una doble nacio­na­li­dad. Con­tem­pla, además, un refuerzo significativo del poder policial. Una vez haya concluido el estado de emer­gencia, este cuerpo podría seguir realizando inspecciones administrativas y requisando documentos y armas sin ningún tipo de control judicial.

Vigilancia generalizada

“Estoy en contra de esta sociedad de vigilancia generalizada”, declaró en el medio digital de información local Rue89 Bordeaux el diputado ecologista Noël Mamère, uno de los seis miembros de la Asam­blea Na­cional que se opusieron en noviembre a la adopción del estado de emergencia. “El Go­bierno prevé que los arrestos domiciliarios y las inspecciones administrativas afecten a cualquier persona cuyo comportamiento sea una amenaza para el orden público. ¿Esto significa que vamos a detener a los militantes antinucleares, a los defensores de los ZAD (zonas a defender)?”, añadió.

El partido Europe Écologie Les Verts (EELV) es la formación de la izquierda francesa que ha expresado un mayor rechazo frente a la restricción de los derechos civiles. Tras ser suspendida por las autoridades, la gran marcha previa a la Conferencia del Clima de París terminó convirtiéndose en una manifestación ilegal, lastrada por los incidentes con la policía y el arresto de 200 manifestantes. Lejos del foco mediático, 24 militantes ecologistas fueron arrestados domiciliariamente durante el trascurso de la COP21, y al menos se produjeron dos inspecciones en locales de asociaciones defensoras del medio ambiente, informó la Agen­cia France-Presse.

Eventos vs. Manifestaciones

“La voluntad de manifestarse que prevaleció después de los atentados de enero ha dejado de ser un derecho”, denuncia la Liga de los De­rechos Humanos en el texto Sortir de l’état d’urgence, publicado el 17 de diciembre. Según subraya este manifiesto, los prefectos ejercen con una geometría variable su función de garantizar la seguridad pública. Mientras que grandes acontecimientos deportivos o sociales, como el mercado de Na­vidad de Estras­burgo, que recibirá en torno a unos dos millones de visitantes, se celebran gracias a un costoso despliegue policial y militar, un número elevado de concentraciones civiles no reciben la autorización de la prefectura.

Resulta inquietante el caso, revelado por el diario digital Médiapart, de la prohibición de una manifestación antifascista en la localidad bretona de Pontivy, donde un grupúsculo de extrema derecha organizó un acto antimusulmán y en contra de la acogida de refugiados sólo unas pocas horas después de los atentados del 13 de noviembre.

“Una vez ha pasado la emoción, ha llegado el momento de decir basta”, ha declarado la presidenta de la Liga de los Derechos Hu­ma­nos, Françoise Dumont, en el diario L’Humanité. El líder del Front de Gauche, Jean-Luc Mélen­chon, que al principio apoyó las medidas excepcionales adoptadas por el presidente Hollande, considera que “el estado de emergencia es una herramienta para combatir los movimientos sociales”, declaró en el semanario Ma­rianne. Incluso el ala izquierda del Partido Socialista (PS) se muestra cada vez más crítica con el Go­bierno, y en particular con su voluntad de retirar la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo que tengan una doble nacionalidad.

Medida de extrema derecha
La retirada de la nacionalidad “es una medida inútil, que no tendrá ningún efecto disuasivo frente a los terroristas kamikazes”, ha declarado en una entrevista en Médiapart el profesor de Derecho de la Uni­versidad de Rouen, próximo a la órbita socialista, Jean-Philippe De­rosier. Critica el hecho de que se trate de “una medida defendida por la derecha y la extrema derecha. Al contemplarla, la izquierda está traicionando a su electorado”. El PS, y en particular la ministra de Justicia, Christiane Taubira, se opuso después de los atentados de enero a adoptar tal decisión, que cuestiona asimismo los valores republicanos, al contemplar la retirada de la nacionalidad a ciudadanos binacionales que hayan nacido en Francia.

Tras los atentados del 13N, el presidente François Hollande ha abrazado de forma significativa el programa de la extrema derecha en aras de apaciguar el miedo de un país golpeado por el terrorismo yihadista en tres ocasiones en sólo un año. Con este giro político pretende disputarle el electorado centrista al expresidente Nicolas Sar­kozy, que utiliza desde hace meses un discurso con tintes xenófobos parecido al del Frente Nacional. Según un sondeo de Ifop del 18 de diciembre, Hollande, por primera vez en los últimos tres años, supe­raría a Sar­kozy en la primera vuelta de las presidenciales de 2017, quedando sólo por detrás de Ma­rine Le Pen. Los objetivos electoralistas del presidente socialista parecen imponer el letargo del activismo francés.

LUNES 28 DE DICIEMBRE DE 2015 – COMCOSUR
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“Las ideas dominantes de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad resulta ser al mismo tiempo la fuerza espiritual dominante, la clase que controla los medios de producción intelectual, de tal manera que en general las ideas de los que no disponen de medios de producción intelectual son sometidos a las ideas de la clase dominante”. — Carlos Marx
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POR LA VOZ DE MUMIA ABU JAMAL ES UNA PRODUCCIÓN DE COMCOSUR / COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA DESDE EL CONO SUR. Desde el 19 de Junio de 1994 / Coordinación : Carlos Casares – DIRECCIÓN POSTAL: Proyectada 17 metros 5192 E (Parque Rivera) 11400 MONTEVIDEO – URUGUAY / Apoyo técnico: Carlos Dárdano / comcosur@comcosur.com.uy / Comcosur se mantiene con el trabajo voluntario de sus integrantes y no cuenta con ningún tipo de apoyo institucional ni personal. / Las opiniones vertidas en las distintas notas que integran este boletín, no reflejan necesariamente la posición que podría tener Comcosur sobre los temas en cuestión./ Comcosur integra la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) / http://www.comcosur.org / Y ahora puede seguir a Comcosur también en Facebook
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