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MARX Y LA CUESTIÓN DE LA PROSTITUCIÓN

COMCOSUR MUJER / Fundado por Yessie Macchi / AÑO 13 / No. 506/ Lunes 6 de febrero de 2017 / Producción: Beatriz Alonso

Hoy:

1) Angela Davis: “¡Aquellos que todavía defienden la supremacía masculina blanca heteropatriarcal: Tengan cuidado!”

2) Nuevos escenarios demandan otras miradas a prostitución en Cuba

3) Marx y la cuestión de la prostitución

4) Feminismos, jerarquías y contradicciones

5) El papel de los hombres en la lucha feminista

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“Por un mundo donde seamos socialmente iguales,
humanamente diferentes y totalmente libres” ― Rosa Luxemburgo
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1) Angela Davis: “¡Aquellos que todavía defienden la supremacía masculina blanca heteropatriarcal: Tengan cuidado!”
(Tercera Información)

Fue la oradora más clara y contundente en el acto de la Marcha de las Mujeres en Washington, EEUU. En su discurso anticapitalista, anti heteropatriarcal y anticolonial realizó un pantallazo de gran parte de los conflictos que padece y produce Estados Unidos. A su vez, incitó a la población a resistir y a luchar organizados durante los próximos años del gobierno de Donald Trump. Angela Davis arengó: “¡Aquellos que todavía defienden la supremacía masculina blanca hetero-patriarcal: Tengan cuidado!”.

“En un momento difícil de nuestra historia, recordemos que los cientos de miles, las millones de mujeres, las personas trans, los hombres y los jóvenes que estamos aquí en la Marcha de las Mujeres, representamos a las poderosas fuerzas del cambio que están determinadas para evitar que las culturas moribundas del racismo y el hetero-patriarcado se levante de nuevo. Reconocemos que somos agentes colectivos de la historia y que la historia no se puede borrar como las páginas web. Sabemos que nos reunimos esta tarde en tierras indígenas y seguimos el camino de lucha de los primeros pueblos que, a pesar de la masiva violencia genocida, nunca han renunciado a la lucha por la tierra, el agua, la cultura y su pueblo. Un especial saludo hoy a los Siux de Standing Rock.

Las luchas por la libertad del pueblo negro, que ha moldeado la naturaleza misma de la historia de este país, no pueden ser borradas con la mano. No podemos olvidar que las vidas de lxs negrxs importan. Este es un país anclado en la esclavitud y el colonialismo. Esto significa que para bien o para mal, la historia misma de los Estados Unidos es una historia de inmigración y esclavitud. La propagación de la xenofobia, acusar de asesinato, de violación, y construir muros, no borrará la historia. ¡Ningún ser humano es ilegal!.

La lucha por salvar el planeta, detener el cambio climático, garantizar la accesibilidad del agua de las tierras de los Sioux de Standing Rock, en Flint, Michigan, en Cisjordania y en Gaza; la lucha por salvar la flora y la fauna y por salvar la atmósfera, son el punto cero de la lucha por la justicia social. Esta es una marcha de mujeres que representa la promesa del feminismo en contra de los poderes perniciosos de la violencia estatal. Un feminismo inclusivo e interseccional que invita a todos a unirnos a la resistencia al racismo, a la islamofobia, al antisemitismo, a la misoginia y a la explotación capitalista. Sí. saludamos a “Fight for $15” (campaña por un mínimo salarial de $15 la hora).

Nos dedicamos a la resistencia colectiva. Resistencia a los multimillonarios,a los especuladores hipotecarios y gentrificadores. Resistencia a los corsarios de la salud. Resistencia a los ataques contra musulmanes e inmigrantes. Resistencia a los ataques contra las personas con discapacidad. Resistencia a la violencia estatal perpetrada por la policía y por la compleja industria penitenciaria. Resistencia a la violencia institucional e íntima de género, especialmente hacia las mujeres trans de color.

Los derechos de las mujeres son derechos humanos en todo el planeta. Es por eso que decimos ¡libertad y justicia para Palestina! Celebramos la inminente liberación de Chelsea Manning y Oscar López Rivera, pero también decimos ¡libertad para Leonard Peltier! ¡Libertad para Mumia Abu-Jamal! ¡Libertad para Assata Shakur! En los próximos meses y años seremos llamados para intensificar nuestras demandas de justicia social, para que seamos más militantes en nuestra defensa hacia las poblaciones vulnerables. Aquellos que todavía defienden la supremacía masculina blanca hetero-patriarcal: ¡Tengan cuidado!

Los siguientes 1.459 días de la administración del Trump serán 1.459 días de resistencia: ¡Resistencia en las calles! ¡Resistencia en las aulas! ¡Resistencia en el trabajo! ¡Resistencia en nuestro arte y en nuestra música! ¡Esto es solo el comienzo! y tomando las palabras de la inimitable Ella Baker: Nosotros, que creemos en la libertad, no podemos descansar hasta que llegue. Gracias.”

COMCOSUR MUJER Nº 506 – 06.02.17
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2) Nuevos escenarios demandan otras miradas a prostitución en Cuba
Por Ivet González (IPS)

Tras décadas de prohibición al negocio del sexo y duras condenas al proxenetismo y la trata, la compraventa de servicios sexuales amenaza con afianzarse en Cuba y urge el debate público al respecto, alertan especialistas, activistas y observadores consultados por IPS.

“La prostitución se ha convertido en un problema”, aseguró la médica Marta Elena Herrera. “Y ya no es solo para el sexo femenino, ahora los hombres también participan y no como antes, cuando eran solo los chulos (proxenetas)”, indicó en referencia a los trabajadores sexuales masculinos, llamados aquí “pingueros”. A juicio de Herrera, “la afluencia de turismo (internacional) es algo que impacta bien fuerte”. Mientras la editora Idania Torres lamentó que “el tema casi desapareció desde el punto de vista social y público” en los últimos años, en un país con un tratamiento abolicionista y preventivo de esta práctica, según fuentes expertas.

La socióloga Reina Fleitas calificó a la prostitución de “brecha que refleja como aún no se ha logrado desmontar todo el sistema patriarcal que hace de una mujer una mercancía”. Y Alberto Roque, activista “queer” (ajeno a las identidades sexuales convencionales), criticó que “los estudios académicos sobre prostitución son censurados sin ambages”. Roque, quien además de responder a IPS escribió al respecto en su blog Proqueer, instó a la sociedad a no “condenar moralmente” a quienes ejercen esa actividad por ser sexual sino porque “es organizada por y para los hombres y se basa en la explotación violenta de mujeres, mujeres trans y hombres”.

Además, el también médico apoyó la propuesta del estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) “de penalizar al cliente y de ampliar el debate académico y popular en relación a las causas, impactos y el análisis franco de los valores morales y sociales que se ponen en juego cuando de prostitución se trata”. Con una mirada inclusiva y de género, el Cenesex figura entre las instituciones cubanas con un trabajo desplegado hacia las personas que practican sexo comercial, con énfasis en la vulnerable población transgénero. Y organiza un inusual simposio internacional sobre estos asuntos polémicos.

La segunda edición del Simposio Internacional Violencia de Género, Prostitución, Turismo Sexual y Trata de Personas, se celebró del 23 al 25 de enero en el habanero Centro Internacional de Salud La Pradera. En esta ocasión, se dedicó a “Berta Cáceres in memoriam”, en homenaje a la luchadora ecologista hondureña asesinada en 2016. El encuentro reunió a 80 participantes, entre ellos investigadores, activistas y académicos, de Alemania, Canadá, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Francia, México, Nicaragua y Suecia. Recibió más atención en la prensa local, toda estatal, que la primera edición hace cuatro años.

Tras la Revolución Cubana de 1959, declarada socialista en 1961, se prohibió el negocio del sexo y las entonces trabajadoras sexuales recibieron atención y capacitaciones para acceder a otros empleos. Con la crisis económica que comenzó en 1991 y la apertura al turismo internacional, la prostitución rebrotó hasta la actualidad. La legislación vigente no tipifica la prostitución como delito pero castiga con confiscación de bienes y hasta 20 años de cárcel el proxenetismo, pornografía, trata de personas y corrupción de menores, que se agravan en casos de ser cometidos por agentes policiales, trabajadores del turismo y la salud, entre otros establecidos.

Faltan cifra oficiales sobre su extensión, aunque en 2013 el gobierno comenzó a emitir un informe anual sobre trata humana con casos relacionados con la prostitución, y el abordar este asunto resulta complejo por los prejuicios morales y divergencias hasta ideológicas que desencadena en este país insular de 11,2 millones de habitantes. Por esa razón, la investigadora Rosa Campoalegre, con estudios sobre el fenómeno en el ámbito familiar y de delincuencia juvenil, resaltó en conversación con IPS “la audacia académica y ciudadana del simposio, al poner estos temas a debate con sus tensiones y diferentes enfoques”.

En una conferencia ovacionada en el encuentro, la experta del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas defendió que las personas en condición de prostitución deben ser atendidas con políticas de cuidados, “lejos de lo penal” y sin volver a victimizarlas. Además, alertó que hoy aparecen nuevas formas de prostitución y se deben actualizar las estrategias de prevención a la cambiante realidad del país.

El cóctel de nuevos escenarios señalados durante el simposio incluye la mayor inserción de Cuba en la economía global, el crecimiento de la propiedad privada y cooperativa, el incremento de las desigualdades sociales y el boom turístico, que al cierre de 2016 alcanzó la cifra récord de cuatro millones de visitantes internacionales. El despegue del turismo, segundo renglón de la deprimida economía cubana, constituye una “amenaza, que también es una oportunidad”, contrapunteó Campoalegre, mientras destacó que esa boyante actividad “no es el único factor” que genera el comercio sexual.
Subrayó que “hay múltiples causas a enfrentar como sociedad”, con respuestas de “estrategias y articulación, además de antídotos como información, educación, fortalecimiento de las familias y empoderamiento de las personas”. La directora del Cenesex, Mariela Castro Espín, revisó en el simposio experiencias como las de Holanda y Bélgica, donde es legal el trabajo sexual. Ambas naciones aplican el enfoque, incluso con partidarios en Cuba, que considera la actividad como un empleo más y el derecho de las personas a ejercerlo con seguridad.

La sexóloga también compartió su visión sobre el caso de Suecia, que fue el primer país del mundo en condenar al cliente que paga por servicios sexuales. Se mostró a favor de aplicar en Cuba esta medida porque “convertirse en mercancía sexual quita derechos a las personas” y se llega a serlo debido a desventajas sociales. Pobreza y otras vulnerabilidades encontró el investigador Rubén Herrera, del cubano Ministerio del Interior, cuando estudió a 82 mujeres que ejercían la prostitución con extranjeros en la capital cubana y sus familias.

Reveló en el simposio que ellas eran jóvenes mayoritariamente mestizas, seguidas por blancas y negras, provenientes de familias disfuncionales y permisivas, que viven en condiciones de hacinamiento y no pueden cubrir las necesidades básicas de alimentación, vestido y calzado. Además, indicó que en ellas se erosionaron los valores. Una de cada tres mujeres se inició en la actividad antes de los 18 años, apuntó Herrera, quien alertó sobre la tendencia al adelanto en la iniciación. Y la mayoría refirió como motivo solucionar carencias materiales, porque cobran entre 50 y 200 dólares, dependiendo del servicio.

“El enfrentamiento al proxenetismo se ha podido incrementar en los últimos años gracias a las denuncias de las mujeres víctimas”, aseveró el experto, que remarcó el carácter prioritario otorgado al asunto por el Estado cubano. “Todo esto es resultado de alguna manera de carencias materiales pero también de información y valores”, declaró a IPS la pedagoga Alicia González. Conminó a la escuela a fortalecer la prevención de “conductas de riesgo como relaciones precoces, no protegidas, sexo grupal y tener relaciones por interés económico”.

Editado por Estrella Gutiérrez

COMCOSUR MUJER Nº 506 – 06.02.17
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3) Marx y la cuestión de la prostitución
Saliha Boussedra *

En oposición a las corrientes "regulacionistas" que defienden la prostitución como un trabajo legal y compatible con el pensamiento de Marx, el análisis de sus escritos revela que para él no existe emancipación posible en la actividad prostitucional.

El regulacionismo sostiene que la actividad ejercida por las prostitutas debe gozar de un reconocimiento oficial con el fin de conseguir su integración en el régimen general de la seguridad social, ya sea como trabajadoras asalariadas o como autónomas. Un sector de la corriente regulacionista reconoce que la prostitución no es la actividad idónea para la auto-realización personal, pero que tampoco es peor que el trabajo de una obrera.

Este razonamiento regulacionista conduce a pensar que la única diferencia entre ambas actividades es que una es legal y la otra no (1). Se recurre asimismo al análisis marxista del trabajo asalariado para afirmar que la prostitución debe ser legalmente reconocida para que las mujeres que la ejercen puedan mejorar sus condiciones en el ejercicio de esa actividad.

Trabajo concreto, trabajo abstracto

El hecho de atribuir a Marx una posición regulacionista se basa en realidad en ciertas confusiones sobre la concepción marxista del trabajo. Para empezar, las corrientes regulacionistas pasan por alto no sólo la dimensión históricamente determinada del modo de producción capitalista, sino también el doble carácter del trabajo en ese modo de producción capitalista. Cuando Marx analiza el trabajo desde un punto de vista antropológico, vemos que es imposible separar la actividad productiva humana tanto de los individuos que la realizan como de los medios de trabajo (herramientas y materiales) como del producto de esa actividad.

Esta dimensión que define el "trabajo concreto" se da en todas la sociedades y en todas las épocas. Sin embargo, Marx nos revela una segunda dimensión del trabajo que es específica del modo de producción capitalista: el "trabajo abstracto". Esta dimensión reduce el trabajo a una mera producción de valor de cambio, independientemente de la actividad, de los medios de producción y de los productos concretos. Dado que el regulacionismo no tiene en cuenta estas distinciones, interpreta a su manera la noción de "trabajo abstracto" para considerar la prostitución como trabajo. El regulacionismo, desde un enfoque impregnado por el modo de producción capitalista, proyecta sobre ciertas relaciones sociales y humanas el punto de vista propio del capital.

Así, a través del concepto marxista de "trabajo abstracto" -aunque sin nombrarlo-, el regulacionismo promociona la mercantilización de una gran cantidad de actividades productivas humanas aún no acaparadas por el capital y reivindica una extensión legal del trabajo abstracto en la que poder incluir la actividad prostitucional, promoviendo ni más ni menos que el mercado regule y se haga cargo de la actividad sexual. En esta batalla, superar el reto del derecho y la legalidad constituye una etapa importante para el capital en su empeño por allanar el camino a esta forma de explotación.

Actividad sexual venal y trabajo abstracto

A propósito de la definición de trabajo abstracto, Marx escribió: «Si prescindimos del carácter determinado de la actividad productiva y, por tanto, del carácter útil del trabajo, vemos que éste queda reducido a un mero gasto de fuerza de trabajo humana. Aunque se trata de dos actividades productivas cualitativamente distintas, el trabajo textil y el de confección son ambos un gasto productivo del cerebro, los músculos, los nervios, las manos, etc., y en este sentido uno y otro son trabajo humano» (El Capital, Libro I).

En ese «etc» es donde el regulacionismo pretende incluir el sexo según la concepción marxista del trabajo abstracto. Una inclusión cuando menos osada. Si ese gran pensador del trabajo que es Marx hubiera tenido que integrar el uso mercantilizado de las partes íntimas del cuerpo, desde luego no lo habría dejado implícito en un «etc.». Abordando ya de manera específica la cuestión de la prostitución, constatamos que la actividad prostitucional -de todos los «trabajos humanos» de los que habla Marx- es la única y exclusiva actividad en la que lo que se vende es precisamente aquello que no se vende en ningún otro trabajo.

Si las personas que trabajan «alquilan su cuerpo» al capitalista (con sus músculos, sus nervios, su cerebro, etc.), la mujer prostituida es la única que autoriza el acceso a las partes íntimas de su cuerpo, excluidas de la venta de la fuerza de trabajo del conjunto de trabajadores y trabajadoras de los que habla Marx. La prostitución es por consiguiente la única actividad en la que el alquiler del cuerpo del individuo incluye una o varias partes del cuerpo cuyo acceso está formalmente prohibido en todos los otros trabajos. Vemos, pues, cómo la prostitución se aparta radicalmente y de manera específica del conjunto de «trabajos humanos» a los que se refiere Marx en el Libro I de El Capital.

Prostitución y lumpenproletariado

Además, el regulacionismo omite mencionar que Marx habló explícitamente de la prostitución. Si en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 parece que Marx no dice nada sobre la cuestión de la prostitución, en otros textos posteriores sí que podemos extraer una posición constante de Marx relativa a esta cuestión. Ya sea en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, en La lucha de clases en Francia o en el Libro I de El Capital, constatamos que la prostitución está sistemáticamente incluida en lo que Marx llama lumpenproletariado.

El lumpenproletariado, según Marx, está constituido por ese proletariado más empobrecido que no posee ya ni la fuerza de trabajo y por individuos desclasados que abandonaron la lucha de clases y dejaron de oponer resistencia. Según Marx, es el enemigo histórico del proletariado, aunque en parte emane de él. El lumpenproletariado se compone generalmente de «una masa claramente desligada del proletariado industrial, una cantera de rateros y delincuentes de todas clases que viven de los despojos de la sociedad, individuos sin profesión fija, vagabundos, gente sin oficio ni beneficio, que difieren según el grado de cultura de la nación a la que pertenecen, pero que nunca reniegan de su carácter de lazzaroni (2)» (La lucha de clases en Francia, K. Marx).

Si las prostitutas forman parte o no de esta categoría de individuos, lo único que podemos decir aquí es que, por una parte, la prostitución no pertenece al registro de la definición «positiva» del trabajo, es decir, no constituye una autorrealización para el ser humano, y por otra parte, se manifiesta como algo «distinto» al proletariado. Tampoco pertenece a la definición «negativa» del trabajo tal como se da bajo la égida del capital (es decir, trabajo pagado por el capital). E incluso aunque Marx conoce formas de prostitución remuneradas por el capital y se puedan asimilar a «trabajo productivo» -como ocurre en los burdeles que Marx evoca a título de ejemplo en Teorías sobre la plusvalía-, no significa que la integre en el dominio del trabajo. Incluso cuando Marx se refiere al "sedimento más bajo" (3) y describe las capas más sometidas de trabajadoras y trabajadores en el Libro I de El Capital, no incluye en ellas la categoría de «prostituta».

A este respecto, conviene leer atentamente el siguiente extracto de La lucha de clases en Francia: «De la corte al oscuro café, tenía lugar la misma prostitución, el mismo descarado engaño, la misma sed de enriquecerse, pero no produciendo, sino haciéndose astutamente con la riqueza ya existente de otros». Marx invoca aquí una sed de enriquecimiento que no tiene nada que ver con la producción, sino con el robo, el engaño, etc., una sed compartida tanto por la alta burguesía como por el lumpenproletariado. Sin embargo, no se puede decir que la prostituta «robe» al cliente ni que el cliente «robe» a la prostituta. Entonces, ¿en qué se basa Marx para hacer esta clasificación?. Se pueden seguir varias pistas para interpretarlo.

Es posible que para Marx la prostitución, como ocurre también con el crimen, sea el grado máximo al que el capital es capaz de reducir la vida humana. Si la prostitución, desde el punto de vista capitalista, puede ser equiparada a la actividad del criminal (del que Marx dice en Teorías sobre la plusvalía que es un «productor» en el sentido que da trabajo a personas del sector de la judicatura, de la cerrajería, de la criminología y del campo de la ciencia, etc.), ambas son actividades en las que el individuo ha aceptado aquello a lo que el capital quiere reducirlo, desposeyéndolo no sólo de las condiciones objetivas que le permiten llevar a cabo su actividad, como ocurre con el proletariado, sino también de todos los elementos que constituyen la base de su «humanidad».

El individuo del lumpenproletariado es, en cierto modo, quien «ha cedido» en su humanidad, quien ha abandonado la lucha y la resistencia en la actividad productiva, «esa tremenda y sin embargo fortalecedora escuela del trabajo» (La Sagrada Familia). Es esa persona que, dispuesta a vender todo de sí misma, se encuentra en «la situación del proletariado arruinado, el último grado en el que cae el proletario y la proletaria que han dejado de resistir a la presión de la burguesía» (La ideología alemana).

De ahí que podamos extraer que no existe, según Marx, ninguna perspectiva de emancipación en la actividad prostitucional y que más bien constituye una ruptura radical del vínculo que une el «organismo vivo» a su componente de resistencia y de «humanidad». Marx conoce perfectamente la violencia de las relaciones de dominación que se ejerce sobre las mujeres prostituidas. Escribe: «La prostitución es una relación que afecta no sólo a la prostituta, sino también al prostituyente, cuya ignominia es todavía mayor» (Manuscritos económicos y filosóficos de 1844). Si Marx sitúa la actividad prostitucional en el lumpenproletariado y no en el proletariado, no significa de ningún modo que condene a las prostitutas, sino al contrario, lo que condena son las actividades insalubres y perjudiciales para las mujeres, al tiempo que trata de que consigan la emancipación de la situación en la que se encuentran.

Una emancipación que irá unida a la abolición mundial de la prostitución, acompañada de medidas sociales y del pleno reconocimiento de las mujeres en el mundo social del trabajo. Y aunque los niños y las niñas formaban parte del proletariado en el siglo XIX, algunas sociedades han sabido resolverlo sin tener que pensar en darles más derechos laborales.

Eligieron, muy al contrario, apartarlos del mundo del trabajo. Prohibición del trabajo infantil y de los «trabajos nocivos para las mujeres» fue lo que Marx defendió en el transcurso de una entrevista para el periódico Chicago Tribune en diciembre de 1878. Si conseguimos abolir el trabajo infantil en el pasado sin reducir la cuestión a una mera ampliación de los «derechos sindicales» para los niños y las niñas, ya es hora de que nuestra sociedad y nuestras luchas consigan los mismos resultados con respecto a la prostitución.

(*) traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com

(1) N. de la T.: El ejercicio de la prostitución en España no es delito. Sí es sancionable si se practica en la vía pública.
(2) N. de la T.: Los lazzaroni eran individuos sin hogar que vivían de la mendicidad en Nápoles. Llamados así por el Hospital de San Lázaro que les servía de albergue. Este fue el sobrenombre que se dio en Italia al lumpenproletariado como sinónimo de desclasados. Los lazzaroni fueron utilizados en reiteradas ocasiones por los medios monárquico-reaccionarios en la lucha contra el pueblo.
(3) N. de la T.: Sedimento que se forma en algunos líquidos.

COMCOSUR MUJER Nº 506 – 06.02.17
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4) Feminismos, jerarquías y contradicciones
Teresa Maldonado (pikaramagazine)

La autora reflexiona, a partir de la tendencia a hablar de ‘los feminismos’ en plural, sobre la confusión que impera acerca de qué es y qué no es feminismo, y las corrientes que se arrogan su patente.

Las controversias en torno al uso del lenguaje (las feministas lo sabemos de sobra) no son triviales, al contrario; como muy bien vio el recientemente fallecido Thomas Szasz, la lucha por el lenguaje es una lucha por el poder. Según él mismo dejó escrito, “en el reino animal la batalla es ‘comer o ser comidos’; en el reino humano, ‘definir o ser definidos’. (…) El primero que toma la palabra impone la realidad al otro. Quien así define domina y vive, y quien es definido es subyugado y puede que muerto”.

Hoy, entre feministas, no se oye hablar prácticamente de ‘feminismo’. Ahora hay que referirse a ‘los feminismos’, en plural, y ese plural se ha convertido en una forma de ortodoxia feminista que ninguna feminista osa cuestionar, hasta el punto de que una oradora en una tribuna feminista puede referirse en la misma frase a “los feminismos y el ecologismo” (sic) o hasta el punto de caer en la contradicción performativa más flagrante. Una contradicción performativa es aquella que se produce cuando el contenido de una afirmación es incompatible con las condiciones necesarias para que tal afirmación se lleve a cabo.

Por ejemplo, si afirmo “he muerto” estoy incurriendo en una contradicción de ese tipo, dado que se supone que para poder hacer esa (u otra) afirmación debo estar viva, es decir; no muerta. Es, por tanto, aquella contradicción que se da entre lo que las lingüistas llaman nivel locucionario y nivel ilocucionario del acto de habla, o sea; en román paladino, entre lo que decimos y lo que hacemos.

Me parece que una contradicción de este tipo es aquella en la que incurren algunas feministas que denuncian la existencia de jerarquías entre feministas, estableciendo a su vez ‘otras’ jerarquías entre ellas que también deberían ser objeto de su denuncia. Hace unos días se generalizó en los muros de Facebook que frecuento una foto de Natalia Andújar, a la que iba asociado este escueto texto entrecomillado (lo que hace suponer que se trata de palabras de su autoría): “Muchas feministas institucionales y mediáticas se han arrogado el derecho a decidir quién es feminista y quién no, cómo deben pensar las mujeres, cómo deben vestirse, cuál ha de ser su agenda política y cómo deben combatir las religiones para, finalmente, entrar en el templo feminista-blanco-burgués”.

No me parece demasiado difícil de percibir que en esta afirmación hay una decisión bastante explícita sobre quién o quiénes son correctamente feministas y quiénes no lo son. Correctamente feministas desde la perspectiva de quien hace la afirmación, claro está. Es decir; es una afirmación que critica el hecho de que se establezcan jerarquías entre feministas buenas y feministas malas y que, a la vez, apunta que hay unas feministas que no son buenas feministas. No ocultaré la sorpresa, primero, y el desasosiego, después, que me produce siempre el gran éxito de público y crítica que suscitan este tipo de afirmaciones en determinados círculos feministas. Apunto solo, sin desarrollarla aquí, mi sospecha de que este éxito está estrechamente relacionado con las reticencias para el reconocimiento de autoridad entre mujeres (y entre feministas), vinculado a su vez con la famosa tiranía de la falta de estructuras en nuestro movimiento (o, si preferís, en nuestros movimientos).

¡Claro que hay muchas y variadas concepciones feministas! Hasta el punto, como decía arriba, de que el feminismo hoy en determinados ámbitos solo se enuncia en plural. Y claro que todas las feministas nos sentimos más cercanas de unos planteamientos feministas que de otros. Lo mismo podríamos decir sobre nuestras simpatías con los diversos ‘ecologismos’ o ‘anticapitalismos’ (es evidente que es mucho menos habitual usar el plural en estos casos. Supongo que nadie pensará que es casual). El intenso debate entre diversos planteamientos feministas es la marca de la casa de un movimiento que, ya desde hace tiempo, se dedica más a la discusión interna que a la refutación de los planteamientos antifeministas. Bienvenido sea siempre el debate.

Lo que no se entiende es esa necesidad de tener que marcar constantemente el territorio para que quede claro que una (la que habla, ‘el sujeto de la enunciación’ que llaman lxs pedantes) es la que está en la posición correcta… ¡a la vez que se pretende criticar que se establezcan posiciones correctas! Me parece evidente, por otro lado, que no puede dejar de haber una mínima definición de feminismo. Los comentarios a la imagen y al texto de Facebook a los que me he referido antes incluían de todo: desde quien le daba la razón afirmando que “hay feministas que pareciera que compraron la patente” a quien decía que “queda claro: se puede ser femenina y feminista” o que “se puede estar a favor de una causa común y pertenecer a ideologías políticas, religiosas, morales y sociales diferentes.

Eso no nos hace menos feministas”. No seré yo quien diga a quién corresponde establecer “quién es feminista y quién no”. No creo tampoco que ninguna feminista haya pretendido nunca detallar “cómo deben pensar las mujeres”, ni “cuál ha de ser su agenda política”. Ahí tenemos el ejemplo de Clara Campoamor -supongo que todas las feministas actuales la tendremos por pionera-, que en su lucha por el derecho al voto para las mujeres no aceptó como pertinente el ‘argumento’ en su contra de que las mujeres votarían masivamente a la derecha antifeminista, como por otro lado hicieron.

Pero que no prejuzguemos el uso que las mujeres hagan/hagamos de la libertad que reclamamos, ¿significa que ‘cualquier’ forma de pensamiento o ‘cualquier’ agenda política pueda ser tenida por feminista o nos tenga que parecer bien obligatoriamente? La idea de que el feminismo puede estar adherido a cualquier planteamiento político es recurrentemente repetida en algunos foros. “El verdadero feminismo abarca a todas las mujeres. No es el producto de una ideología política. Abarca a mujeres conservadoras y libertarias, así como a las liberales y a las socialistas. Tiene connotaciones políticas, pero no aquellas que están siendo promovidas”, se afirma en una de las webs a las que se accede tecleando en un buscador de Internet ‘verdadero feminismo’. No me negaréis que el lío es de campeonato.

Aunque hasta hace poco no dudábamos en incluir al feminismo entre las propuestas políticas críticas, progresistas, de izquierdas, tendríamos que discutir hasta qué punto es posible y/o existe hoy un feminismo conservador. Yo ya tiendo, abatida, a pensar cada vez más que, efectivamente, lo hay.

Sin embargo, sin tener claro que exista un pensamiento feminista conservador, lo que sí afirmo con rotundidad es que no ‘todo’ pensamiento conservador sobre las mujeres es, desde luego, pensamiento feminista conservador (en el caso, ya digo, de que haya tal). ¿Me convierte eso en una feminista que pretende tener la patente? Yo creo que no. Desde luego, no tengo la definición definitiva y, mucho menos, pretendo dar con una que me incluya a mí y a mis amigas, dejando fuera a las que no son de mi cuerda (de hecho, más que dar con la definición última de feminismo, algunas procuramos, en todo caso, ir adjetivando con nuestra práctica cómo es el feminismo que defendemos).

Por supuesto que toda delimitación supone crear un ‘exterior constitutivo’, como gustan decir las derridianas, definir algo es diferenciarlo del resto. Sin una mínima definición de feminismo que excluya aquello que no lo es, tenemos un problema… La descalificación de las feministas como ‘feminazis’ no es el único ataque que sufrimos (ni desde luego, me temo, el más eficaz). Me he referido en alguna ocasión a lo que me parece una nueva maniobra antifeminista.

Creo que una de las estrategias antifeministas más eficaces, decía entonces y repito ahora, consiste en presentar al feminismo no como el monstruo a batir, sino en postularse a sí mismos como cruzados del ‘verdadero feminismo’ (tergiversándolo todo en un ‘totum revolutum’ sin precedentes). Esta forma de reacción antifeminista no deja de representar una cierta victoria del propio feminismo: ya no les resulta rentable oponerse frontalmente a él, porque eso les acarrearía un considerable descrédito social. Es ridículo dudar de los logros del feminismo en los dos últimos siglos y pico -aunque cuesta todavía que aparezca con el debido reconocimiento en los libros de historia- o discutir la legitimidad de la causa de la lucha de las mujeres por nuestros derechos, cosas de las que quienes utilizan el término ‘feminazis’, más torpes, no se han percatado todavía.

Sin embargo, o ponemos un poco de orden en este barullo o va a acabar siendo el próximo Papa quien delimite el perímetro acerca de lo que es feminismo. Así se expresaba, por cierto, el mediático Juan Pablo II: “Cuando he hablado de feminismo auténtico he querido referirme a todo aquello que supone servir a la causa de la mujer. Pienso que en el camino del feminismo se han atravesado otras reivindicaciones (la revolución sexual, el miedo demográfico) que han terminado por desviar el movimiento para la liberación de la mujer de sus verdaderos fines. Por eso, considero que el verdadero feminismo tiene todavía muchos objetivos que alcanzar. Son aún frecuentes las situaciones degradantes para la mujer, que han de ser modificadas: violencia -en el ámbito social y en el ámbito doméstico-, discriminación en el acceso a la educación y a la cultura, situaciones de dominación o falta de respeto.

El núcleo del verdadero feminismo es, como resulta obvio, la progresiva toma de conciencia de la dignidad de la mujer. Muy distinto es, en cambio, el núcleo de otros feminismos -de ordinario, agresivos-, que lo que pretenden es afirmar que el sexo es antropológicamente y socialmente irrelevante, limitándose su relevancia a lo puramente fisiológico”. Este es un párrafo digno de un pormenorizado análisis textual. Es una estrategia que combina la política de tierra quemada, por un lado, y la reapropiación adulterada de una parte del discurso que se pretende combatir, por otro, y que la derecha antifeminista y antimoderna ha utilizado en otras ocasiones.

El feminismo es bueno, parecen decir -no les queda otro remedio que conceder una parte-, pero hasta ahí. A partir de ahí, el horror. Algo similar a lo que hacen cuando plantean que existe una supuesta laicidad positiva, no agresiva y amable con las religiones vs. lo que llaman laicismo militante inaceptable. Cierto que la tarea de poner un poco de orden en el revoltijo reinante respecto al feminismo es hoy más difícil que nunca porque, en este mundo posmoderno en el que nos ha tocado vivir, la paradoja ha sido elevada a categoría que se repite con inaudita frecuencia. Tanta, que llega incluso a perder su carácter paradójico. Todo, absolutamente todo y su contrario, es posible.

He aquí algunas ex-paradojas: hoy tenemos religión para ateos, como reza el título de un libro de Alain de Botton; una monja como Teresa Forcades (benedictina, doctora en medicina y en teología, defensora del derecho al aborto y del matrimonio homosexual, entre otras muchas cosas); una militar en la portada de Interviú mostrando sus tetas para reivindicar sus derechos como mujer en la Armada española; un simposio de Teología Queer, como el celebrado en San José, Costa Rica, en agosto del pasado año; (¿presuntos?) grupos de feministas ‘pro-vida’ (en realidad, antielección)…

¿Quién da más? ¿Qué hubiéramos dicho hace 20 años si nos hubieran hablado de cualquiera de estas combinaciones? ¿No las hubiéramos tenido directamente por autocontradictorias e imposibles? Se acabó aquel mundo, si es que alguna vez lo hubo, en el que una raya delimitaba con claridad dónde estábamos, desde qué lugar (medianamente estable) nos pronunciábamos. Los contornos se desdibujan, la experiencia de la modernidad tardía hace que “todo lo sólido se desvanezca en el aire”, como ya decía Marx. Mil líneas nos dividen, nos fragmentan y nos enfrentan a la vez que nos agrupan en alianzas insospechadas y cambiantes, según la lucha en cuestión, el tema debatido, el momento o la circunstancia.

De acuerdo. Vale. Pero hay cosas que no tienen vuelta de hoja.

COMCOSUR MUJER Nº 506 – 06.02.17
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5) El papel de los hombres en la lucha feminista
Macarena Neva Delgado (TribunaFeminista)

“Debemos evitar apropiarnos de la lucha relativa a las cuestiones de género. Siempre debemos ser conscientes de ello. La tentación existe debido a la tendencia dominante de los hombres. Debemos mantenernos vigilantes y recordar que ésta es una lucha que tienen que liderar las mujeres” Mbuyiselo Botha, Foro de hombres sudafricanos

Aunque el movimiento de hombres por la igualdad surgió en los años 70 en los países nórdicos, en España no es hasta los años 80 que se empieza a visibilizar este movimiento, cuya entrada en escena ha provocado diferentes reacciones. Según señala Luis Bonino: “son acusados por otros hombres de promover la cultura del hombre “blando”, emprender cruzadas junto al feminismo contra la masculinidad, promover el culto a la emoción e impulsar el fracaso masculino”.

Tampoco gozan de la confianza de algunas mujeres feministas que lo ven como unos “infiltrados” dentro del movimiento, dudando de sus intenciones al creer que en realidad les motiva un deseo de seguir manteniendo cuotas de poder, ahora dentro de un marco más igualitario. Todo esto genera un debate que podría definirse en los siguientes términos: Parece obvio y evidente que las mujeres por sí solas no pueden conseguir todos los profundos cambios sociales que requiere la construcción de un mundo igualitario, se precisa para ello de manera inevitable la participación activa de los hombres pero…

¿Cuál es el papel de los hombres en la lucha feminista? ¿Deben hacerlo integrados dentro de los movimientos feministas liderados por mujeres o deben hacerlo desde fuera?. Quizás para ayudar a responder a la pregunta, sería bueno recordar QUÉ es el patriarcado, a QUIÉN (o quienes) afecta, y CÓMO combatirlo.

Gerda Lerner (1986) define el patriarcado como: “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”. Se trata de un orden culturalmente establecido que otorga poder y privilegios a los hombres discriminando de esta forma a las mujeres. Las maneras en que el patriarcado se manifiesta son distintas para distintas sociedades y van cambiando a lo largo de la historia.

Estas podrían ser algunas de las características con las que se presentan en la actualidad y que nos podrían ayudar a definirlo. En el Patriarcado, las mujeres:

1- Carecen de autonomía económica debido a que sus ingresos, o no existen, o son bajos al realizar trabajos precarios, inestables o a tiempo parcial. Para las mujeres se reservan los puestos de «bajo perfil» o de «perfil asistencial» .
2- Cargan con todo o a la mayor parte del trabajo no remunerado (trabajo doméstico y cuidado de personas).
3- Tienen expectativas más bajas en el mundo laboral al entenderse que son ellas las que deben asumir el cuidado de hijos e hijas y del hogar.
4- Quedan fuera (o son minoría) de los altos cargos y de toma de decisiones, tanto en empresas privadas como en instituciones públicas.
5- Sufren violencia tanto dentro como fuera del espacio doméstico (violaciones, ablaciones, asesinatos, trata, acoso…).
6- Son moldeadas bajo un patrón cultural impregnado de valores tales como: sensibilidad, ternura, belleza, debilidad, pasividad… lo que les lleva a crear relaciones de dependencia y sumisión hacia el hombre.

El sistema patriarcal asegura la transmisión de este orden desigual de generación en generación a través de usos, costumbres, tradiciones, normas familiares, prejuicios y hábitos sociales que aprendemos a través de un sutil pero eficaz proceso de socialización. Esta situación hace nacer entre las mujeres un sentimiento de pertenencia a un grupo social discriminado que las lleva a movilizarse para luchar contra este gran gigante opresor que es el patriarcado, una lucha en la que asumen de manera responsable un papel protagonista, como protagonistas han sido y lo son todos los colectivos oprimidos, humillados, vejados y sometidos.

Del mismo modo que son los homosexuales los que lideran la lucha contra la homofobia o la raza negra contra el racismo, puesto que es dentro del mismo seno de cualquier colectivo discriminado de donde nacen sus protagonistas, quienes tienen la autoridad moral para liderar su lucha y decidir la forma y el modo en que quieren ser liberadas. En este contexto reivindicativo se reconoce el papel primordial y necesario del hombre como compañero de lucha.

Sin embargo, debe ser entendido que se trata de un papel de acompañamiento, solidaridad, apoyo y complicidad que le permita reconocer siempre el papel protagonista de las mujeres y cuyo papel activo consiste en asumir y propagar un discurso que llegue al corazón de otros hombres. Dice Rubén Sánchez, psicólogo, formador y activista feminista: “La lucha feminista debe estar dirigida por las mujeres, y yo sólo me empecé a denominar feminista cuando mis compañeras me reconocían de este modo”.

O como diría Alexander Ceciliasson cuando hace referencia al papel de los hombres en la lucha feminista: “…Uno, retroceder y callarnos y, dos, hablar con otros hombres”.

En este sentido se podría esperar de ellos que:

–Rechacen todo tipo de violencia que sufren las mujeres y solidarizarse con sus víctimas. “La alianza de los hombres con los grupos que se oponen a la violencia contra la mujer reviste una importancia crucial y constituye una demostración patente y práctica del interés común entre hombres y mujeres por detener la violencia”. Michael Flood.

-Se posicionen públicamente contra la discriminación histórica que han ejercido los hombres sobre las mujeres. “… nuestra liberación como hombres sudafricanos negros es inseparable de la liberación total de las mujeres en este país. Resultaría hipócrita hablar de la liberación cuando sabemos que una gran parte de la sociedad sigue estando sometida” Mbuyiselo Botha, del Foro de hombres Sudafricanos

–Apoyen las reivindicaciones de las mujeres a favor de sus derechos personales, laborales, sociales y políticos. “Compañeras, no habrá revolución verdadera hasta que no se libere a la mujer”. Thomas Sankara. Presidente de Burkina Faso (1983-1987)

–Reconozcan al sistema patriarcal como un sistema opresor que discrimina a las mujeres y favorece a los hombres. “Lo que los hombres necesitamos hacer no es centrarnos en el hecho de que las mujeres tienen menos posibilidades, sino en el hecho de que nosotros tenemos más. Tenemos tantas posibilidades que tenemos extraposibilidades. Hemos conseguido demasiadas posibilidades a través de robárselas a otras personas.” (Alexander Ceciliasson).

El sistema patriarcal, no sólo afecta a las mujeres, sino que, aunque de distinta manera, y en menor intensidad, afecta también a los hombres, en tanto que son muchos los que no se identifican con el modelo estereotipado, cerrado y encorsetado que propaga el patriarcado respecto a cómo deben comportarse dentro de este sistema opresor o las expectativas que de ellos se espera en el ejercicio de su masculinidad, basado en los valores de poder, fuerza, valentía, atrevimiento, exigencia, competencia, rivalidad e imposición. Un modelo este de persona en el que lo afectivo-emocional está devaluado y donde lo político-social sobredimensionado.

Nos encontramos pues con un colectivo de hombres que reaccionan ante el efecto pernicioso que el patriarcado ejerce también sobre ellos, y la discriminación que sufren al no reconocerse en el modelo de hombre tradicional establecido. Hombres unidos por una causa común: La construcción de nuevas masculinidades, lucha en la que ellos, y ahora sí, son sus primeros y únicos protagonistas, dado que es en ellos donde radica la voluntad de transformación.

El papel responsable que se espera de los hombres en este sentido es el de comprometerse de manera activa, rompiendo con el modelo tradicional masculino y construyendo nuevos valores y referentes de masculinidad, positivos, respetuosos, solidarios, igualitarios y más libres, asumiendo esta tarea de manera individual y colectiva.

Es prioritario tomar conciencia de que el modelo masculino basado en la superioridad, el desafecto, la represión de las emociones, la imposición de la fuerza, la competencia y la violencia, deshumaniza y empobrece a los hombres al tiempo que subordina y discrimina a las mujeres. Un compromiso que les lleve a no reproducir el sexismo en sus vidas, que pase por la de-construcción del hombre patriarcal dominante y la transformación en otro modelo social más justo e igualitario.

De manera que, respondiendo a la pregunta de la que partíamos, y a modo de conclusión podríamos decir que el papel de los hombres en la lucha feminista es vital y primordial, sin su colaboración es del todo imposible alcanzar la meta de un mundo igualitario. Esta contribución a la causa feminista vendría definida, de un lado, por el trabajo cómplice codo a codo en el seno de organizaciones lideradas por mujeres dando muestras de apoyo, dando aliento, acompañando, secundando y denunciando al sistema patriarcal como origen de todos las formas de discriminación que viven las mujeres, y colaborar, implicándose, en la tarea de su visibilización y empoderamiento.

Al mismo tiempo, y de manera simultánea, se precisa de un trabajo activo en el seno de organizaciones de hombres donde protagonizar y liderar un compromiso individual y colectivo encaminado a la construcción de nuevas masculinidades definidas por los valores universales de justicia, solidaridad, diálogo, colaboración, tolerancia, comprensión, ternura, cariño y todos aquellos que permitan a mujeres y hombres disfrutar de los mismos derechos y ejercer las mismas obligaciones.

Crear un espacio de debate y reflexión interna encaminada a encontrar las maneras y modos de contribuir a la tarea igualitaria tal y como llevan haciendo las mujeres desde tiempo inmemorial.

Si (y solo si) esto es así, COMPAÑERO, NO NOS MIRES, ÚNETE

COMCOSUR MUJER Nº 506 – 06.02.17
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“El perdón no se puede lanzar al aire, a ver si cae en la cabeza de quien corresponde” – Luis Pérez Aguirre
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